El pasado marzo, durante el festival REC de Concepción, Chile, más de 200 mil personas vieron cómo Quique Neira volvía a cantar con Gondwana por primera vez en 23 años. Bastó que sonaran los primeros acordes de “Sentimiento Original” para poner fin a una separación que parecía definitiva. Aunque aquella invitación estaba pensada para una única presentación, las conversaciones detrás del escenario terminaron convirtiendo ese momento en una gira internacional que tendrá al Perú como una de sus paradas el próximo 12 de noviembre.
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A ese acercamiento también se sumó un momento personal especialmente difícil para Neira. Poco después de la muerte de su padre, recibió un mensaje de I-Locks, quien había mantenido una estrecha amistad con él durante los años de Gondwana. Ese gesto reactivó una relación que llevaba décadas adormecida y abrió un espacio para recordar aquellos años en que el padre del cantante incluso conseguía credenciales para acompañar a la banda en los backstage de sus giras.
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Sin embargo, las diferencias de carácter siguen ahí y aparecen incluso durante la entrevista. Cuando se les pregunta si alguna vez sintieron la presión de volver a escribir otro gran éxito, I-Locks responde con calma: “La música fluye naturalmente. Si uno vive pensando en el éxito, nunca va a estar tranquilo”. Neira, en cambio, admite que siempre vive buscando la próxima canción y suele responder que su favorita es “probablemente la que escriba mañana”.
También discrepan al mirar el pasado. I-Locks rechaza la idea de que Gondwana no haya sido reconocida en Chile. “Nosotros hicimos una revolución. Fuimos la primera banda que grabó un disco de reggae en el país”, sostiene. Neira, por su parte, coincide en la magnitud del fenómeno, pero cree que con los años ese aporte fue quedando relegado. “Los medios nunca cubrieron tanto, o como debieron, lo que hicimos”, afirma. Sin embargo, ambos encuentran un punto en común: el impacto que la banda alcanzó fuera de su país. “El amor que nos dio el público extranjero es innegable”, sostiene Neira.
La separación de Gondwana nunca respondió a una sola causa. En 2003, cuando la banda atravesaba el momento más alto de su carrera gracias al éxito de canciones como “Felicidad”, Quique Neira decidió abandonar el grupo para iniciar un camino como solista antes de que las tensiones internas terminaran provocando un conflicto mayor. Con el tiempo, el propio cantante reconocería que la fama, el estrés y cierta inmadurez terminaron pasándoles factura. “Con el éxito encima nos fuimos cerrando en nuestras realidades”, explica Neira.
“Fue una vorágine de un momento a otro. Llegó un momento en que nuestras vidas cambiaron por completo —nos cuenta I-Locks—. Ya no éramos dueños de nuestro tiempo. A veces era imposible caminar por la calle sin que una multitud nos abordara”. La popularidad era tal que, en una ocasión, la banda tuvo que abandonar un hotel por la puerta trasera para escapar de los fanáticos. “Éramos como los Beatles, pero chilenos”, recuerdan entre risas.

La formación original de Gondwana marcó un antes y un después para el reggae chileno durante la década de 1990. Con Quique Neira como vocalista, la banda alcanzó proyección internacional gracias a éxitos como «Sentimiento Original», «Felicidad» y «Dulce Amor». (Fuente: Facebook)
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Aquella presión también se trasladó al estudio de grabación. Después de lanzar éxitos como “Sentimiento Original” o “Dulce Amor”, cada nuevo sencillo parecía condenado a superar al anterior. I-Locks nunca permitió que esa expectativa condicionara el proceso creativo. “Si uno vive pensando en eso, nunca va a estar tranquilo”, afirma. Neira, en cambio, reconoce que siempre ha sentido el impulso de seguir buscando nuevas composiciones, convencido de que su mejor canción aún está por escribirse.
Quizá por eso la pregunta sobre un eventual trabajo en conjunto aparece de manera inevitable. Ninguno quiere hacer promesas, aunque tampoco descartan la posibilidad. Primero llegan las bromas. Quique Neira propone mudarse a Vichayito, a pocos minutos de Máncora, y quedarse allí componiendo. I-Locks sigue el juego imaginando un retiro creativo frente al mar, acompañado de un sudado de chita. Detrás del humor, sin embargo, hay una idea que ambos comparten: si el reencuentro sorprendió incluso a ellos mismos, también merece dejar un nuevo testimonio artístico. “La gente quiere escuchar qué podemos hacer después de veinte años”, resume Neira.













