El universo electoral incluía, en el 2024, a medio de centenar de partidos corriendo hacia las presidenciales. El grueso del paquete era de novatos que se metieron por la generosa ventana que les abrió la ley: la valla de más de 700 mil para inscribir a una organización política (4% del padrón), bajó a alrededor de 25 mil fichas de afiliación (0.1% del padrón). La ventana ya se cerró y hemos vuelto al requisito de los cientos de miles de firmas.
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Más de una especie
El Rafael Belaunde de la izquierda, demostrando que puede haber vida política más allá de la muerte partidaria, sería Mesías Guevara, si prosperara la propuesta de Ahora Nación para que sea primer ministro de un eventual gobierno de coalición de izquierdas. El ex candidato del Partido Morado, ex gobernador de Cajamarca, ex presidente de Acción Popular y ex congresista, podría ser ex premier algún día, mira tú.
De la treintena de caídos, hay varios que podemos recordar con respeto por su tesón al formar partido y discurso, como Carlos Espá (Sí Creo) o Enrique Valderrama (APRA), por solo citar a dos; y uno que recordamos con ternura porque no solo buscó representar una especie de peruano, el homo sapiens, sino a otra que no tiene representación: el canis familiaris, perro o firulais. El perrito fue símbolo, doctrina y alternativa del partido Progresemos, cuando su precandidato Hernando De Soto, renunció y dejó a sus huestes tirando cintura. El líder partidario, Paul Jaimes, se improvisó de candidato y dio entrevistas hablando de su vocación por servir al mejor amigo del peruano. Recuerdo con cariño, de todas las entrevistas hechas en esta campaña, una con Jaimes que se despidió mientras una perrita que llevó de acompañante, me dio la pata al aire.

Rafael Belaunde fue el candidato presidencial de Libertad Popular.
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Hay quienes cayeron, no con honores de pompa como Caller o Jaico, sino con honores que merecen un triste toque de clarín. Fernando ‘Popy’ Olivera murió matando en el debate de primera vuelta. Su catilinaria contra César Acuña fue tan feroz, que incluyó cargos criminales de muy difícil probanza. Mostró que la campaña admitió estos estrellatos agónicos de candidatos con voz pero sin votos. No fue el único que ‘triunfó’ en el debate. Mesías Guevara y Yonhy Lescano también cumplieron su papel de peleoneros, ofreciendo ‘brutalidad’ al respetable y, Marisol Pérez Tello de Primero La Gente, sorteada entre los dos favoritos de ese momento, Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga, pasó oportunamente al ataque. La faena la ayudó a subir hasta el pecho de la valla, un empujón más y quién sabe.
No fue Marisol, sino Carlos Álvarez, quien saltó la valla pero en posición de off side. O sea, su lista no lo hizo. Su partido, País Para Todos (PPT), se quedó por muy poco margen. Tan poco, que su dirigencia ya se resignó a que no tendrán senadores pero creen que un milagro podría hacer cambiar una decisión del JNE que también los deja fuera de diputados. Sin embargo, a pesar del olor de pan quemándose en la puerta del horno, el PPT no es el que más cerca estuvo y que, por eso, perdió más.
“Si de pompa y circunstancia hablamos, he ahí, trilingüe y multidisciplinario, a Herbert Caller, quien escueleó en español, inglés y alemán a los presidenciables. Caídos pero con honores”.
Los más desgraciados no son aquellos a los que, ¡plop¡, se les reventó la burbuja de sus sueños y cayeron de la cama al suelo. Son partidos históricos como el APRA y el PPC, que ya habían perdido en el 2021 y recuperado su inscripción entrando por la ventana de ley. Ahora vuelven a estar en la calle. Más perdedores aún son los que han caído desde más arriba, con estrépito y no solo con ilusiones sino con huesos rotos. Son esos partidos que estando en el poder congresal y en sus cuotas de gobierno, como Alianza Para el Progreso (APP), perdieron muchísimo. APP nació en el 2001, perdió su inscripción tras las elecciones del 2006 pero la recuperó en el 2008 y la mantuvo hasta la derrota actual. ‘Chau, chau, APP’ dijo César Acuña en un audio del 2022, filtrado por una traidora, cuando amenazaba a su bancada con desaparecer el partido sino lograba la aprobación de una ley que favorecía sus pretensiones en La Libertad. Perdió país, región, poder, inscripción y prestigio. Le queda la plata.
Podemos no pudo. José Luna Gálvez llevó su idea de bancada co working a su lista congresal, mezclando posiciones opuestas y personalidades independientes. Somos Perú, el partido municipalista que llegó a ocupar accidentalmente la presidencia con José Jerí, también se quedó pasmado junto a su candidato George Forsyth. La masacre de partidos del 12 de abril no perdonó ni a esas marcas conocidas. Hasta se diría que el electorado las castigó con una indiferencia más dolorosa que el encono. Tampoco pudo Martín Vizcarra hacer un endose efectivo a su hermano Mario en Perú Primero.
La masacre tendrá efectos plenos a partir del 2027. Todos los caídos, incluso Acción Popular (AP), que fue excluida por una insuperable falta en sus elecciones internas, pueden postular en las elecciones municipales y regionales de octubre próximo. Pero la performance que cumplan, no tendrá efectos sobre la pérdida de su inscripción. Esta no es irremediable, pero ya cerrada la ventana de ley, conseguir más de un millón de firmas (siempre hay que conseguir más para que al depurarse se llegue al mínimo suficiente), dependerá de la motivación que tengan en las próximas temporadas nuestros políticos con las barbas en remojo y los nuevos afectos a la cosa pública. Ojalá que, en lugar de convertirse en muchas e ilusas cabezas de ratón, fortalezcan y reformen, desde la cola del león, a los partidos que ya existen.













