Las sorpresas legislativas por lo tanto, dependerán de la desobediencia del senado al espíritu de la ley aprobada por los diputados. Quizá le harán algunas mejoras, cambios y ajustes que provocarán polémicas sobre qué tanto se puede alterar una ley sin quebrar la lógica y la normativa bicameral. Fernando Tincopa, politólogo del Centro Wiñak, me contó que en su grupo han analizado declaraciones de varios parlamentarios electos y encuentran esto: “Hay senadores que se sienten plenipotenciarios del más allá. Me temo que su subestimación del trabajo de los diputados va a ser fuente de muchos problemas”. Ojo, si se agudiza la mutua desobediencia entre las cámaras, el primer perdedor será el diputado.
“Los diputados que tengan éxito serán los que coordinen bien con los senadores de su bancada”, dice Mauricio. En efecto, si no hay ese entendimiento, la bicameralidad será un desmadre. El principio de colaboración bicameral es muy fácil de entender pero contra él complota un hecho que tiene una explicación tan prosaica que hasta da vergüenza hacerla, pero ahí va: Hubo tanta demanda de candidatos para llenar las listas de decenas de partidos, que la búsqueda se concentró en senadores. Se necesitaban en menor cantidad y había más interesados. Las listas de diputados, en cambio, salvo honrosas excepciones, se llenaron con ligereza. Por ejemplo, está el caso extremo de Jacqueline Tapullima, diputada electa por San Martín de Juntos Por el Perú (JP). Un reportaje de “Cuarto Poder” la muestra sin background político, sin haber hecho campaña y, para remate, inscrita con tal apuro que le habrían falsificado su firma y huella dactilar. ¡Y salió elegida!
“En realidad este Congreso no ha hecho una bicameralidad sino una unicameralidad chiquita, concentrando todo en el senado”.
Tincopa me dice: “podemos aseverar que habrá un grado respetable de cohesión en las bancadas de senadores de Ahora Nación [AN] y Partido de Bueno Gobierno [PBG], pero no podemos decir lo mismo de sus diputados”. En AN hay diputados muy populares como Indira Huilca y Harvey Colchado. Y está Jair Manrique que es un político ‘monoagenda’, pues maneja un solo gran tema en especial -la promoción de la tecnología-, en función del que puede establecer pactos y conversaciones con otros. PBG ha compuesto una bancada de senadores sin experiencia política pero con una visión afín del país, que les dará cohesión; pero en diputados su panorama es más ‘random’.
El Partido Obras es el más impredecible. Tincopa me contó que en Wiñak han analizado esa y otras bancadas con dos conceptos, el ‘alineamiento interno’ (cómo se perciben como grupo en función de la ideología, lo social y lo económico) y el seguimiento de liderazgos. “En Obras encontramos debilidad en ambas cosas. No se perciben como un grupo de izquierda, aunque tienen un talante ‘anti gran empresa’. Y el líder y ex candidato presidencial, Ricardo Belmont, se presume que estará distanciado de ellos”, me dice. Es una incógnita si Daniel Barragán, hombre esquivo, secretario general del partido y senador electo, reemplace a Belmont.
AN, en cambio, tendrá a Alfonso López Chau en el senado, fomentando cohesión con su liderazgo presente. Jorge Nieto no es senador pero ha prometido estar muy cerca de su grupo. Con Roberto Sánchez, que postuló sin suerte como diputado, la distancia podría pasarle doble factura, pues la facción castillista podría responder más a Pedro Castillo o a lo que su gente interprete como lineamientos de Castillo desde la prisión. Ahora bien, la cohesión en un Congreso no solo depende del partido, la bancada o la cámara; sino de la voluntad de cada congresista. Los reglamentos de diputados y senadores han querido normar esa intimidad.
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Por una sola vez
El Art. 52 del Reglamento de la Cámara de Diputados (RL 00005-2025-2026-CR) y el Art. 56 del Reglamento de la Cámara de Senadores (RL 006-2’25-2’26-CR) son idénticos. Ambos dicen, en su inciso b: “En ningún caso pueden constituir grupos parlamentarios por separado los [diputados o senadores] que pertenezcan a un mismo partido”. O sea, las bancadas ya no se pueden partir como Perú Libre, que entraron 37 y de allí salieron 3 bancadas y varios tránsfugas. El inciso ‘e’ dice: “El que renuncia o sea expulsado, forma parte del grupo mixto o puede incorporarse por una sola vez a otro grupo”. O sea, solo puedes irte una sola vez e ingresar a otro grupo una sola vez. ‘Grupo mixto’ no es una bancada, sino el conjunto de renunciantes o expulsados no agrupados que tendrá la prerrogativa de presentar leyes aunque no presidirá comisiones. El reglamento, aunque no está muy claro en ese punto, da a entender que el renunciante a la bancada debe también renunciar al partido si quiere pasar a otra bancada. Los ‘designados’ o ‘invitados’, por no ser afiliados, se ahorran ese trámite.
Conversé con Arturo Alegría de Fuerza Popular (FP), diputado electo por San Martín y actual presidente de la Comisión de Constitución, responsable de la elaboración de los reglamentos. “Nuestra propuesta era que el que se iba o era expulsado, no pueda entrar a otra bancada; pero los congresistas que han cambiado de bancadas, que son varios, no estaban de acuerdo. Entonces, conciliamos en que se pueda renunciar una sola vez”. Por supuesto, estos reglamentos podrán ser modificados en el próximo Congreso, pero es presumible que subsista la restricción parcial al transfuguismo.
“Nuestra propuesta era que el que se iba o era expulsado, no pueda entrar a otra bancada; pero los congresistas que han cambiado de bancadas, que son varios, no estaban de acuerdo. Entonces, conciliamos en que se pueda renunciar una sola vez”.
