En diciembre del 2025, durante la ceremonia del sorteo del Mundial de Fútbol en Washington D.C., Donald Trump, Claudia Sheinbaum y Mark Carney posaron ante las cámaras en su primera reunión conjunta como los líderes de los países anfitriones del gigantesco evento deportivo internacional. Pero detrás de las sonrisas se escondía la tensión. Dos días antes, el presidente de Estados Unidos había amenazado con dejar expirar el T-MEC, el tratado de libre comercio con México y Canadá. Era el golpe más reciente del republicano contra sus vecinos, a los que acusa desde hace mucho de “aprovecharse de Estados Unidos” en varios frentes.
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Otros temas espinosos incluyen la migración hacia Estados Unidos a través de la frontera y las deportaciones de quienes se encuentran en ese país de manera irregular.
“[Claudia Sheinbaum] no debió haber rechazado mi ayuda. Le ofrecí acabar con los cárteles de México y por alguna razón no quiere hacerlo […] Los cárteles controlan México, no podemos permitirlo”.
“Ningún gobierno, no solo EE.UU., ningún gobierno extranjero, puede realizar actividades en México fuera de la ley. Es importante que […] tengamos claro lo que significa la soberanía”.
Bajo presión
Para Nevena Trajkov, profesora de Ciencia Política en el Florida State College (Jacksonville, Florida), el 2025 fue el año más conflictivo en las relaciones modernas entre Estados Unidos y Canadá, y las relaciones entre Washington y México no se quedaron atrás. Una situación que se mantiene hasta hoy.
“A juzgar por sus propias palabras, Trump trata esencialmente tanto a Canadá como a México como subordinados a los que hay que poner en vereda, en lugar de socios soberanos. Irónicamente, las políticas de Trump hacia ellos acercaron más a Canadá y México entre sí, sobre todo porque Carney y Sheinbaum demostraron ser más hábiles que sus predecesores a la hora de lidiar con las presiones de la Casa Blanca”, dice la experta.

El primer ministro de Canadá, Mark Carney, y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, se dan la mano tras una rueda de prensa conjunta celebrada en el Palacio Nacional de Ciudad de México el 18 de septiembre de 2025. (Foto: AFP)
/ YURI CORTEZ
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Si bien Canadá y México han hecho concesiones reales bajo la presión de Trump, los máximos líderes de esos países han optado por evitar choques frontales con el gobernante estadounidense en los últimos meses, con la mira en un acuerdo comercial. Esta semana, el primer ministro destacó los beneficios de la integración económica regional. Los tres países anfitriones del Mundial deben decidir antes del 1 de julio si renuevan el T-MEC, que abarca el 30% de la economía del planeta, bajo las condiciones que exige Trump.
“El mercado estadounidense es sencillamente demasiado importante como para que cualquiera de los dos países le pueda dar la espalda”, admite Trajkov.
En medio de las negociaciones, el Mundial es el escenario perfecto para un despliegue de diplomacia forzada, apunta la experta. “Cuando se comparten la logística, la seguridad y el foco de atención mundial, no se puede permitir un colapso total. Pero no hay que confundir la cooperación funcional en la Copa del Mundo con unas relaciones cordiales profundas, ya que se trata de vecinos que necesitan abogados y tribunales comerciales solo para resolver su relación económica con Estados Unidos”, concluye.













