Vuelve cada cierto tiempo al Perú para cumplir actividades académicas y familiares. Esta vez lo sorprendió la lluvia. “No veía algo así en Lima desde los años 70”, me dice, apenas nos vemos en el lobby de un hotel de San Isidro. Alberto Cordero Lecca ha dedicado su vida a defender, con agudeza, la validez de la ciencia y la filosofía, sobre todo en una época marcada por posmodernismos o pensamientos totalitarios, o por la devaluación de la idea de verdad. Es uno de los últimos herederos de una generación brillante de filósofos latinoamericanos como Mario Bunge, David Sobrevilla y Francisco Miró Quesada Cantuarias.
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— ¿A qué se refiere?
En la mayoría de las aplicaciones que la gente usa, el modo de operación busca satisfacer al usuario, pero ese no es el único uso. Hay la posibilidad de que también estos algoritmos puedan tener otras agendas, ajenas a las del usuario. En esos casos el peligro es enorme, porque estos datos van a centros que no representan los intereses de la sociedad, sino intereses privados. Lo hacen compañías como las que nos dan servicio de Internet o compras en línea, y todo esto lleva a que, al conocerse el perfil de las personas, puedan agruparlas automáticamente en grupos y se les manipule. También es peligroso el hecho de que un sistema externo tenga una idea más clara de las tendencias y usos de los usuarios más que ellos mismos.
— ¿Eso nos acerca a las ficciones distópicas, donde el ser humano termina siendo controlado por máquinas?
Es una posibilidad. Otro de los peligros reales es que la inteligencia artificial se autonomice y vaya por su cuenta, pero todas estas son posibilidades.
«La idea de posverdad surge cuando hay una aceptación de que la verdad absoluta no es asequible a nosotros».
— En medio de este avance de la tecnología vemos un retroceso en el estudio de las humanidades en aras de una productividad inmediata…
Lo que ocurre es complejísimo. Una dimensión que no mencionamos es que esas tendencias a monetizar la vida no parten de los individuos. En muchos países, incluido el nuestro, se ha perdido casi por completo la dimensión de mercado y de libertad económica dentro de un marco social. En segundo lugar, a nivel de los individuos, lo que tenemos es una población anestesiada por los instrumentos de estos sistemas. ¿Cómo funciona? Lo puedes ver a diario: la gente va caminando y no puede dejar de ver sus mensajes en el celular, que por lo general son tonterías. Aunque actualmente haya más oportunidades de reflexionar que nunca, además de acceso a información de calidad, sin embargo estamos dopados en un hedonismo autocomplaciente y ensimismado.
— ¿Y qué podemos hacer ahora frente a la posverdad?
La idea de posverdad surge en un contexto en el cual hay una aceptación de que la verdad absoluta no es asequible a nosotros. Pero esa es la verdad absoluta, que ya no admite duda. La ciencia nos permite desarrollar conocimientos precisos que, aunque en principio podrían estar equivocados, no tenemos razones específicas para dudar de ellos. Por ejemplo, la molécula de agua es básicamente triangular en las condiciones normales: dos átomos de hidrógeno, el átomo de oxígeno. ¿Eso es una verdad absoluta? No, pero es una afirmación sustentada en prácticas sumamente rigurosas. Entonces, puesto que no tenemos acceso a la verdad absoluta, no tenemos ninguna verdad que valga la pena. Y en ese sentido lo que hay es no verdades, decisiones consensuadas por grupos que, en particular, son grupos de poder.
Además…
A saber
Con maestrías en las universidades de Oxford y Cambridge y un doctorado en Maryland, Cordero desarrolló una larga carrera como profesor en la Universidad de la Ciudad de Nueva York.


