Tras la elección de un nuevo presidente que asumirá funciones en julio, el Perú iniciará una nueva etapa con un desafío pendiente para el transporte aéreo. Convertir la conectividad en una política de Estado será una tarea clave. Abrir rutas o inaugurar infraestructura debe ir acompañado de condiciones que permitan que viajar en avión sea más accesible y útil para integrar al país.
Tras la elección de un nuevo presidente que asumirá funciones en julio, el Perú iniciará una nueva etapa con un desafío pendiente para el transporte aéreo. Convertir la conectividad en una política de Estado será una tarea clave. Abrir rutas o inaugurar infraestructura debe ir acompañado de condiciones que permitan que viajar en avión sea más accesible y útil para integrar al país.
La aviación peruana llega a este momento con señales positivas. El tráfico aéreo cerró 2025 en niveles récord y, según cifras de Lima Airport Partners, el Jorge Chávez movilizó 25,5 millones de pasajeros ese año. La nueva infraestructura en Lima abre una oportunidad para fortalecer el rol del país como punto de conexión regional.
La agenda del próximo gobierno debería partir de una idea sencilla. La conectividad no crece por decreto. Crece cuando hay reglas claras, costos razonables, infraestructura eficiente y competencia.
Un primer punto es cuidar la competitividad del hub Lima. La discusión sobre cargos aeroportuarios y costos de conexión no debe verse como un debate técnico lejano al ciudadano. Cada sobrecosto impacta en la posibilidad de atraer vuelos, turistas e inversión. En esa línea, la reciente eliminación de la TUUA para pasajeros en conexión en vuelos domésticos representa un avance positivo para fortalecer la conectividad interna. Sin embargo, aún queda pendiente avanzar en una solución para la TUUA aplicada a las conexiones internacionales, un costo que afecta la experiencia del pasajero y limita la competitividad del Perú frente a otros centros de conexión de la región.
El segundo punto es descentralizar de verdad. El país necesita que más ciudades cuenten con condiciones para recibir nuevas frecuencias y rutas que no dependan exclusivamente de Lima. Para ello, se requieren aeropuertos regionales operativos y una mejor articulación entre transporte y turismo.
El tercer punto es sostener la competencia. En los últimos años, el modelo de bajo costo ha demostrado que puede ampliar el mercado e incorporar nuevos pasajeros. Este mes se cumplen cuatro años desde que JetSmart inició operaciones en el Perú, periodo en el que más de un millón de personas accedieron al avión por primera vez.
El sector también necesita estabilidad. Las decisiones de inversión, rutas y tarifas deben evaluarse con una visión de largo plazo que otorgue predictibilidad.
La cuarta tarea es integrar la conectividad aérea a la estrategia turística del país. El potencial turístico del Perú requiere más rutas, mejores conexiones y una coordinación efectiva entre la promoción turística, las aerolíneas, los aeropuertos y las regiones.
El próximo gobierno tendrá muchas urgencias. Precisamente por eso, la aviación debe formar parte de una agenda práctica, con menos burocracia, mayor coordinación institucional y reglas que permitan sostener el crecimiento del sector. Resolver temas pendientes como la TUUA para pasajeros en conexión internacional será fundamental para fortalecer la competitividad del país y generar beneficios directos para los viajeros. La conectividad aérea dejó de ser un tema secundario para convertirse en una herramienta de desarrollo.














