Si las Eliminatorias rumbo al Mundial 2030 comenzaran mañana y la selección peruana tuviera que recibir a Argentina, Brasil o cualquier otra potencia sudamericana en Cusco o Puno, Mano Menezes tendría que resolver un problema que va más allá del dibujo táctico: quiénes están preparados para jugar en altura.
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La defensa también ofrece alternativas. Matías Lazo, de 23 años, suma 20 partidos esta temporada, con un promedio de 84 minutos por encuentro. Tiene 24 intercepciones, 56 balones recuperados y 58 despejes. Pero hay un dato particularmente interesante para un equipo que pretenda salir jugando: 95% de precisión en pases en campo propio y 79% en campo contrario.
Su compañero Matías Zegarra, de apenas 19 años, es todavía más ofensivo. En 21 partidos registra tres goles y cuatro asistencias, además de 29 intercepciones y 58 recuperaciones. Zegarra ya debutó con la selección mayor y sabe lo que significa entrar en un grupo con futbolistas de mayor recorrido.
“Desde que llegué, me han hecho sentir parte del grupo. Escucho mucho a los más experimentados porque tienen bastante experiencia y siempre aportan cosas positivas”, contó el defensor.
Su juventud puede jugar a favor. En un proceso que recién comienza, tener jugadores capaces de conocer la altura y, al mismo tiempo, proyectarse hacia el futuro resulta especialmente atractivo.

La selección bicolor buscará un triunfo para cerrar el año en el duelo Chile vs Perú (Crédito: Alamy Stock Photo),.
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Si Perú decide jugar en Cusco, hay un club que difícilmente podrá ser ignorado: Cienciano. El ‘Papá’ está protagonizando una gran campaña internacional y varios de sus futbolistas han adquirido una experiencia competitiva que podría ser aprovechada por la selección.
Gerson Barreto es uno de ellos. El volante de 31 años ha disputado 10 partidos, con 76 minutos de promedio, nueve intercepciones y 39 balones recuperados. Es el tipo de mediocampista que puede darle equilibrio a un equipo que necesite correr más, presionar y disputar segundas pelotas.
Alejandro Hohberg, en cambio, ofrece otra cosa. A sus 34 años suma 11 goles y cinco asistencias en 21 partidos. Ha realizado 86 disparos, 35 de ellos a portería, y registra nueve ocasiones claras creadas. Además, mantiene una precisión de 93% en pases en campo propio. Su experiencia y capacidad para aparecer cerca del área lo convierten en una alternativa distinta.
Hay dos nombres que tampoco deberían perderse de vista. Jhonny Vidales, de Deportivo Garcilaso, tiene 34 años y una estadística que habla por sí sola: 11 goles y una asistencia en 22 partidos. Además, es el único futbolista de esta lista que ha sido incluido dos veces en el once ideal de una fecha del Clausura.
Beto da Silva, compañero suyo en Garcilaso, suma ocho goles y tres asistencias en 21 encuentros. No tiene la producción de Vidales, pero sus números muestran regularidad: 35 disparos, 14 a portería y una precisión de 76% en campo contrario. En una convocatoria amplia, ambos podrían competir por un lugar.
Y luego está Jesús Pretell. No juega en Perú, pero sí vive una experiencia que podría ser especialmente útil para Menezes: juega en la altura de Quito con LDU. El volante de 27 años suma 23 partidos, 92 balones recuperados, 18 intercepciones y 20 despejes, además de una precisión de 82% en pases en campo contrario.
No es un jugador que necesite aprender qué significa jugar en altura. Ya lo hace de manera habitual. Por eso su candidatura tiene un valor diferente.
No se trata de hacer una selección de altura. La clave está justamente ahí. Perú no debería convocar futbolistas únicamente porque juegan a 3.000 metros. La altura no reemplaza al talento ni al nivel competitivo. Pero si Cusco y Puno terminan siendo sedes para algunos partidos de las próximas Eliminatorias, la planificación puede cambiar.
Menezes podría tener una lista más extensa y elegir perfiles específicos según el rival. Un arquero acostumbrado a la altura. Un defensor que conozca los tiempos del juego. Un volante capaz de sostener el esfuerzo. Un extremo o delantero que llegue con ritmo y confianza.
El propio proceso de Menezes apunta a construir una selección competitiva y sostenible, combinando experiencia y juventud. Y en un país como Perú, esa construcción tiene una ventaja que pocos pueden aprovechar: la altura está en casa. La cuestión será saber utilizarla.
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