En algún momento de su adolescencia, Christopher Nolan se preguntó por qué las historias de aventuras no podían contarse con el mismo tamaño de pantalla que esos documentales IMAX que veía en museos de Chicago. Hablamos de ese formato de película con la que se filma. Es el que brinda mejor detalle de imagen y sonido. Ese que deslumbra. Por eso, el sueño de filmar la épica de Homero, “La odisea”, vendría con la decisión de hacerlo con cámaras pensadas para pantallas descomunales. Lo que no suele aparecer en los afiches es que, a partir de ese negativo gigantesco (IMAX), se hicieron muy pocas copias fotográficas en 35 mm (formato analógico) para cines capaces de proyectarlas.
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Juan Mariano Escudero, coordinador de la Unidad Técnica del CCPUCP y responsable de la proyección de “La Odisea” explica que “en el mundo, se está regresando al formato 35mm. “A ciertos directores y al mismo público le gusta percibir el sabor del fílmico que había en las películas de acetato”, agrega. Habla de cineclubes en Miami, Nueva York o París que todavía proyectan en acetato y del gesto del Centro Cultural de conservar su máquina, cuando las cadenas comerciales desmontaron las suyas para instalar sistemas digitales DCP o paquetes de cine digital.
“En el mundo cinematográfico, cuando aparece el formato digital como una posibilidad para filmar y reproducir películas, la industria vio inmediatamente ventajas económicas del formato DCP (Digital Cinema Projector). En primer lugar, es mucho más fácil distribuir un disco duro con la película en varias salas de cine, en vez de distribuir latas de rollos de películas”, explica Escudero.
“Por otro lado, la realización del filme es más barato en digital que en 35 milímetros. El director tenía que, primero, elegir el fabricante del negativo, como Kodak o Fuji. Algunas fotografiaban mejor los oscuros u otras más coloridas. En esa época, el director de fotografía utilizaba su conocimiento para elegir, de acuerdo a la imagen que quería lograr. Ahora, las cámaras graban digitalmente en el disco duro y existen tres marcas importantes en el mercado”, agrega.
El proyector de 35 mm del Centro Cultural de la PUCP se compró en 1992, pero conserva un diseño de máquina que “no tiene cambios desde los años cuarenta”, dice Escudero. Es una caja metálica adaptada con lector Dolby y óptica renovada, donde pervive la misma lógica mecánica que movía las copias de “La marcha de los pingüinos” o los noticieros de posguerra.
“Hay una fortaleza del soporte analógico que tiene que ver con su conservación”, dice Sebastián Pimentel, crítico de cine y coordinador general de la Filmoteca PUCP.
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“Se pensó en un momento que se había superado el formato analógico por el digital, pero no. Como en el caso de la música, el vinilo ahora se valora mucho, porque es otra experiencia sonora. No es un fetiche, sino una experiencia interesante del cine. En el caso del formato analógico, porque se trata de un fotograma (se refiere a la película) que está expuesta al ambiente (polvo, rayaduras por el arrastre de la máquina que proyecta, etc.). Esa imperfección, en realidad, es una cualidad. Algunas películas tienen cierta ondulación… Hay una vida inscrita en esa fragilidad”, expone Pimentel.
“Cuando Nolan promueve en 35 milímetros su película, algo que es un evento cultural y de masas, también está logrando que los los proyectores de cine en formato analógico no se destruyan o descarten, y sigan vivos. No solamente se invita a los espectadores a vivir una experiencia estética diferente, que implica otras texturas de la imagen y otros sonidos, de sumergirte en la película, sino de disfrutar de lo que aparentemente es imperfecto, pero quizá más envolvente”, finaliza.















