El micrófono de ESPN se le cuela a la banca de Tolima en pleno ‘cooling break’. “Nos faltan 25 minutos para estar en octavos de final”, dice el técnico González y parece sentenciar el partido. El 0-0 le basta así en Montevideo el duelo entre Nacional y Coquimbo sea favorable para los charrúas. Del otro lado, Cúper y sus 30 años de experiencia no saben cómo resolver la crisis del gol en Universitario. A un Valera agotado se suman un Flores sin resolución y un Gassama en modo peleador de UFC. Concha acalambrado, Inga sin amague y Polo solitario en su esquina. Pudieron jugar 2 horas más, pero la U nunca iba a marcar un gol.
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Los números son demoledores. Universitario no anota desde el minuto 33 de la derrota ante Coquimbo Unido en Chile. Desde entonces pasaron cinco partidos completos más sin celebrar un gol. En total son 507 minutos de sequía ofensiva, una cifra inadmisible para un equipo construido para pelear el tetracampeonato y competir internacionalmente. La ‘U’ terminó la fase de grupos con apenas 6 puntos y ni siquiera pudo alcanzar el premio consuelo de clasificar a la Copa Sudamericana.
Y el costo no solo es deportivo. El empate frente a Tolima le hizo perder al club más de un millón de dólares. Clasificar a octavos significaba un ingreso de 1.25 millones de dólares, además de los 340 mil dólares extra por victoria en fase de grupos. La noche del Monumental fue un golpe económico y emocional para un club que había apostado fuerte por reforzarse este 2026.
El ambiente terminó siendo irrespirable. Apenas el árbitro pitó el final, el estadio explotó contra el plantel. Desde las tribunas bajó un cántico que hace años no se escuchaba con tanta fuerza en Ate: “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”. La paciencia del hincha se agotó. Edison Flores, Sekou Gassama y Martín Pérez Guedes fueron algunos de los jugadores más cuestionados por la tribuna, reflejo de un equipo que perdió completamente el crédito construido en años anteriores.
La gran incertidumbre antes del partido era qué once mandaría Héctor Cúper para intentar ganar una final adelantada. El argentino decidió arrancar con Diego Romero; Caín Fara, Anderson Santamaría y Matías Di Benedetto en defensa; Andy Polo y José Carabalí por bandas; Jairo Concha y Martín Pérez Guedes en la volante; mientras que adelante aparecieron Héctor Fértoli, Lisandro Alzugaray y Alex Valera.
La apuesta parecía lógica. Fértoli era el futbolista capaz de darle algo distinto a un equipo excesivamente estructurado. Sin embargo, todo el plan se derrumbó demasiado rápido. El argentino apenas pudo jugar 30 minutos y salió lesionado. En su reemplazo ingresó Jorge Murrugarra y ahí la ‘U’ perdió completamente la pelota, la velocidad para atacar espacios y la claridad en transición.
Tolima entendió rápidamente el escenario. Retrocedió líneas, esperó el error y dejó que Universitario manejara una posesión estéril. Porque esa es hoy la gran limitación de este equipo: cuando debe asumir el protagonismo ofensivo desde el inicio, se convierte en un conjunto lento, anunciado y muy fácil de controlar. No hubo sorpresa por bandas, no hubo remates claros y tampoco rebeldía futbolística.
Alex Valera volvió a pelear solo contra todos. Alzugaray nunca logró desequilibrar y Pérez Guedes confirmó su irregularidad en una noche donde necesitaba ser líder futbolístico. Desde el banco tampoco llegaron soluciones. Los ingresos de Edison Flores por Alzugaray, César Inga por Carabalí y Sekou Gassama por Pérez Guedes no cambiaron absolutamente nada.

Universitario vs. Tolima. (Foto: Mario Zapata /GEC)
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Flores continúa lejos de aquella versión determinante de temporadas anteriores. Gassama, mientras tanto, parece haber agotado definitivamente su crédito. Cada ingreso suyo transmite más ansiedad que esperanza. La sensación es que Universitario construyó un plantel corto ofensivamente y dependiente de individualidades que hace meses dejaron de aparecer.
Héctor Cúper, en conferencia de prensa, asumió la responsabilidad del fracaso. “A pesar del poco tiempo, asumo la responsabilidad que me toca”, comentó con serenidad. Pero el problema de Universitario va mucho más allá de un técnico. La eliminación expone errores de planificación deportiva y decisiones equivocadas en el armado del plantel.
Porque mientras la defensa parecía una zona ya consolidada, llegaron más refuerzos defensivos. Y mientras el equipo necesitaba creatividad y gol, terminó apostando por jugadores que nunca lograron marcar diferencias. Hoy la ‘U’ necesita una reingeniería urgente. Un volante ancla con características similares a Rodrigo Ureña —con quien la dirigencia ya habría retomado contacto— y un delantero de jerarquía sudamericana aparecen como prioridades absolutas para el segundo semestre.
La posible salida de Sekou Gassama obliga además a replantear completamente el ataque. Universitario necesita un ‘9’ que compita de verdad con Valera y que pueda resolver partidos cerrados. Porque la Copa Libertadores volvió a demostrar que con intensidad local no alcanza.
Ahora queda un último capítulo antes de empezar a tomar decisiones. Este fin de semana, Universitario enfrentará a Sport Huancayo por Liga 1 y luego llegará el momento más incómodo: definir quiénes seguirán, quiénes saldrán a préstamo y qué futbolistas no continuarán más en Ate.
La Copa terminó dejando una conclusión dolorosa para Universitario: defendió mejor de lo que atacó, pero en el fútbol sudamericano actual eso no alcanza. Mucho menos cuando el arco rival parece cada vez más lejos.

Universitario vs. Tolima. (Foto: Mario Zapata /GEC)
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