Prende su celular. Le aparece un video de un tema que le interesa. Desliza, y sin saberlo, usted ha firmado una sentencia de varias horas frente a la pantalla: mientras veía ese primer contenido, el algoritmo ya le ha preparado veinte o cincuenta videos para las próximas horas de temas que ni buscaba, ni sabía que le interesaban —o, quizás sí reconoció lo que no le interesaba, ni le aportaba— y, aun así, se quedó en el llamado scroll o desplazamiento infinito.
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◉ Mindfulness’ digital: los psicólogos también proponen la regla de las 24 horas: si ve algo que quiere comprar o consumir impulsivamente, espere un día entero para evaluar si realmente lo necesita.
◉ Sustitución física: algo tan simple como volver a usar un reloj de pulsera en lugar de mirar la hora en el celular o preferir los libros físicos a los archivos digitales reduce drásticamente las caídas accidentales en el scroll infinito.
◉ Distancia física estratégica: a veces, la mejor herramienta no es mental, sino de espacio. Dejar el teléfono celular fuera del alcance durante momentos de concentración o descanso es más efectivo que cualquier advertencia en pantalla. Si el teléfono está en otra habitación mientras trabaja o estudia, rompe el hábito automático de “revisión rápida” que, según estudios, ocurre con mucha más frecuencia de la que somos conscientes.
◉ Tiempo en pantalla: desde el menú de ‘Ajustes’ en Android y iOS se puede asignar un tiempo máximo de uso diario para cualquier aplicación.
◉ ‘Focus mode’: seleccionar las aplicaciones que más le quitan tiempo y pausarlas por completo durante horarios específicos, como su jornada laboral o de estudio. Mientras esté activo, no recibirá notificaciones ni podrá entrar a ellas.
◉ El ‘punto de pausa’ de Android 17: es una actualización que introduce un margen de diez segundos de reflexión justo antes de intentar abrir una red social. Esta posibilidad está diseñada para que usted pueda respirar, configurar un temporizador rápido o simplemente decidir no entrar, rompiendo el impulso automático.
◉Modo descanso: permite programar que, a partir de cierta hora, la pantalla cambie a escala de grises, lo que vuelve su celular mucho menos estimulante.
◉ Desactivar la reproducción automática: esta es una acción vital dentro de los ajustes de cada red social (Instagram, YouTube, TikTok). Al desactivarla, el usuario obliga a su cerebro a tomar una decisión consciente: si hacer clic o no, antes de que empiece un video.
◉ Limpiar el algoritmo: puede borrar periódicamente el historial de búsquedas y visualización dentro de las plataformas. Esto ‘resetea’ lo que el algoritmo sabe de su perfil, interrumpe las predicciones tan afinadas y le devuelve un feed menos personalizado y, por tanto, menos ‘enganchador’.
¿Quién le entrega nuestra atención al scrolleo?
El cómplice es el algoritmo de machine learning, una secuencia de instrucciones diseñada no para informarnos, sino para predecir nuestro próximo antojo. Cada segundo que una persona se detiene en un video, cada búsqueda y cada ‘me gusta’ es una lección que le da a la máquina sobre cómo funciona su mente. El problema es que el algoritmo no tiene un sentido moral ni de propósito: su única meta es que usted no se vaya. Por eso, lo que empieza como una búsqueda inocente puede derivar, tres horas después, en una espiral de contenido trágico o irrelevante. Entender que no es usted quien elige el contenido, sino una herramienta matemática que aprende de su debilidad, es el primer paso para recuperar el control de su tiempo.
“El Tiempo” de Colombia, GDA














