Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
El mayor ataque ucraniano con drones contra Moscú desde el inicio de la invasión rusa incendió una refinería, obligó a cancelar o retrasar más de 520 vuelos y provocó una nueva amenaza para el Kremlin. El bombardeo se produjo apenas unos días después del cierre de la cumbre del G7, en la que los líderes occidentales acordaron incrementar la presión sobre Rusia para poner fin al conflicto, que ya supera los cuatro años.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Occidente mueve fichas, Ucrania no es vencedora
Para Miguel Ángel Rodríguez Mackay, internacionalista peruano y exministro de Relaciones Exteriores, el ataque no debe interpretarse únicamente como una represalia por los recientes bombardeos rusos sobre Kiev. A su juicio, detrás de la ofensiva existe una estrategia más amplia impulsada por Occidente para aumentar la presión sobre Moscú y empujarla hacia una negociación.
«Me queda claro que están buscando cómo presionar a Rusia para que de una vez se siente en una mesa larga y distendida a negociar el fin de la guerra“, señala a El Comercio.
El especialista considera que una operación de esta magnitud difícilmente habría sido posible sin el respaldo de Estados Unidos y sus aliados. «La capacidad bélica de Ucrania sin respaldo táctico de Occidente pareciera ser una acción militar suicida“, afirma.
Según Mackay, el reciente respaldo expresado por el G7 debe leerse precisamente en esa clave. Más que buscar una derrota militar rusa en el campo de batalla, las potencias occidentales estarían intentando elevar los costos políticos, económicos y estratégicos para forzar al Kremlin a sentarse en una mesa de diálogo.

El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky (izquierda), y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, conversando durante la cumbre del G7 en Evian, al este de Francia. (Fotografía distribuida por el Servicio de Prensa Presidencial de Ucrania / AFP).
/ HANDOUT
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Reconocimiento internacional
En ese sentido, sostuvo que los ataques no apuntan a modificar las pretensiones territoriales rusas sobre el Donbás ni a recuperar por la fuerza los territorios ocupados. «Los ataques de Kiev sobre Rusia no son para cambiar las pretensiones de Rusia sobre el Dombás, sino para de una vez sentarlo en la mesa de negociación“, indica.
Una vez iniciadas las conversaciones, considera probable que las negociaciones terminen reconociendo parte de las ganancias territoriales obtenidas por Moscú durante los últimos años. A su juicio, Rusia consolidaría definitivamente el control de Crimea, anexada de facto en 2014, y obtendría su reconocimiento internacional. Además, lograría mantener una posición dominante sobre amplias zonas del Dombás, especialmente en las regiones de Donetsk y Lugansk.
«Eso terminará inclinando la balanza a favor de Rusia, con un acuerdo respaldado por algún mecanismo de legalidad internacional, al que Ucrania tendrá que adaptarse en función de las pretensiones rusas y de las condiciones que impulse Estados Unidos“, señala Mackay.
«Habrá un reparto de estas pretensiones», añade Mackay, quien considera que una eventual salida negociada obligará tanto a Kiev como a Moscú a ceder parte de sus aspiraciones iniciales para alcanzar un acuerdo que ponga fin a la guerra.
Sin embargo, el panorama dista de ser sencillo. De acuerdo con la agencia AFP, Tras el bombardeo, el canciller ruso, Serguéi Lavrov, advirtió que Moscú continuará realizando ataques agrupados de manera regular contra Ucrania, una señal de que el Kremlin no tiene intención inmediata de reducir la intensidad de la guerra.

Presidente ucraniano Volodymyr Zelensky y el presidente ruso Vladimir Putin. (Foto: AFP)
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Para Mackay, el desenlace del conflicto seguirá dependiendo menos de los avances militares sobre el terreno que de la capacidad de Washington, Kiev y Moscú para alcanzar un acuerdo político. El ataque sobre Moscú, sostiene, podría ser una herramienta de presión eficaz, pero, a la luz de los acontecimientos, todavía está lejos de garantizar un cambio de rumbo definitivo en una guerra que ya se ha convertido en una de las más prolongadas y sangrientas de Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
Triangulación perfecta
Mal que bien, la coyuntura internacional también podría resultar favorable para Donald Trump. A menos de cinco meses de las elecciones de medio término en Estados Unidos, el mandatario busca exhibir resultados en algunos de los principales focos de tensión global. En ese contexto, las negociaciones con Irán, la presión sobre Hamás y los esfuerzos por encaminar una salida al conflicto entre Rusia y Ucrania forman parte de una misma estrategia de política exterior.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asiste a una rueda de prensa en el Hotel Royal durante la cumbre del G7 en Evian-les-Bains, Francia, el 17 de junio de 2026. Foto: EFE/EPA/YOAN VALAT
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Para Mackay, Washington tiene un especial interés en cerrar estos frentes de manera simultánea. «Estados Unidos está en verdad ansioso por cerrar los procesos: alcanzar la paz con Hamás, luego con Irán y, en seguida, con Rusia“, sostiene.
El exministro considera que, si la Casa Blanca logra avances significativos en los tres escenarios, Trump podría presentarlos como una demostración de liderazgo internacional en vísperas de los comicios. «Será una triangulación perfecta en las relaciones internacionales estadounidenses“, afirma, en referencia a los conflictos de Gaza, Irán y Ucrania.
Por último, Mackay tampoco cree que Estados Unidos vaya a abandonar a sus socios europeos o a reducir de forma drástica su compromiso con la OTAN. A su juicio, las advertencias periódicas de Washington sobre una eventual retirada de tropas forman parte de una estrategia de presión diplomática sobre sus aliados, pero no reflejan un cambio de fondo. “Estados Unidos nunca va a retirar el 100% de sus fuerzas de Europa”, sostuvo. “Ni por asomo dejará en orfandad a Europa”, añadió.














