Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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Descargar, agotarse, borrar, repetir. La ciencia demuestra que los usuarios de aplicaciones de citas siguen un patrón predecible y peligroso. Estas son las señales de que estás cayendo en la trampa… y cómo escapar.
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Un estudio de 2024 siguió a cientos de usuarios de aplicaciones de citas durante tres meses.
“Con el tiempo, acabamos descubriendo que las personas que usaban aplicaciones de citas experimentaban un agotamiento generalizado”, dice Sharabi.
Esta dinámica tiene sentido. Si estás atrapado en la aplicación, significa que no has encontrado lo que buscas, a menos que solo quieras encuentros de una noche.
Pero la experiencia era mucho más grave que una simple frustración.
La palabra “burnout” o agotamiento se utiliza tan a menudo que empezó a perder su significado, aunque tiene una definición psicológica más formal.
El método clásico para medir el agotamiento emplea tres categorías: cansancio emocional, cinismo (o despersonalización) e impotencia.
Los estudiosos describieron por primera vez este fenómeno en entornos laborales de alta presión, pero la investigación lo ha extendido a otras áreas de la vida. Según Sharabi, se puede observar en personas que buscan pareja en línea.
El agotamiento emocional es sencillo: si deslizar el dedo te deja desmotivado, derrotado y cansado, eso podría ser un signo de agotamiento.
Estás experimentando cinismo y despersonalización cuando los perfiles empiezan a difuminarse entre sí, dice Sharabi, y las interacciones dejan de parecer humanas.

Un estudio reveló que los usuarios de apps sufren de depresión, ansiedad, desregulación emocional, soledad y angustia psicológica.
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La impotencia, en este contexto, es la creciente convicción de que nada de lo que hagas en la aplicación va a funcionar, ya sea porque se te da mal o porque hay algo que no va bien en ti.
“Empecé en la aplicación con la intención de ser respetuosa porque, al fin y al cabo, todos somos seres humanos”, dice Madeleine D, quien trabaja en marketing para una empresa tecnológica y también pidió que no se revelara su nombre completo.
“Pero cuanto más tiempo pasaba en ella, más ciega me volvía a eso, como si realmente no me importaran esas personas. Odiaba eso de mí misma, porque lo único que me había prometido era que, como mínimo, mostraría decencia y respeto”.
Es fácil descartar esto como las quejas previsibles de los solteros veinteañeros. Las citas son difíciles y los bares tampoco son tan geniales.
Pero las investigaciones sugieren algo más grave.
Sharabi dirigió un metaanálisis reciente que recopiló 17 años de estudios que abarcaban a unas 26.000 personas.
El estudio reveló que los usuarios de aplicaciones de citas tenían una salud mental significativamente peor que los no usuarios, incluyendo depresión, ansiedad, desregulación emocional, soledad y angustia psicológica.
Estos problemas afectaban con mayor intensidad a las personas que se unían a las aplicaciones de citas en un estado más vulnerable desde el principio.
Sharabi advierte que, en teoría, las aplicaciones son un salvavidas para las personas que tienen más dificultades con las citas: aquellas cuyos problemas de salud mental hacen que conocer a parejas en persona sea más difícil.
Pero Sharabi descubrió que esos usuarios eran los más propensos a sufrir agotamiento y a caer en ese estado más rápidamente.
“Esas personas tendían a ser especialmente vulnerables”, afirma Sharabi. “Básicamente, esto agravó algunas de las dificultades preexistentes a las que ya se enfrentaban”.

