“Si volviera a nacer, escogería a Perú como mi país, al fútbol peruano como profesión y a Alianza Lima como mi equipo”. Teófilo Cubillas lo dijo alguna vez con la naturalidad de quien no necesita explicar demasiado para hablar de sus amores. Perú. El fútbol. Alianza Lima. Tres elecciones que terminaron siendo, en realidad, una sola historia. La del niño que llegó a convertirse en leyenda y que este lunes volvió a caminar por las calles que rodean Matute como si el tiempo no hubiera pasado.
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Teófilo Cubillas firmando el mural con su imagen. (Foto: Jesús Saucedo / GEC)
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La emoción terminó de aparecer cuando unas pequeñas niñas comenzaron a bailar música negra. Cubillas no se quedó mirando. Se sumó al baile. Sonrió. Aplaudió. Por unos instantes, el homenaje dejó de ser una ceremonia y se convirtió en una celebración.
Quizá esa sea la mejor manera de entender al ‘Nene’. No como una estatua. No como una fotografía en blanco y negro. No como un recuerdo detenido en México 70 o Argentina 78. Sino como alguien que todavía puede caminar por Matute, firmar un mural, conversar con los hinchas y bailar con unas niñas en una calle de La Victoria.
Después llegó el momento de develar la estrella con su nombre, cerca de la tribuna Occidente. Allí quedó Cubillas, junto a otras figuras que forman parte del recorrido histórico del Caminito Íntimo. El boulevard ya había incorporado murales y homenajes a distintas generaciones del club, incluyendo a Juan Jayo, José Soto, Jefferson Farfán, Wilmer Aguirre y al histórico tridente Sotil-Cubillas-Cueto.

(Foto: Jesús Saucedo / GEC)
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El ‘Nene’ tomó la palabra y dejó una frase que parecía escrita para ese momento. “Gracias de todo corazón por este honor que hoy me abruma. La vida es un camino largo y cada uno de nosotros, al caminarlo, dejamos huellas. Algunas se borran con el tiempo, otras quedan grabadas para siempre”. La suya quedó grabada hace mucho. En los Mundiales. En la selección. En la memoria de un país. Y, por supuesto, en Alianza Lima.
Por eso la estrella de Cubillas no es solamente un homenaje a un ídolo blanquiazul. Es también una forma de decirle a las nuevas generaciones quién fue aquel hombre que llevó el número 10, que hizo del balón una extensión de su pie derecho y que alguna vez fue señalado por Pelé como su sucesor.
El Caminito Íntimo puede ser una celebración del aliancismo. Pero cuando el nombre de Cubillas aparece en una de sus paredes, la celebración se vuelve mucho más grande. Porque el corazón del ‘Nene’ está en Matute. Pero su historia, hace mucho tiempo, dejó de pertenecer solamente a Alianza. Ahora también pertenece a todos los que alguna vez vieron jugar al más universal de nuestros futbolistas y entendieron que, por un instante, el fútbol peruano podía tocar el cielo.

(Foto: Jesús Saucedo / GEC)
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Y cuando terminó, con esa sonrisa de comercial, fue el turno del hincha que empezó a corear su nombre. “¡Cubillas corazón! ¡Cubillas corazón!”, gritaron. “El corazón del Nene está en Matute”, dijo alguno que le agradeció por los goles, las jugadas y las alegrías.

