El momento decisivo de toda campaña electoral es cuando desaparecen los intermediarios, ya no hay asesores ni voceros hablando en representación de los candidatos, no hay spots editados ni discursos pronunciados frente a un auditorio amigable. Solo dos rivales frente a frente que tendrán a un país como audiencia. Ese momento ha llegado hoy.
A partir de las 8 p.m., Keiko Fujimori y Roberto Sánchez se verán las caras en el debate presidencial que organiza el Jurado Nacional de Elecciones. Tendrán la oportunidad de exponer sus propuestas y confrontar las del rival en cuatro bloques: seguridad ciudadana, fortalecimiento del Estado democrático y derechos humanos, educación y salud y, finalmente, economía, empleo y reducción de la pobreza.
En principio, el debate debería servir para evaluar y contrastar dos visiones distintas para el país. Pero vivimos también en una época más generosa con los algoritmos que con los argumentos. Lo que puede ser determinante en esta elección no necesariamente serán las propuestas o las cifras más sólidas, sino esos fragmentos de pocos segundos destinados a convertirse en momentos virales.
No todos los ciudadanos seguirán el encuentro completo, pero durante los próximos días verán en sus dispositivos electrónicos los instantes más comentados: las pullas más agresivas, el lapsus más incómodo o la réplica mejor ensayada. Una frase desafortunada puede perseguir a un político el resto de su vida y ser determinante para una elección.
A estas alturas, ambos aspirantes ya deben haber alistado su arsenal retórico, aquellas frases con una fuerte carga emocional que los posicionen como ganadores ante la opinión pública, en especial ante los indecisos.
Con el debate de hoy y los mítines de cierre de campaña, los candidatos habrán agotado sus últimas oportunidades de persuadir al elector. El próximo domingo, quienes hablarán serán las urnas.













