La ONU publicó este miércoles 3 un informe en el que analiza el impacto ambiental de la inteligencia artificial (IA) y en el que insta a las empresas de este sector publicar su huella ambiental, además de adoptar medidas sostenibles para mitigar la afectación que puede llegar a producir esta tecnología.
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El reciente reporte de las Naciones Unidas se mantiene en la misma línea, pues según este la infraestructura de IA podría gastar tanta electricidad como 650 millones de personas.
El requerimiento eléctrico de los centros de datos en el presente es de 448 teravatios hora, ligeramente inferior al de Francia (468 TWh) y por delante de Arabia Saudita (422 TWh). Si estos servidores fueran un país, serían el undécimo mayor consumidor de electricidad en el mundo; no obstante, la demanda energética de los centros de datos podría llegar a duplicarse en los próximos cuatro años hasta llegar a los 945 TWh y representaría casi el 3% del gasto eléctrico global.

Un centro de datos en Iowa. La expansión de la infraestructura para la inteligencia artificial está dejando una huella cada vez mayor en el medio ambiente y el cambio climático. Foto: Google
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La gestión del recurso hídrico converge con la eléctrica en los centros de datos donde funcionan estos sistemas, debido a la necesidad de complejos sistemas de refrigeración para combatir el calor que produce semejante uso de energía. Aunque se pueden emplear sistemas de aire acondicionado o incluso llevar los servidores a zonas cercanas al círculo polar, el consumo de agua dulce está ampliamente extendido.
En el 2025 se estimaba que generar un texto de solo 100 palabras en ChatGPT consumía más de medio litro de agua, mientras que crear una imagen con IA con DALL-E 3 requería entre 0,5 y 3,45 litros por cada imagen generada, aunque se podía necesitar hasta 17 litros en cinco intentos. Los videos cortos suponen un salto importante, al emplear 2 litros de agua por un video de cinco segundos y cerca de 30 litros por uno de un minuto.
La ONU ha señalado que la huella hídrica asociada al entrenamiento del modelo GPT-4 de OpenAI es de unos 600 millones de litros. Esto sería suficiente para cubrir las necesidades mínimas anuales de agua potable de 81.000 personas en el África subsahariana, o para llenar 237 piscinas olímpicas.
El adiestramiento de GPT-5 va mucho más allá y se calcula que su huella hídrica ascendería a 1.000 millones de litros.

Un grupo de personas observa un centro de datos de IA en el stand de SK networks durante el MWC (Mobile World Congress), la mayor feria de telefonía móvil del mundo, en Barcelona el 3 de marzo de 2025.
/ MANAURE QUINTERO
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Todo este consumo solo comprende a una empresa de IA y se espera que este aumente con modelos posteriores, siendo la proyección actual que la industria de la inteligencia artificial en general consumirá la misma cantidad de agua que 1.300 millones de personas para el fin de la década al ritmo actual.
A estos desafíos se añade la construcción de más centros de datos y otros proyectos energéticos relacionados, que de manera conjunta ocuparán una superficie de 14.500 kilómetros cuadrados, cifra que duplica la extensión del área metropolitana de Yakarta (Indonesia), una ciudad con 10 millones de habitantes.
Esto va de la mano con una generación masiva de residuos electrónicos, que podía llegar a los 2,5 millones de toneladas métricas anualmente debido a que hay una alta tasa de obsolescencia en el hardware sobre el que corre la inteligencia artificial.
Finalmente, los especialistas alertan sobre la brecha social e incluso geopolítica alrededor del rubro, con buena parte de la capacidad de IA concentrada en unas cuantas corporaciones y países. Paradójicamente, los territorios del llamado “Sur Global”, de donde se extraen materias primas críticas para esta tecnología, enfrentan los daños ecológicos de esta explotación y no tienen soberanía en inteligencia artificial.
“La IA ofrece un potencial extraordinario, pero cumplir esta promesa de forma responsable requiere un cambio sistémico”, argumenta la ONU en su estudio.
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