Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

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El deterioro del sistema de salud se hizo más evidente en estas últimas semanas. Las deficiencias en la atención y la creciente insatisfacción de los usuarios son algunos de sus síntomas. Abordar una reforma del sector requiere una mejor gobernanza, infraestructura y equipos, y una provisión del servicio eficiente y oportuna en alianza con el sector privado.
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A ello se le suma el desabastecimiento de medicamentos. A junio de 2026, según la Digemid, 19% de los medicamentos vitales y esenciales en los establecimientos públicos de salud se encontraban desabastecidos o con existencias insuficientes. En regiones del oriente, como Loreto y Ucayali, este valor alcanza cerca del 30%.
La precariedad de la infraestructura y equipos agrava estas deficiencias. Según el Minsa, en 2025, el 95% de los establecimientos del primer nivel de atención y 85% de los hospitales presentaban una capacidad instalada inadecuada.

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Estas deficiencias están vinculadas a la gestión de recursos, cuya flexibilidad es cada vez menor, lo que limita el margen para financiar la compra de medicamentos o equipamiento. Así, al 2025, el pago de remuneraciones representa 50% de los recursos de EsSalud, lo que es bastante mayor que en 2021 (40%), y supera al Minsa (43%), que también aumentó con respecto a ese año (30%).
El caso de EsSalud evidencia como mayores recursos no implican necesariamente más servicios. Si bien sus ingresos crecieron 34% en la última década en términos reales, solo el componente remunerativo tuvo un avance similar (33%). Las consultas (21%), horas médicas programadas (20%) y oferta de camas hospitalarias (6%) aumentaron en menor magnitud. Esta brecha también se refleja en el tiempo promedio de espera entre la solicitud de una cita y la atención, que se más que duplicó entre 2019 (10,4 días) y 2025 (25,2), según EsSalud.
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La frecuente rotación de autoridades debilita los equipos técnicos y retrasa decisiones clave. En el último quinquenio, EsSalud tuvo 21 gerentes generales y 14 presidentes ejecutivos, una rotación sin precedentes. En el mismo lapso, el Minsa acumuló ocho ministros, prolongando la inestabilidad observada durante el quinquenio previo a causa de la pandemia.

El deterioro del sistema de salud se hizo más evidente en estas últimas semanas. (Foto: Cesar Von BANCELS / AFP)
/ CESAR VON BANCELS
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La situación del sistema perjudica a la población de menores ingresos. En 2025, más del 30% de las personas de los niveles socioeconómicos más bajos no buscó atención, pese a reportar una enfermedad grave. Ello es mayor en zonas rurales, donde el 42% no se atiende. Entre quienes sí se atienden, en los segmentos de menores ingresos predomina la atención en Minsa o EsSalud; mientras que los de mayores ingresos acceden más a clínicas y farmacias.
Fortalecer la capacidad de atención requiere de una mejora en la disponibilidad de medicamentos. No hacerlo afecta en mayor medida a los más vulnerables, que destinan una mayor proporción de sus ingresos a cubrir gastos en medicinas. Al 2025, el quintil de menores ingresos destinó 11,5% de sus ingresos laborales a medicinas, 8 veces más que el quintil de mayores ingresos (1,4%).
Hay una cartera de 10 proyectos APP de salud en ProInversión por una suma de US$4 mil millones, pero deberían ser más y ejecutarse en el tiempo más breve. Cambiar la situación del sector requiere más que declaratorias de emergencia. No será inmediato, pero un paso importante será dejar claro que el Estado es responsable de garantizar la prestación del servicio de salud, no necesariamente de proveerlo directamente. Ello involucra entonces incorporar prontamente más participación privada.

