Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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Después de ocho años viviendo en Argentina, Julieta Venegas sintió la necesidad de volver a México. Al principio, ese regreso iba a tomar únicamente la forma de un disco inspirado en Tijuana y en la música regional norteña con la que creció, sonidos que hoy experimentan una inesperada popularidad en la industria musical. Pero el proyecto terminó convirtiéndose en algo mucho más profundo.
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― ¿En qué momento te diste cuenta que necesitabas regresar a México?
En un viaje que hice en noviembre del 2024. Desde el momento en que aterricé le decía a todo el mundo que ya iba a volver, algo se me disparó adentro, pero di una vueltota para darme cuenta, porque sabía que extrañaba, sabía que venir me daba algo que no tenía en Argentina, pero a la vez me gustaba estar en Buenos Aires por muchas razones, por mi hija, que estaba más cerca de su padre. Sabía que en algún momento iba a regresar, solo que no sabía cuándo. Hasta que aterricé ese noviembre y me dije: ahora sí, ya es hora.
― “Norteña” también ha sido una excusa para que profundices en tus orígenes en Tijuana, una ciudad que dejaste muy joven para irte a la capital mexicana como una forma de escapar de la vida más tradicional que quería tu familia para ti. ¿Este proyecto te ha permitido reconciliarte con tu ciudad?
No diría que fue una reconciliación, lo que sí me permitió fue reconocer y poner luz en lo que me había marcado. Lo que me empujó a escribir un libro de memorias, a la par que hacer el disco, fue la pregunta de por qué hago música. Y al hacer este proyecto me di cuenta que mi familia me inculcó un amor absoluto por ella, aunque ellos fueron los que más sufrieron cuando yo decidí dedicarme a esto porque les daba miedo, no tenían referentes dentro de la familia.
― No fue fácil para ellos.
No, porque yo me iba a la Ciudad de México a quién sabe qué. En ese momento, decirle rock a mi papá era como hablarle del demonio, todo era muy confuso para ellos y en el fondo también lo era para mí. Todo fue muy inconsciente, sabía que tenía algo que me empujaba hacia la música, pero no tenía un plan, todos estábamos igual de asustados. Si es que tuve una reconciliación en algún proceso de este proyecto, al que yo considero un proyecto de memoria en su totalidad, es una reconciliación con las decisiones que yo tomé. La mía fue una educación que me llevaba a un rol de mujer tradicional: casarme, tener hijos y hacer una carrera más normal.

Julieta Venegas en una imagen de su infancia junto a sus padres y su hermana gemela Yvonne Venegas.
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― Una vida convencional.
Acabo de recordar un diálogo que tuve con mi papá en el que me preguntó qué quieres estudiar y yo le dije música. Me dijo que eso no. Entonces le dije que estudiaría letras y me dijo que eso tampoco era una carrera. Entonces, le dije que no estudiaría nada para que él no pierda dinero y yo no pierda tiempo. Ahora que lo recuerdo me parece que yo era muy lanzada para tener esas conversaciones con mi papá, que era súper estricto y le daba el ataque.
― Es curiosa esa reacción, porque en tu libro de memorias cuentas que quien te motivó a estudiar piano fue él.
Es que para mis papás era lindo que yo tocara el piano, era parte de la buena educación de una señorita, se veía bonito que lleguen los amigos a casa y las niñas toquen el piano, pero todo cambió cuando mi papá empezó a ver a mis amigos rockeros llegar a la casa. No era lo que él tenía pensado, no imaginó las puertas que estaba abriendo. Creo que, en general, para los padres de mi generación representaba un gran susto esa imagen de una mujer que se va a una gran ciudad a hacer música. ¡En qué cabeza cabe! Escribir mis memorias fue bonito porque fue reconciliarme con esa decisión de no haber hecho una vida común, porque sí me torturó durante mucho tiempo.

Julieta Venegas durante un concierto en Lima en 2004. (Foto: Hans Berninzon)
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― ¿En qué sentido?
Es verdad que hago música y hago lo que quiero, pero también está ese lado al que nunca le hice caso y yo no sé si está bien o no, yo no sé si a lo mejor sí tendría que haberme casado y tenido hijos. Pero luego me digo que no, porque nunca estuvo en mis planes, nunca fue un tema, pero simplemente no estaba haciendo un camino que yo o los míos conocieran y eso fue difícil. Sí, me torturaba en el fondo, y no porque siguiera siendo un tema con mi familia, porque cuando me empezó a ir bien mi papá ya no me decía que yo era una necia, sino que era perseverante. Cambió su reacción cuando se dieron cuenta que mis razones para hacer música eran serias, y así fue desde muy chica, nunca quise hacer música por el desmadre o la fiesta, siempre fui un poco monja en ese sentido, me tomaba la música con mucha seriedad. Pero aún así en el fondo me daba vueltas la idea de si tendría que haber hecho una pareja, porque tengo a mi hija pero no la tuve en una situación de pareja, y eso siempre me lo cuestionaba. Pero en este proceso me dije no, esta es la vida que me tocaba hacer y simplemente no tenía otros referentes y qué bueno que yo pueda ser un referente para alguien, para una niña chiquita que me vea y diga sí se puede de otras maneras.
