Paul Thorndike, experto en marketing y publicidad.
No me escandaliza que una presidenta haga un live para mostrar o agradecer regalos. Eso forma parte de una manera contemporánea de comunicar el poder. Y no tiene ideología: lo hemos visto con Bukele y Milei, pero también, desde la izquierda, con Pedro Sánchez en España o Zohran Mamdani en Nueva York. Políticos muy distintos han entendido que hoy pueden construir una relación mucho más directa, frecuente e informal con los ciudadanos.
Que no lo hayamos visto mucho en el Perú, o que no sea el estilo que algunos analistas consideran “presidencial”, no quiere decir que esté mal. Es una forma de comunicación adaptada a la época en la que vivimos.
Tiene además bastante sentido en el Perú. Más de uno de cada cuatro electores tiene entre 18 y 29 años, y las redes son un espacio importante de información y movilización política juvenil. Si parte del problema es que muchos jóvenes están desencantados o distantes de la política tradicional, la política tiene que ir a buscarlos donde ellos ya están.
El objetivo me parece bastante claro: humanizar el poder, generar empatía y reducir la distancia entre Palacio y la vida cotidiana. Y en el caso particular de Keiko hay otra dimensión: la confianza. El fujimorismo genera adhesiones intensas, pero también enormes niveles de sospecha. Registrar sus viajes y actividades, mostrar dónde está y qué está haciendo puede contribuir a generar cierta trazabilidad pública y reducir el espacio que ocupan rumores o teorías conspirativas.
Ahora, las redes no eliminaron al intermediario: cambiaron al periodista por el algoritmo. Y el algoritmo premia atención, no necesariamente importancia. Un sombrero puede conseguir más engagement que una explicación sobre seguridad ciudadana. El riesgo aparece cuando se comienza a confundir lo que funciona mejor en TikTok con lo que es más importante comunicar desde la Presidencia.
El live de los regalos, por sí solo, no me preocupa. El problema sería que tengamos muchos regalos y pocos resultados. La informalidad puede convivir perfectamente con la gestión y la solemnidad cuando sea necesaria.

