Una junta que “podría” reemplazar a las Naciones Unidas. Así fue como, en enero, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presentó entre pompas a la llamada Junta de Paz, una organización que prometía garantizar la reconstrucción y la estabilidad de la franja de Gaza tras la guerra. Cuatro meses después, sin embargo, el mecanismo no ha recibido ni un solo dólar pese a las millonarias promesas de financiación, mientras Israel anuncia la expansión de su control sobre el enclave palestino.
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¿Qué es la Junta de Paz y cómo funciona?
En octubre del 2025, tras el anuncio de un acuerdo de alto al fuego entre Israel y el grupo terrorista Hamás, Donald Trump anunció un “plan integral para poner fin al conflicto de Gaza”. La Junta de Paz formaba parte de uno de los 21 puntos incluidos en esa propuesta.
La iniciativa fue presentada oficialmente en enero de este año durante la cumbre de Davos. Allí, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, sostuvo que la junta se encargaría de garantizar el cumplimiento del plan para la paz en Gaza, pero que también “podría servir como ejemplo de lo que es posible en otras partes del mundo”.
El propio Trump justificó la creación de la junta afirmando que “las Naciones Unidas nunca me ayudaron” e incluso llegó a sostener que este mecanismo “podría” reemplazar a la ONU.
Los países de la Unión Europea tomaron distancia del foro, que otorgaba un amplio protagonismo a aliados históricos de Washington en Medio Oriente, socios ideológicos de Trump y pequeños países interesados en estrechar vínculos con el mandatario republicano.
Dos presidentes sudamericanos, el argentino Javier Milei y el paraguayo Santiago Peña, respaldaron públicamente la iniciativa.
Sin embargo, el entusiasmo comenzó a diluirse cuando se conoció que un asiento permanente dentro de la junta costaba 1.000 millones de dólares, monto que sería administrado exclusivamente por Trump.

Donald Trump habla durante la ceremonia de firma en la reunión inaugural de la «Junta de la Paz» en el Instituto de la Paz de Estados Unidos en Washington, D.C., el 19 de febrero de 2026. Foto: AFP
/ SAUL LOEB
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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump (centro), flanqueado por el vicepresidente J.D. Vance (izq.) y el secretario de Estado Marco Rubio (der.), se reúne con los líderes para una foto de grupo durante la reunión inaugural de la «Junta de la Paz» en el Instituto de la Paz de Estados Unidos en Washington, D.C. Foto: AFP
/ SAUL LOEB
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El protagonismo del mandatario estadounidense dentro de la estructura era particularmente amplio: Trump fue designado presidente vitalicio, con capacidad para nombrar sucesores, invitar o excluir miembros y renovar o expulsar integrantes de distintos órganos internos.
Diversos críticos han señalado que la institución se asemeja más a “un club de pago dominado por Trump” que a un verdadero mecanismo orientado a Gaza. Incluso Amnistía Internacional afirmó que “la Junta de Paz es un plan para Gaza, pero sin los gazatíes”.
Hasta el momento, de los cerca de 60 países invitados a integrarse a la iniciativa, unos 35 han aceptado participar, mientras otros rechazaron la invitación o continúan evaluando su incorporación. Canadá, por ejemplo, fue posteriormente excluido del mecanismo.
Una junta paralizada
Según el FT, las únicas contribuciones financieras conocidas que se han materializado son los 20 millones de dólares aportados por Emiratos Árabes Unidos y otros 3 millones de Marruecos, que han servido para crear la oficina del “alto representante” para la posguerra en Gaza, Nickolay Mladenov, así como para financiar los salarios de los palestinos que integran el comité tecnocrático creado por la junta para administrar el enclave.
Emiratos aportó además 100 millones de dólares para crear un nuevo cuerpo policial en Gaza, pero el programa de formación ni siquiera ha comenzado y el proyecto permanece “congelado”, según el rotativo. Del mismo modo, el Departamento de Estado de EE.UU. tiene comprometidos 1.200 millones de dólares en proyectos para Gaza, pero tampoco han llegado a sus destinatarios.
