Hay goles que se celebran en la tribuna y otros que se festejan en las oficinas. Universitario todavía intenta encontrar regularidad en el Clausura, pero mientras la pelota rueda entre victorias, derrotas y urgencias, en los despachos de Campo Mar una estadística comienza a llamar la atención: el club crema superó los US$2,5 millones en ingresos por transferencias durante el 2026. No es una cifra menor para una institución que, hace no mucho, veía partir futbolistas sin obtener mayor rédito económico. Hoy la historia es distinta. Entre cláusulas ejecutadas, negociaciones oportunas y una política deportiva que busca proteger el patrimonio del club, la ‘U’ convirtió el mercado de pases en otra fuente de ingresos.
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La primera gran operación del año fue la salida de Rodrigo Ureña. El volante chileno, pieza clave del tricampeonato nacional, recibió una propuesta de Millonarios de Colombia que terminó aceptando luego de semanas de conversaciones. Posteriormente, el propio futbolista reconocería que no era la decisión que más deseaba, pues su intención era seguir en Ate bajo nuevas condiciones contractuales. Finalmente, Universitario optó por aceptar la oferta y recibió US$600 mil por el traspaso.
No todas las negociaciones llegaron a buen puerto. Durante el primer semestre, César Inga estuvo cerca de emigrar a la Major League Soccer. Sin embargo, diferencias entre ADT, dueño de parte de sus derechos, y Universitario terminaron frenando una operación que parecía encaminada y que habría significado otro ingreso importante para las arcas cremas.

César Inga, elegido el mejor jugador Sub 23 en los Premios DT 2025, estuvo cerca de emigrar a la MLS. (Foto: Joel Alonzo)
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Mientras el mundo miraba el Mundial del 2026, la dirigencia crema concretó uno de los movimientos con mayor proyección de los últimos años. Sebastián Osorio, una de las grandes promesas de las divisiones menores, fue transferido al Sporting de Lisboa. Según Transfermarkt, la operación alcanzó los 750 mil euros, aproximadamente US$860 mil, y Universitario volvió a pensar en el futuro: retuvo el 30% del pase para beneficiarse de una eventual transferencia dentro del fútbol europeo.
La tercera gran salida llegó de manera inesperada. José Carabalí, titular indiscutible por la banda izquierda, decidió ejecutar su cláusula de rescisión alegando motivos personales. LDU de Quito pagó US$600 mil para llevarse al ecuatoriano. La historia, sin embargo, tuvo un giro semanas después. Desde Ecuador comenzaron a filtrarse versiones que señalaban que el carrilero no terminaba de adaptarse a su nuevo club tras la salida del entrenador Thiago Nunes, uno de los principales impulsores de su fichaje. Incluso surgieron versiones sobre un posible deseo del futbolista de regresar a Universitario, aunque la operación nunca pasó de comentarios.
La salida de Carabalí, además, dejó al descubierto otra necesidad del plantel. Sin un reemplazante natural para el sector izquierdo y con el irregular momento de César Inga, la dirigencia aceleró la búsqueda de un nuevo lateral extranjero para cerrar definitivamente el mercado.
Así, entre cláusulas ejecutadas, apuestas por juveniles y ventas planificadas, Universitario encontró una manera distinta de crecer. Los US$2,56 millones no solo representan un alivio para las finanzas del club. También reflejan un cambio de enfoque. En Ate ya no solo se piensa en fichar futbolistas para competir cada fin de semana. También se trabaja para convertir ese talento en patrimonio, protegerlo con contratos y negociar desde una posición más fuerte.
Porque en el fútbol moderno los campeonatos siguen definiéndose sobre el césped, pero los proyectos sostenibles también empiezan a construirse en las oficinas. Y en ese partido silencioso, la ‘U’ ya empezó a sumar puntos importantes.
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