Ahora bien, habrá menos incentivos para la fuga, pero la baja cohesión se mantendrá dentro de la bancada. He conversado con muchos congresistas, de todos los colores, que se jactan, cual si fuera gran virtud, de que trabajarán por sus agendas propias y regionales y cuando no estén de acuerdo en un tema, harán uso de su libertad de conciencia. La ‘independencia’ no es un problema para ellos, sino un valor. Le pedí a Zavaleta, quien, estudiando estos fenómenos, acuñó el concepto de ‘coalición de independientes’ en el 2014 (en “Coaliciones de independientes: las reglas no escritas de la política electoral”, IEP) para referirse a los nuevos partidos, que analice el panorama bicameral con ese prisma: “El único partido que no es una coalición de independientes es Fuerza Popular. Los demás lo son y verás que los congresistas, en los primeros años, no harán mucho caso a sus líderes porque no hay una urgencia electoral. Nieto, por ejemplo, es una figura interesante para el 2031, pero ahora no hay esa urgencia y no va a estar en el senado. Obras podría ser un Podemos”. Río con Mauricio pensando que para que esto última suceda, haría falta la maña de un José Luna Galvez, hábil articulador de independientes de toda laya.
Siguiendo a Mauricio, cada bancada será una coalición de independientes, unos más pragmáticos, otros más ideologizados. Las coaliciones de independientes con baja y coyuntural cohesión, pueden darse con ambos tipos de políticos; pero es más común encontrarlas con pragmáticos de toda la vida o con ideologizados convertidos al pragmatismo. Unos u otros, hay un rasgo que comenta Zavaleta y merece subrayarse: se está generando una carrera congresal que no empieza con la candidatura sino con el fichaje como asesor de congresista. Varios electos de FP han sido antes asesores. Le comenté este tema a Arturo Alegría y él mismo se puso de ejemplo: “Antes de ser congresista, he sido asesor de ‘Lucho’ Galarreta”. Hay casos, incluso, en que la secuencia se alterna. ‘Miki’ Torres fue congresista, luego asesor de la bancada de FP y ha vuelto a ser electo, esta vez como segundo vicepresidente y senador. Diethell Columbus es un caso similar, ahora electo en diputados. Esto no solo sucede en FP. Por ejemplo, Katherine Ampuero, senadora electa por Renovación Popular (RP), ha sido asesora de la bancada celeste. Este fenómeno sí ayuda a la cohesión.
Sin embargo, la tendencia general de la política, en la fase de deterioro de la democracia y sus instituciones en la que nos encontramos; es que los congresistas piensen cada vez más en sus intereses personales, sus agendas y sus clientelas, antes que en los objetivos de bancada y partido. Tenemos el dramático ejemplo del ‘Bloque Magisterial’, el grupo de maestros sin aprendizaje político y sin habilidad de gestión, que Castillo colocó en la lista de Perú Libre (PL) en el 2021. Los animó a desgajarse de PL, formaron su bancada, cayó Castillo, ellos lo abandonaron y, sin alineamiento ideológico ni liderazgo, ni valores sólidos, saltaron de bancada en bancada negociando prebendas con el gobierno y proyectos con sus clientelas.
Le pregunté a Mauricio si cree que el sistema de negociación prebendaria del Ejecutivo con congresistas, que llegó a su apogeo con Dina Boluarte (se ponía en práctica hasta para la votación de permisos de viaje), va a continuar. “Sí va a continuar, además en el senado no necesitan convencer a muchos. Asumiendo que tienen los votos de su propia bancada y de Renovación, pueden a buscar a algunos de Obras, o incluso del PBG, y conseguir lo que necesitan. Esto tiene menos costo que una negociación colectiva con la bancada”.
Por supuesto, a menor cohesión y obediencia dentro del grupo, mayor incentivo para horadar la democracia con ese sistema prebendario que vicia la relación de colaboración entre poderes. La fragmentación de candidaturas fue otra expresión de la escasa cohesión. La proliferación de candidaturas surge porque muchos aspirantes a políticos, en lugar de entrar a un partido a someterse a su dirigencia, prefirieron ser cabeza de ratón. El desafecto por la política partidaria tradicional; ha depreciado la búsqueda organizada, colegiada y disciplinada del bien común.
En lugar de todo lo anterior, tenemos al congresista ególatra y desobediente, que lee las normas para interpretarlas a su medida y le encanta repetir el Art. 93 de la Constitución: “Los congresistas representan a la Nación. No están sujetos a mandato imperativo ni a interpelación”. Ciertamente, no están obligados legalmente a seguir instrucciones de su partido o del portavoz de la bancada; pero ello no quita que política y éticamente, sí están obligados a hacerlo. Ha sucedido, por cierto, que bancadas sin cohesión e indisciplinadas, y por lo tanto impredecibles para potenciales clientes; se lamentaron por perder su capacidad de negociación colectiva. Le pasó a Podemos, a APP y a Acción Popular (AP) en este Congreso. Por eso, las tres pujaron por llegar a un equilibrio pragmático: en algunos temas se esforzaron por votar en bloque, para no perder el respeto del Ejecutivo y de los demás; mientras votaban a su regalada gana en todo lo demás.
Tendremos un congreso bicameral de desobedientes, sobre todo en diputados, que a su vez serán desobedecidos en el espíritu de lo que legislen, por sus colegas senadores. Un atenuante para esto es que el partido más organizado y disciplinado, FP, será el que controle el Ejecutivo y tenga la primera mayoría. Pero subsistirá, mientras no gocemos de la estabilidad basada en el respeto a las instituciones, el régimen prebendario a la medida de los desobedientes.













