Hace una semana, sostuve que los principales escollos del Ejecutivo no se encontrarán, necesariamente, en la acera del frente (que la oposición debería ocupar), sino en campo propio. Los hechos recientes han aportado sustento a esta afirmación.
María Pía Palacios ofrece una buena reseña de la semana (El Comercio, 9/9/2026). En esta, expone los conflictos de intereses en que estuvieron involucrados dos ministros de sectores relevantes: Rafael Belaunde (Mindef) y José Antonio Chang (Minedu).
Si bien se trata de cuestiones intrascendentes, obligaron a los titulares de dichas carteras a responder sobre estas en relación con su gestión. Esto, obviamente, los distrae de los temas a los que deberían estar abocados.
En el caso de Belaunde, llueve sobre mojado, debido a sus recurrentes dislates. El más reciente: referirse al aparente interrogatorio a los acusados de participar en la sonada acción criminal en Trujillo como si se tratase de un triaje, propio de cualquier centro médico.
“Mi motivación era ver la condición de salud, el estado físico de los detenidos, nada más que eso” (Andina, 6/9/2026). Si se consideran otros dos incidentes, anecdóticos en cualquier otra circunstancia, el panorama pinta desconcertante para una gestión que, por la urgencia de los acontecimientos, debería entregar orden.
Los sucesos en cuestión son el insólito desenlace de la entrevista realizada por Albina Ruiz al general PNP Víctor Revoredo, cuando este último decidió abandonar el set (y una incómoda pregunta) alegando una aparente urgencia (“Al día con Willax”, 8/8/2026), y la procaz queja del ministro del Interior César Astudillo –creyéndose no escuchado– de la copiosa lectura que debía hacer en una sesión del Congreso.
En cuanto a Chang, el oficialismo dio el caso por terminado cuando la excongresista involucrada puso su cargo a disposición y se aceptó su renuncia. Sin embargo, el ‘impasse’ generó especulaciones que movieron la brújula de lo urgente: los resultados PISA, por ejemplo. Además, generó una presión mediática, a todas luces, innecesaria.
Para más inri, desde Torre Tagle se realizan los legales nombramientos de embajadores políticos, que ya generan reacciones de diversa índole. En algunos casos, la crítica es injusta; en otros, justificada. En pocos casos, hay acuerdo. No obstante, debe decirse que son un legítimo recurso del gobierno.
Anteriormente, otros nombramientos generaron polémica en su momento, como el de la embajadora en París que colocó Ollanta Humala o aquellos ligados a Perú Libre, que quiso nombrar Pedro Castillo. También están los que fueron gratamente recibidos, como el de Hugo Otero en Santiago, durante la gestión García, o el de Carmen Mc Evoy, primera representación peruana en Irlanda, durante el gobierno de PPK.
Como sea, sabemos que son nombramientos que no dejarán indiferentes a muchos. En todo caso, lo que está por verse en las semanas siguientes es si el gobierno persistirá en ser su principal escollo.

