Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

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Cuando se habla de la industria del cuidado personal y la belleza, hay quienes siguen pensando que solo se basa en la comercialización de productos simples acompañados por mucho márketing aspiracional. Sin embargo, la realidad nos demuestra que la cosmética moderna actual está fundamentada en la investigación científica y el desarrollo tecnológico. Y es que, en lugar de centrarse en la estética superficial, detrás hay un gran despliegue con mucho rigor, de gran complejidad y a escala mundial.
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Si a esto le sumamos los factores climáticos propios de esta parte del mundo, este centro de investigación se convierte en un laboratorio de pruebas ideal.
Los diversos cambios que está atravesando el planeta empujan a que desarrollos o tecnologías que dábamos por sentadas tengan que seguir siendo reinventadas. Es el caso de los protectores solares. Por ejemplo, en ese campo la investigación ya no se centra en la protección contra la radiación ultravioleta o la luz solar en general, sino que incluye los efectos dañinos que la contaminación y otros factores ambientales no genéticos tiene sobre nuestra piel.

El centro de investigación de L’Oréal en Río de Janeiro es el único complejo de investigación capilar de toda la empresa. FOTO: Grupo L’Oréal
/ Philippe GOTTELAND
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Pero a la innovación y el desarrollo, la empresa suma un estricto sentido de la seguridad y de la ética. Esto abrió, hace varias décadas, otro desafío para L’Oréal: terminar con el uso de animales para testeos. Esto trajo como consecuencia la creación de Episkin.

Cuadro con el detalle de las diferentes bandas de la radiación solar. Fuente: Grupo L’Oréal,
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“Nuestra misión es producir tejidos humanos reconstruidos en el laboratorio, que sirven como alternativa a las pruebas en animales. De esa manera podemos hacer ciencia de una manera más ética y también más precisa, porque la fisiología de los animales es bastante diferente a la de los humanos”, indica a El Comercio Vanja Dakic, directora general de Episkin Brasil.

Las células cultivadas son colocadas en incubadoras, alimentadas con nutrientes, proteínas y colágeno para facilitar su multiplicación. FOTO: Grupo L’Oréal
/ Philippe GOTTELAND
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La especialista comenta que la primera piel hecha en laboratorio la fabricaron en 1979 y diez años después ya estaban listos para evaluar la seguridad y eficacia sin necesidad de utilizar animales. “El volumen de conocimiento acumulado desde entonces es muy grande. Hemos inspirado a otras industrias a realizar las pruebas de seguridad de una manera similar, haciendo una ciencia más ética”, agrega.


