Además de sus controversias, este Mundial tendrá diversos motivos para ser recordado. Si es por contrastes, hablaremos del gigantesco corazón caboverdiano y de la cobardía de Tuchel, fabricante del mayor fracaso de una selección inglesa desde la derrota con Estados Unidos en la Copa del 50. Si son decepciones, en primera fila están Portugal, históricamente incapaz de creer en sí misma, y Brasil, que mostró su costado más insípido de la mano de un crepuscular Carlo Ancelotti.
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Podremos hablar de cómo se han transformado los 9, a partir del todocampismo de Julián Álvarez, o de Harry Kane, la perfecta mezcla de fuerza, elegancia y eficiencia frente al gol. También de los arqueros-líbero, encarnados en Unai Simón, un jugador de campo más de la extremadamente atrevida España, que juega con la defensa parada en la mitad del campo para achicar espacios y ahogar al rival en su propia cancha.
Tendrá su lugar el rotundo fracaso de Francia, demasiado soberbia para reconocerse terrenal cuando Rodri y Lamine la avergonzaron con un tiki taka interminable. Y el fervor de los egipcios, más allá de las maneras de mal perdedor de su entrenador.
Pero por encima de todo, esta Copa la recordaremos por el último baile de Lionel Messi, ese jugador descomunal e indescifrable, a quien hemos tenido el privilegio de disfrutar desde su nacimiento futbolístico.
Alguna vez le preguntaron a Cherquis Bialo, uno de los grandes cronistas argentinos, quién era Maradona. Su respuesta fue que había ocho o nueve Maradonas: El Maradona que jugó al fútbol, el que fue una celebridad, el hijo que murió cuando murieron sus padres, el Maradona padre, el Maradona amigo, el Maradona efectivo, el Maradona fenomenal, el Maradona de frases inolvidables y el de aquellas que es mejor no recordar y el Maradona abyecto. “Era la suma de todos esos hombres. Un genio, una maravilla”.
Y sí, en la cancha Diego era un genio. Sin él, probablemente la Argentina de Bilardo se hubiese regresado en segunda ronda de México. Y en 1990 fue la razón por la que la peor albiceleste que se recuerde llegara a una nueva final, a pesar de jugar medio torneo con una sola pierna.
Pero Messi está en otra órbita. Si alguna vez hubo discusión sobre su grandeza frente a Pelé, Diego o Cruyff, este Mundial ha servido para acabar con cualquier discusión. En cada partido nos ha hecho olvidar que tiene 39 años, una edad en la que un cuerpo que ha soportado mil tacles y zancadillas, no responde de la misma manera a las órdenes del cerebro. Ha participado en la mayoría de los goles de su equipo, como anotador o asistidor, y cuando el peligro acechaba, ha levantado la lanza para llevar a los suyos a la guerra, sin esconder nada.
(L to R) Spain’s defender #04 Eric Garcia, forward #10 Dani Olmo, and Spain’s midfielder #09 Gavi celebrate with the trophy after winning the 2026 World Cup football tournament final match between Spain and Argentina at the New York/New Jersey Stadium in East Rutherford on July 19, 2026. (Photo by FRANCK FIFE / AFP)
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