En menos de ocho meses, EsSalud pasó por tres presidentes ejecutivos titulares y ahora tiene una cuarta conducción, esta vez interina. Segundo Cecilio Acho Mego, quien inició el 2026 en el cargo, dejó la presidencia el 12 de marzo. Ese mismo día, el Gobierno designó a Luis Rosales Pereda, cuya gestión terminó el 10 de junio por pérdida de confianza. Inmediatamente asumió Jaime Moreno Eustaquio, cuya salida fue dispuesta en agosto. Desde el 9 de agosto, Hilda Sandoval Cornejo ejerce interinamente la Presidencia Ejecutiva. En medio de eso, pacientes pueden esperar hasta 80 días para obtener una cita médica.
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Sin embargo, su permanencia tampoco superó los dos meses. En agosto, el Ejecutivo volvió a cambiar la conducción y encargó interinamente la presidencia a Hilda Sandoval Cornejo, quien asumió la responsabilidad mientras se evalúa quien ocupará el cargo de manera permanente.
La sucesión es especialmente relevante porque EsSalud no enfrenta un problema que pueda resolverse únicamente con una decisión puntual. La reducción de las esperas requiere disponibilidad de especialistas, programación de consultas, capacidad hospitalaria, equipamiento y procesos administrativos que deben mantenerse en el tiempo.

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El exministro de Salud Víctor Zamora consideró que la salida de Jaime Moreno podía cerrar la controversia inmediata, pero advirtió que la solución es provisional. Según señaló, “EsSalud tiene ahora una jefatura formal, pero todavía carece de una conducción estable”. El periodo de Hilda Sandoval, añadió, debería dar paso a una autoridad titular con un mandato de gestión y un plan de transición que protejan la continuidad de los servicios, las compras y las inversiones.
El también exministro Óscar Ugarte, quien además fue gerente central de Operaciones de EsSalud, ha descrito la situación actual como una crisis de gestión. En una entrevista reciente señaló “Se nombran y se quitan presidentes ejecutivos con rapidez y sobre todo, con un criterio político, y eso no le hace bien a la institución” y planteó una reingeniería de la misma.
Las demoras no terminan cuando el paciente consigue una cita
El tiempo entre solicitar una cita y recibir atención —conocido como diferimiento— alcanza un promedio de 23 días en EsSalud a nivel nacional, aunque en regiones suele superar el mes, según datos de 2025 recogidos por Laboratorio ECData de El Comercio. Sin embargo, el promedio nacional oculta diferencias mucho mayores cuando se observa la especialidad médica y la región donde el asegurado busca atención.
En Lima, la espera más alta registrada corresponde a Rehabilitación Pediátrica, con un promedio de 80 días desde que se solicita la cita. Le siguen Alergia, con 52 días; Cardiología Invasiva, con 42 días; y Apoyo al Trasplante, con 38 días. También se registran esperas de 35 días para Urología General y Dermatología, y de 34 días para Endocrinología y Radioterapia.
En Lima, obtener cita en la especialidad de Rehabilitación Pediátrica puede tomar en promedio 80 días desde que se solicita la cita. (Imagen: ESPECIAL ECData ‘Salud en Espera’).
/ Diego Aquino Pedraza
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En Tacna, el mayor tiempo corresponde a Ortopedia y Traumatología, con 66 días de espera. Le siguen Reumatología, con 55 días; Enfermedades Infecciosas y Tropicales y Oncología Médica, con 47 días cada una; y Oftalmología, con 36 días. También se registran 36 días para Anestesia, Analgesia y Reanimación y Cirugía General, mientras que Otorrinolaringología alcanza los 35 días y Psiquiatría, 34 días.
En Junín, conseguir una cita para Cirugía de Tórax y Cardiovascular toma en promedio 60 días, mientras que la espera para Neurocirugía llega a 54 días. También se registran 51 días para Patología Mamaria y 50 días para Tecnólogo Médico en Terapia Ocupacional. La espera alcanza 47 días para Cirugía de Cabeza y Cuello y Maxilofacial y para Tecnólogo Médico en Optometría; 44 días para Hematología Clínica; 43 días para Genética; y 42 días para Neurología.
