Las primeras luces del día mostraron este martes con mayor claridad las heridas que dejó en Cali el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió la víspera la mayor parte de Colombia y causó al menos 169 muertes, 85 de ellas en esta ciudad.
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Los equipos de rescate continúan trabajando contrarreloj. La Policía desplegó un componente especializado en búsqueda y rescate urbano, que se sumó a unidades de Bomberos, Defensa Civil, Cruz Roja y organismos locales.
“Estamos poniendo todas nuestras capacidades institucionales, humanas y técnicas, al servicio de los caleños para proteger la vida y apoyar la superación de esta emergencia”, manifestó el comandante de la Policía Metropolitana de Cali, brigadier general Herbert Benavidez.
En Dagua, municipio situado en la ruta que comunica a Cali con la ciudad portuaria de Buenaventura, la alcaldesa Karol Villarejo informó de cuatro fallecidos, 300 viviendas afectadas, 80 colapsadas y 28 derrumbes. El municipio permanece sin energía y con dificultades de comunicación.
“No tenemos energía, no tenemos señal de celular, la situación es crítica y en el hospital municipal nos ha tocado adecuar un parque aledaño para atender a las personas”, expresó Villarejo.
En Roldanillo, más de 1.000 viviendas resultaron afectadas y dos personas murieron, entre ellas el concejal Juan Carlos García.
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La gobernadora del Valle del Cauca, Dilian Francisca Toro, informó de graves daños en varios municipios del norte del departamento, como El Cairo, El Águila y Argelia.
En El Cairo, según su información, cerca del 80 % de las casas del municipio colapsaron, mientras que los hospitales de El Águila y Argelia sufrieron daños que obligaron a montar otros de campaña.
En Buenaventura, principal puerto del país en el Pacífico, las autoridades preparaban el envío de medicamentos, carpas, alimentos y elementos de aseo para las comunidades afectadas.
Cali volvió a recibir la luz del día, pero no amaneció solamente entre ruinas, amaneció contando a sus muertos, buscando a sus desaparecidos y tratando de entender cómo reconstruir una vida que, en apenas unos minutos, quedó partida entre los escombros.













