El Mundial 2026 está descubriendo una nueva dimensión de Erling Haaland. El delantero que en los últimos años dominó la Premier League y la Champions League trasladó su voracidad goleadora al torneo más importante del planeta sin necesidad de un periodo de adaptación. Le bastaron cuatro partidos para convertirse en el máximo referente ofensivo de Noruega y estar entre los goleadores del torneo con siete goles, uno menos que Kylian Mbappé y Lionel Messi.
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Su doblete frente a Brasil, que clasificó por primera vez a Noruega a los cuartos de final de una Copa del Mundo, fue mucho más que otra actuación brillante. También confirmó que el ‘Vikingo’, como lo bautizaron en Europa, está construyendo una campaña que amenaza con entrar entre las mejores de todos los tiempos.
Los números impresionan por sí solos. Haaland acumula siete goles en apenas cuatro partidos. Les marcó dos veces a Irak, dos a Senegal, uno a Costa de Marfil y firmó un inolvidable doblete frente al Pentacampeón del mundo. Todo ello en apenas 360 minutos. El resultado es un promedio extraordinario: un gol cada 51 minutos.
Solo Lionel Messi, con un tanto cada 45 minutos en este Mundial, presenta un registro superior entre los grandes protagonistas del torneo. Mbappé, con ochos conquistas, necesita 64 minutos para convertir. El noruego aparece exactamente entre ambos, aunque con un detalle que multiplica el valor de sus cifras: está disputando la primera Copa del Mundo de su carrera. Donde los gigantes necesitaron años, él tardó cuatro partidos.
Hay estadísticas que ayudan a dimensionar mejor el fenómeno. Lionel Messi convirtió su séptimo gol mundialista después de disputar tres ediciones: Alemania 2006, Sudáfrica 2010 y Brasil 2014. Kylian Mbappé alcanzó esa cifra repartida entre Rusia 2018 y Qatar 2022. Lo mismo ocurrió con Miroslav Klose, quien necesitó los Mundiales de 2002 y 2006 para llegar a siete anotaciones.
Ni siquiera dos nombres inmortales como Ronaldo Nazário y Pelé lograron semejante producción en su primera experiencia mundialista. Ambos alcanzaron los siete goles recién después de disputar dos Copas del Mundo.
Haaland rompió todos esos tiempos. Necesitó únicamente cuatro partidos y una sola edición para llegar a la misma cifra. Lo hizo, además, representando a una selección sin tradición mundialista como Noruega, muy lejos del potencial colectivo que históricamente tuvieron Brasil, Alemania, Francia o Argentina.
Es, probablemente, el dato que mejor resume la magnitud de su irrupción.
Erling Haaland
Sus goles en el Mundial 2026
7 goles (2 a Irak, 2 a Senegal, 1 a Costa de Marfil, 2 a Brasil)
4 partidos
360 minutos
1 gol cada 51 minutos
La dimensión del torneo de Haaland también puede medirse desde otra perspectiva. Antes del Mundial 2026, Noruega había participado únicamente en tres Copas del Mundo: 1938, 1994 y 1998. Entre esos torneos disputó ocho encuentros y anotó apenas siete goles. Haaland igualó esa producción histórica él solo en cuatro partidos.
No solo convirtió. También eliminó a Brasil con un doblete, llevó por primera vez a su selección a los cuartos de final y transformó por completo la percepción internacional sobre un equipo que nunca había sido considerado candidato en una Copa del Mundo.
Durante décadas se creyó que los 13 goles de Just Fontaine en Suecia 1958 eran una marca inalcanzable. El propio delantero francés aseguraba que el fútbol moderno había acabado con los goleadores capaces de semejante producción. Nadie parecía tener argumentos para discutirle… hasta ahora.
Si Haaland mantiene el promedio de un gol cada 51 minutos y Noruega consigue llegar hasta la final del 19 de julio en el MetLife Stadium (o jugar por el tercer lugar), el delantero terminaría jugando el partido 8 y el campeonato con 12 goles. Eso significaría superar los diez tantos que Gerd Müller marcó en México 1970 y los once que firmó Sándor Kocsis en Suiza 1954. Solo Fontaine seguiría por delante.
Y aun así, el récord dejaría de parecer imposible. Porque bastaría una noche inspirada para alcanzar los 13 goles o incluso superarlos.
Hace tiempo dejó de ser una promesa. Hoy es el delantero más temido del planeta. Y si mantiene este ritmo, el “récord imposible” de Just Fontaine dejará de ser una reliquia intocable para convertirse en el próximo objetivo de un futbolista que parece haber nacido para desafiar todos los límites.
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