En Junín, obtener cita en la especialidad de Cirugía de Tórax y Cardiovascular puede tomar en promedio 60 días desde que se solicita la cita. (Imagen: ESPECIAL ECData ‘Salud en Espera’).
/ Diego Aquino Pedraza
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En Piura, la especialidad con mayor espera es Cirugía de Tórax y Cardiovascular, con 54 días. Le siguen Técnico de Enfermería, con 49 días; Cirugía de Cabeza y Cuello y Maxilofacial, con 38 días; Psiquiatría, con 35 días; y Urología General, con 33 días. En Cusco, la espera llega a 49 días para Cirugía de Tórax y Cardiovascular y a 48 días para Neurocirugía, mientras que Cirugía de Cabeza y Cuello y Maxilofacial registra 38 días y Oncología Médica, 33 días.
En Arequipa, los mayores tiempos corresponden a Cirugía de Tórax y Cardiovascular, con 43 días, y Neurocirugía, con 42 días. Ginecología Oncológica alcanza 40 días, Endocrinología Pediátrica 37 días y Nefrología Pediátrica 34 días. También aparecen esperas de 30 días para Medicina Nuclear y Gastroenterología Pediátrica.
Los datos muestran así que la experiencia de un paciente no depende únicamente de cuánto tarda en conseguir una cita. Mientras una persona puede acceder a una consulta en un plazo cercano al promedio, otra puede enfrentar una espera de tres, cuatro o incluso cinco meses dependiendo de dónde se atienda y qué especialidad necesite.
Cuando la espera deja de ser una cifra
Los datos tienen una traducción concreta en los pacientes. El especial “Salud en Espera”, elaborado por Laboratorio ECData de El Comercio, recoge casos de personas que enfrentaron demoras en distintas etapas de su atención.
Uno de los testimonios corresponde a María López, una profesora de Lima con cáncer de mama. Esperó dos meses para realizarse una mamografía debido a que el equipo del hospital no funcionaba. Después de obtener el diagnóstico, también enfrentó la falta de quimioterapia.
Otro caso es el de Eduardo Ramírez, quien llegó a emergencia con apendicitis aguda y necesitaba una operación inmediata. La demora en la atención terminó con la ruptura de su apéndice, tres días en una unidad de cuidados intensivos y una pérdida de ingresos durante su recuperación.
Casos reportados de pacientes que enfrentaron demoras en distintas etapas de su atención. (Imagen: ESPECIAL ECData ‘Salud en Espera’).
/ Diego Aquino Pedraza
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El tercer caso presentado por la investigación es el de Juan Pérez, quien debía madrugar desde las 5 a.m. para intentar conseguir una cita en su centro de salud. Después de dos semanas de espera, llegó al quirófano con una úlcera perforada.
Estos tres casos forman parte del diagnóstico general del sistema sanitario e ilustran cómo los problemas de acceso, capacidad y oportunidad de atención pueden tener consecuencias que van mucho más allá de una demora administrativa.
Así, estos casos muestran que existen redes donde una consulta puede quedar postergada durante meses y desencadenar otros malestares en el proceso que, de haberse atendido a tiempo, no hubieran sucedido.
La sucesión de autoridades no explica por sí sola las listas de espera. Los datos de EsSalud muestran que existen factores estructurales, como la demanda elevada, el déficit de especialistas, la infraestructura insuficiente y problemas en los procesos internos.
Pero la inestabilidad directiva puede afectar la capacidad de una institución para enfrentar esos problemas de manera sostenida. Cada nueva conducción debe definir prioridades, organizar equipos y ejecutar medidas, mientras que las soluciones destinadas a reducir el diferimiento requieren continuidad.
El diagnóstico de Víctor Zamora apunta precisamente en esa dirección. El exministro detalló que EsSalud atraviesa una crisis que se ha agravado por años de inestabilidad y cuestionó que en los últimos años varias gestiones no hayan superado los seis meses, mencionando que “con esa inestabilidad, ningún sistema funciona”.














