`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
En una escalada del enfrentamiento entre Rusia y Occidente, el presidente Vladimir Putin amenazó con represalias a los países que han incautado buques de su “flota fantasma”, un conjunto de embarcaciones con las que ha evadido las sanciones económicas impuestas por las naciones de Occidente tras el inicio de la guerra en Ucrania en febrero del 2022.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Enrique Banús, director del Instituto de Estudios Europeos de la Universidad de Piura, coincide en remarcar la importancia de estas embarcaciones para mantener a flote a Rusia. “La economía rusa, en una parte importante, dependía de la exportación de petróleo y gas y con el embargo ha tenido que buscar otros canales”, señala el experto.
El fenómeno no solo se ha quedado en el plano económico sino que también ha adquirido una dimensión de seguridad, con Banús recordando que algunas de estas embarcaciones han sido señaladas por participar en incidentes que afectaron la infraestructura submarina europea. En algunos casos, los barcos habrían navegado con las anclas desplegadas, provocando daños en cables submarinos de energía y comunicaciones en el mar del Norte.
La dimensión de esta red es considerable, aunque difícil de determinar. Hasta julio del 2026, la Unión Europea ha sancionado unos 671 barcos bajo la sospecha de pertenecer a la flota fantasma rusa, un número casi igualado por el Reino Unido con 621 sanciones. Mientras tanto, el gobierno ucraniano ha contabilizado 1.404 embarcaciones pertenecientes a la flota fantasma rusa, según su página web War Sanctions. Adicionalmente, Francia y Reino Unido han detenido petroleros sospechosos de integrar esta flota, mientras que la Unión Europea ha sancionado a cientos de naves.
El conflicto se ha agudizado porque las autoridades europeas no solo están deteniendo barcos, sino que también han comenzado a contemplar qué hacer con sus cargamentos. La semana pasada Suecia anunció que entregaría a Ucrania un carguero interceptado a comienzos de marzo que, según Kiev, transportaba trigo ucraniano obtenido en territorios ocupados.
Chávez Mazuelos indica que para Moscú este tipo de medidas cruza una “línea roja” y así fueron señaladas por el propio Putin, quien las calificó de “piratería” y “robo” durante el discurso en el que amenazó con represalias a las “naciones hostiles” del Occidente.
La principal incógnita del asunto es si las palabras de Putin constituyen una advertencia destinada a disuadir a Europa o si anticipan una nueva forma de confrontación directa entre Rusia y Occidente.
“Yo no lo descartaría”, considera Chávez Mazuelos sobre el segundo punto, notando las crecientes tensiones en los últimos años entre Rusia y los países europeos, marcadas por incursiones de drones, la caída de misiles rusos en territorio europeo y las sospechas de que Moscú está poniendo a prueba las capacidades occidentales de respuesta ante una eventual confrontación.
La capacidad material también existe. “Tienen una flota importante, tienen capacidad de intervenir barcos”, sostiene el internacionalista. El riesgo adquiere una dimensión particular porque Putin realizó sus declaraciones a bordo del crucero portamisiles Varyag, buque insignia de la Flota del Pacífico, durante unos ejercicios navales en el Extremo Oriente ruso.
El Pacífico presenta, además, condiciones particularmente sensibles, según el experto, ya que allí convergen algunas de las rutas comerciales más importantes del mundo y las economías de China, Japón y Corea del Sur están estrechamente vinculadas con el comercio europeo. Una intervención de buques comerciales en esa región podría tener consecuencias que irían más allá de una disputa entre Rusia y un país europeo, aunque Chávez Mazuelos advierte que es difícil anticipar con certeza cómo podría responder Moscú.

En esta fotografía de pool distribuida por la agencia estatal rusa Sputnik, el almirante Viktor Liina, comandante de la Flota del Pacífico de Rusia, asiste a una reunión presidida por el presidente de Rusia a bordo del crucero lanzamisiles Varyag de la Armada rusa, durante la etapa final de unos ejercicios navales de la Flota del Pacífico en la isla de Sajalín, en el Lejano Oriente, el 12 de agosto de 2026. (Foto de Gavriil Grigorov / POOL / AFP)
/ GAVRIIL GRIGOROV
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Banús ofrece una interpretación algo más cautelosa. A su juicio, la amenaza de Putin podría ser, por ahora, una declaración aislada que busca producir un efecto psicológico. “No se debe cambiar toda una estrategia por una declaración”, sostiene. Para él, primero habría que observar si las palabras del jefe de Estado ruso se traducen en una política concreta o en acciones contra barcos occidentales.
“Me parece significativo que ningún gobierno europeo haya reaccionado, al menos que yo haya visto, y que no haya habido declaraciones. Eso hace pensar que hay que leer las palabras de Putin quizá más en clave interna”, asevera.
El experto remarca que un mensaje siempre tiene dos destinatarios, en este caso tanto los gobiernos extranjeros como el público ruso. En su interpretación, el mandatario busca proyectar ante la población y, especialmente, ante la Marina rusa la imagen de un líder dispuesto a responder con contundencia a esta crisis.
Cualquiera que sea la intención detrás de las amenazas de Putin, Europa ahora enfrenta el dilema de cómo responder a estas, si manteniendo las sanciones actuales, si dando un paso atrás o si intensifica aquellas. También, en caso se decida mantener la confrontación, cómo evitar las represalias rusas.
“Europa ya ha venido fortaleciendo de manera recurrente su régimen de sanciones. Todavía existe espacio para imponer mayores costos a Rusia, pero una cosa es aumentarlos y otra es proteger a los propios barcos europeos ante la posibilidad de que Rusia actúe contra ellos”, explica Chávez Mazuelos.
Una de las posibilidades sería incrementar la presencia de buques militares europeos alrededor de las rutas utilizadas por embarcaciones comerciales. De esta manera, los países occidentales podrían proporcionar una escolta o una capacidad de respuesta ante posibles intentos rusos de inspección o captura.
Otra alternativa , no necesariamente exclusiva con la anterior, sería recurrir a Estados Unidos, ya que la Séptima Flota estadounidense tiene presencia en el Pacífico y podría desempeñar un papel en la protección de las rutas comerciales si Rusia comenzara operaciones contra barcos occidentales en esa región. El experto también plantea que sería importante una coordinación con Japón y Corea del Sur, países con importantes capacidades navales y con fuertes vínculos comerciales con Europa.
En este escenario, la respuesta de Washington sería la gran interrogante, tomando en cuenta el acercamiento que han tenido los otrora rivales durante el actual gobierno de Donald Trump, así como la escasa sintonía del presidente estadounidense con sus aliados europeos.