Han pasado cinco meses desde su anuncio y la Junta de Paz continúa sin despegar. Representantes del Gobierno de Trump han hecho saber al Congreso de EE.UU. que la junta no podrá utilizar los fondos hasta tener la certeza de que existen suficientes mecanismos de control, los cuales aún no han sido implementados.
Un portavoz de la junta fue más explícito en sus razones y atribuyó “una gran parte de que no estemos operando en Gaza” al hecho de que el movimiento palestino Hamás aún tiene que desarmarse, según declaraciones recogidas por el citado medio.
No obstante, Hamás ha condicionado la cesión del poder y la entrega de sus armas a la retirada completa de las tropas israelíes, y rehúsa disolverse mientras continúe la ocupación. En cambio, Netanyahu parece determinado a seguir ampliando el control israelí sobre la Franja.
¿Tiene futuro la reconstrucción?
Para Alonso Cárdenas, internacionalista y docente de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM), la paralización de la Junta de Paz no responde únicamente a problemas administrativos o financieros, sino también a un contexto geopolítico que se ha deteriorado desde su lanzamiento.
“El proyecto nació muy debilitado. Era más un anuncio grandilocuente que una estructura que realmente pudiera funcionar”, sostiene el especialista. A su juicio, la escalada regional derivada de la guerra con Irán terminó por relegar la reconstrucción de Gaza a un segundo plano dentro de las prioridades de Washington y sus aliados.
El especialista señala además que el futuro de la iniciativa también está condicionado por la política interna estadounidense. Según explica, el creciente costo económico de la confrontación con Irán y el desgaste político que enfrenta Trump de cara a las elecciones legislativas de noviembre reducen el margen para impulsar nuevos desembolsos en el exterior.
“El Congreso se ha puesto un poco reticente. La opinión pública también cuestiona seguir destinando recursos a conflictos en Medio Oriente en un contexto de dificultades económicas internas”, afirma.
Cárdenas también considera que la expansión de las operaciones militares israelíes dificulta cualquier perspectiva de reconstrucción. “No solamente no ha habido un retiro de Israel de la Franja, sino que se ha expandido a otros territorios. Mientras esa situación no se resuelva, es muy complicado que este proyecto llegue a materializarse”, afirma.
Para el internacionalista, la situación se complica aún más porque Gaza ha dejado de ocupar el centro de la agenda internacional. “El foco ya no está en Gaza, pero eso no quiere decir que no se sigan cometiendo atrocidades y violaciones a los derechos humanos”, advierte.
A su juicio, el desenlace de la guerra con Irán podría terminar siendo determinante para el futuro del enclave palestino, debido a la influencia que Teherán mantiene sobre grupos aliados en la región.
El analista añade que la iniciativa depende en gran medida de la permanencia de Donald Trump en el poder. “Es un proyecto personalista. Cuando Trump deje la presidencia, es muy probable que también se desmorone”, señala recordando cómo el republicano promocionó el proyecto con un video creado con inteligencia artificial y de carácter burlesco en el que se veía una ciudad al estilo de Dubái o Singapur y una estatua de oro de él, mientras lo que se “vive ahí es una monstruosidad terrible”.

Donald Trump sueña estar con su socio Benjamin Netanyahu en la Franja de Gaza sin palestinos convertida en un resort de lujo.
/ SYSTEM
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A ello se suma un cuestionamiento más amplio sobre la legitimidad del mecanismo. Organizaciones como Amnistía Internacional han criticado que el proyecto fue diseñado sin una participación significativa de la población palestina. Para Cárdenas, cualquier esfuerzo serio de reconstrucción deberá pasar primero por un proceso de justicia internacional y por un papel más activo de organismos multilaterales como las Naciones Unidas.
“No hay paz sin justicia”, sostiene. En ese sentido, considera que la reconstrucción no debería quedar exclusivamente en manos de Estados Unidos o de las potencias occidentales, sino involucrar también a actores más neutrales. Entre ellos menciona a países como Brasil, México o Colombia, que podrían desempeñar un papel relevante en una eventual etapa de reconstrucción y gobernanza de Gaza.