Las aplicaciones de citas amplían drásticamente el abanico de parejas potenciales.
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La industria de las aplicaciones de citas no quiere que sus usuarios sufran agotamiento.
“A medida que la sociedad y las necesidades de quienes buscan pareja evolucionan, seguimos comprometidos a ayudar a las personas a establecer conexiones significativas y convertir esas conexiones en citas estupendas”, declaró un portavoz de la compañía Hinge a la BBC.
Hinge afirma que la aplicación está diseñada para permanecer en un segundo plano en tu vida y la empresa se centra en utilizar los comentarios de los usuarios para mejorar la experiencia.
“Las citas siempre han sido complicadas y creo que es muy fácil culpar a la tecnología”, dice Sharabi.
Al mismo tiempo, cree que las aplicaciones amplifican el sufrimiento de formas específicas.
Una de esas formas es la gamificación. Las aplicaciones de citas se basan en gestos rápidos y recompensas inconsistentes.
Muchos se quejan de que la estructura se parece más a una máquina tragamonedas que al cortejo y los usuarios pueden quedarse atrapados tirando de la palanca mucho después de que la diversión haya desaparecido.
“Deslizar el dedo te da un subidón”, dice Karen Cornejo, administradora de una oficina en Los Ángeles. “Y luego todo lo demás simplemente no”.
Para el momento en el que una pareja realmente quiere quedar, la emoción ya se ha desvanecido. “Ya ni siquiera me interesa”, dice Cornejo. Este proceso la deja desanimada.
Dallas Koelling, una escritora y cómica de Brooklyn que lleva años entrando y saliendo de un par de aplicaciones, lo expresa sin rodeos: “Recibir una notificación de que me han dado un ‘me gusta’ en Hinge es como que te apunten con una pistola”.
Luego está el trabajo oculto. “Si vivieras, digamos, en la Inglaterra de Shakespeare, quizá nunca conocerías a tanta gente como ves en un solo día deslizando el dedo en Hinge”, dice Koelling.

Algunos usuarios se quejan de que buscar pareja a través de las aplicaciones es como un «segundo trabajo a tiempo completo».
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Las aplicaciones de citas amplían drásticamente el abanico de parejas potenciales. De hecho, eso es lo que las hace geniales, pero la abundancia puede convertir las citas en un trabajo.
“Es como un segundo trabajo a tiempo completo que tengo que hacer en mi descanso para comer o después del trabajo”, advierte Madeleine.
“No quiero estar pegada al celular. Y en cuanto a las redes sociales, he mejorado mucho a la hora de dejarlas a un lado”, dice. “Pero con las citas, existe esa sensación de que la siguiente persona por la que deslices el dedo podría ser con quien acabes casándote”.
“Hay una esperanza infinita de la que las aplicaciones de citas parecen sacar partido”.
El mar infinito de rostros también contribuye a la sensación de agotamiento, dice Sharabi, sobre todo porque un perfil solo da información hasta cierto punto.
“Te quedas atrapado en un ciclo interminable de perfiles, conversaciones sin salida y citas sin futuro, y luego vuelves al punto de partida”.
Además, la tensión estructural es difícil de ignorar. Las aplicaciones de citas realmente quieren que los usuarios encuentren pareja. Todos dejaríamos de usarlas si eso nunca ocurriera.
Pero también son un negocio, uno que obtiene casi todos sus ingresos de las suscripciones y las funciones de pago, lo que significa que pierden dinero si la gente las abandona.
Durante años, los usuarios de aplicaciones de citas me han dicho que se sienten manipulados, y que las aplicaciones retienen a las mejores parejas y explotan sus emociones para que sigan tocando y deslizando.
Las empresas de aplicaciones de citas niegan esto rotundamente. Pero los algoritmos que las controlan siguen siendo un misterio.
En 2024, una demanda colectiva acusó a Match Group, el gigantesco conglomerado propietario de Tinder, Hinge y muchas otras aplicaciones de citas populares, de diseñar sus aplicaciones para que sean adictivas y de lucrarse con el uso compulsivo en lugar de ayudar a la gente a encontrar pareja.
Match Group desestimó las acusaciones al calificarlas de “ridículas”. Luego, el caso se remitió a arbitraje. La empresa no respondió a una solicitud de comentarios.
“La gran mayoría de nuestro trabajo se centra en mejorar la experiencia gratuita en Hinge, ya que menos del 15% de nuestra comunidad utiliza funciones de pago”, afirma un portavoz de Hinge.
“En última instancia, nuestro éxito depende de que las personas tengan experiencias positivas en la aplicación, conozcan a alguien especial y, finalmente, recomienden Hinge a otras personas”.















