En una maratón, todos los corredores se cansan. Eso no se puede evitar. La pregunta real es cuándo llega ese cansancio. Un corredor mal entrenado se quiebra pronto y arrastra horas de dolor. Uno bien entrenado guarda fuerzas, y solo siente el peso de verdad en los últimos metros. Los dos llegan cansados a la meta, pero uno paga ese cansancio mucho más tarde, y por mucho menos tiempo. Con la vejez está pasando algo parecido: no es que la vejez llegue más tarde, es que la parte dura de la misma está llegando más tarde y por consecuencia, es más corta.
Desde 1993, la esperanza de vida de un estadounidense de 66 años subió 2,4 años. Eso ya se sabía. Lo que sorprende es otra cosa: esos años extra se viven sanos, no postrados. El tiempo que una persona mayor pasa en el tramo más duro —enferma, dependiente, sin poder valerse por sí misma— se redujo. Un estudio de Stanford y el MIT comparó, para el mismo grupo de personas mayores entre 1993 y 2017, cuánto subió el gasto en pensiones frente al gasto en salud. Las pensiones subieron 14%. La salud, solo 6%. La brecha no se explica por recortes ni por política pública. Se explica porque hay menos años de enfermedad grave que pagar.
En el Perú discutimos las pensiones y la salud pública como si envejecer fuera, necesariamente, envejecer mal. Pero la esperanza de vida peruana también subió 13 años desde 1980, y el patrón detrás —vivir más, enfermar menos tiempo— no es exclusivo de Estados Unidos. En 1994 el Banco Mundial advirtió sobre una crisis mundial de la vejez que hoy ya afecta a países como Japón y varios otros europeos, los cuáles hoy están bajo presión fiscal real por el envejecimiento.
Sin embargo, lo más preciso sería decir que la advertencia se cumplió de forma desigual, no que fue exagerada en todas partes. En parte, por esto mismo: los cuerpos no envejecen igual que las proyecciones.
El objetivo no es evitar el cansancio de la vejez. Nadie lo evita. El objetivo es llegar a los últimos metros de la carrera de la manera correcta: más sanos, no solo más viejos. No olvidemos para la política pública que en promedio vamos a vivir más y con mejor salud que las generaciones anteriores.