― Es lo bonito y difícil de ser precursor.
Supongo.
― En “Terca”, uno de los temas del disco, hablas de esa reacción inicial de tu familia ante tu decisión de dedicarte a la música, pero también cuentas cómo tu madre te apoyó cuando pensaste en rendirte y volver a Tijuana, porque ella también soñó con ser cantante.
Ella me enseñó a relacionarme con la música. A mi mamá le encanta el mariachi, tiene muy adentro esto de la cantada y sigue siendo así. Por eso para mí cantar es la máxima expresión de la alegría y la unión, no hay mejor manera de expresar la felicidad compartida que cantando todos juntos. Tuve que dar toda esta vuelta y hacer este proyecto para darme cuenta de qué tan importante había sido en mi formación esa manera de escuchar y estar. Yo siempre fui, no sé si decir rebelde, porque no fui alguien que hiciera cosas por rebeldía, pero sí era alguien que se separaba y estaba en su propio planeta. En toda esta vuelta que di para este proyecto, ahora veo y reconozco cómo esa relación con la música me marcó.
― “Te celebramos”, otra canción del disco, la escribes para tu papá a pedido de él. Debe ser el encargo más difícil para un compositor: escribirle una canción a un padre.
Un día me dijo: yo nunca te he pedido nada, pero quiero que me escribas un tema para mis 80 años. Y me lo pidió enfrente de todo el mundo. Yo le dije: pa, ni que fueran quesadillas. Y por un buen tiempo le dije que no le había escrito la canción, pero ya le había pedido a mi mamá que me diera datos y me contara la historia de cómo se conocieron, qué le gustó de él, etcétera. Fue muy lindo el proceso de hacer este tema, porque quise escribir como lo hacía José Alfredo Jiménez. No quería sentarme al piano a componer, quería ir pensando en líneas mientras iba en el auto o caminando por la ciudad. Luego, contacté al mariachi y en su fiesta de cumpleaños le presenté la canción, de esto ya pasaron dos años. Cuando hice este disco, sabía que quería incluir esta canción, aunque es un tema de cumpleaños y es muy específica sobre él. Me gusta que sea la canción con la que cierro el disco porque transmite el espíritu del álbum, tiene la calidez de una fiesta, de un asado familiar.

Julieta Venegas y su hermana gemela Yvonne.
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― Este disco no tiene canciones de amor romántico, pero sí de amor de familia, a la cultura y sobre todo a los amigos. En esta etapa de tu vida, ¿valoras más el amor por los amigos que otro tipo de amor?
La amistad me ha marcado mucho en los últimos años, le he puesto un acento, me doy cuenta de quiénes me sostienen. Antes me volcaba mucho al amor romántico, abandonaba a mis amistades y me iba con mi novio. Ahora, aunque obviamente me gusta mucho el romance y se me hace bonito el amor romántico, sí estoy en una etapa de mi vida en la que aprecio mucho más la amistad, no porque no la apreciara antes, sino porque tiene un lugar más importante, la pongo encima de la parte romántica. Viví durante ochos años en Buenos Aires y la despedida más importante fue con mis amigas, necesitaba ese abrazo con ellas, despedir esa etapa tan importante con ellas.
― ¿Cómo es eso de que eres una mitómana del amor?
Sí, soy una mitómana del amor, hablo de eso en mis memorias porque sentía que tenía que incluir un capítulo del amor porque yo hablo mucho de él en mi música, me ha gustado siempre rondarlo y considero que el amor da esa posibilidad de inventarlo en las canciones. A mí me pasa que cuando conozco a alguien, veo una proyección de alguien espectacular, he idealizado a muchas personas. No quiero decir que me hayan decepcionado, sino que yo me hice una proyección en una persona normal, me dije: ‘guau, es increíble, el mejor, mi vida’. Siento que ese chip me lo metieron muy chica, ya no sé cómo sacarme esa idealización del amor, es muy difícil ver a las personas y enamorarte de alguien sabiendo cómo es, porque le quitas los defectos, pero en la realidad nadie es perfecto, somos humanos y hay que saber vivir con eso.
― En el disco y en el libro también retratas la dualidad de haber vivido y crecido en zona de frontera, ¿cómo esa situación te ha construido como persona?
Estoy atravesada por la frontera al 100%, siempre me he sentido un poco al margen, no me siento alguien de centro, establecida, estoy siempre como flotando. Creo que tiene que ver con una cosa muy profunda, no sabría cómo quitarme esa idea de la cabeza, por más que, después de este proyecto y el proceso que implicó, entiendo cosas de mí que no sabía de dónde venían. Creo que ese sentirme no establecida me lo dio Tijuana. Estás lejos de México, pero a la vez es el país más importante. En mi casa todo era México, México y México. Por más que tenía el otro lado, cruzaba la línea e iba al cine, leía y hablaba en inglés. Lo natural es vivir esa dualidad, tener el cerebro partido en dos.
― En la canción “La línea” hablas de la vida en la frontera a través de la separación, una escena que se repite todos los días en la frontera y que tú, en tus memorias, también abordas. ¿Sientes que es un clima más hostil ahora?
Cuando escribí “La línea” no estaba la cosa como está ahorita, aunque este drama siempre ha existido. Parte de lo que le genera esa energía tan extraña a Tijuana, que es muy difícil de describir, es ese movimiento constante, ese día a día de historias muy traumáticas que son parte de nuestro paisaje. Cuando íbamos a Playas de Tijuana con mi familia, veíamos el borde (con los Estados Unidos), a la gente parada allí todo el tiempo, es algo súper natural, no digo que te acostumbres para nada. Esa historia va subiendo en capas de crueldad, pero siempre ha estado allí. Cuando quería imaginarme ese norte en el que me crié, y quería hacer un retrato en canciones de ese paisaje, tenía que estar el elemento de la migración, no podía obviarlo, es parte del paisaje que existe en mi cabeza.
― ¿Por qué eliges a Yahritza y Su Esencia para este tema?
Siempre los imaginé para el disco, aunque no siempre para “La línea”. Siento que ellos están haciendo una renovación de la música popular mexicana. Son una familia de migrantes al 100%, con una realidad que a veces se pierde de vista. Ellos se fueron a vivir a Estados Unidos, pero su familia, su casa, su cotidiano, es mexicano. Inicialmente, me enamoré de su música y de la voz de Yahritza, que me parece muy expresiva, de gran emotividad y dramatismo, pero a la vez tiene pureza. Después de grabar la canción, me contaron que a ellos les había ocurrido una historia como esa. Los hermanos mayores nacieron en México y los menores nacieron en Estados Unidos. El mayor en algún momento tuvo que volver a México para arreglar sus papeles y fue muy traumático para él. Ellos son de un pueblo de Michoacán, pero se fueron muy chicos. Ya tenían el grupo y en ese momento se separaron de su hermano. Entonces, para ella cantar la canción fue muy fuerte, pero el arte a veces te da esa posibilidad. Yo quiero expresar ese trauma desde la emoción, no desde el lugar político, porque la política cambia y se mueve, pero la emoción, ese trauma de la separación, siempre va a ser el mismo. Si me separas de alguien querido va a ser siempre muy traumático, y eso quiere expresar la canción: el dolor y la esperanza.

Yahritza y Su Esencia. (Foto: AFP)
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― El disco sale en un momento en el que varios artistas han decidido reconectar con sus orígenes a través de la música. ¿Cómo se lee esto en un contexto en donde, por un lado, las redes sociales parecen querernos a todos iguales, pero por otro cada vez surgen más nacionalismos extremistas?
A mí me gusta lo que está pasando en la música, porque me gusta descubrir las raíces de todos. Yo creo que necesitamos ver eso también, ver lo que nos hace ser quiénes somos, volver a lo que nos construyó de alguna manera nos ubica en el mundo. Estamos en un momento en el que nos toca elegir qué camino vamos a tomar, si vamos a tomar el camino de la tecnología, que nos separa de tocarnos y de sentir, porque la manera de relacionarnos se ha visto afectada por la tecnología y nos vemos como entidades que no tienen cuerpo. A diferencia de escuchar un disco que tiene que ver con raíz, que tiene que ver con instrumentos que se tocan. A mí me gusta muchísimo lo que está haciendo Milo J. Todo el mundo piensa como que Argentina es un país que no tuvo una presencia indígena, que es un país blanco, europeo y no, es Latinoamérica. Se me hace muy bonito empezar a conectarnos a través de estas historias que tenemos y que nos construyen. Me apasiona que esté pasando esto, me parece que es una reacción del arte frente a esta cuestión de que tenemos un barniz en donde todos somos más o menos lo mismo, donde los algoritmos nos dirigen en las mismas direcciones. Es un buen momento para extraernos de eso y saber quiénes somos y de dónde venimos y cómo nos relacionamos con los demás. Esa es otra lección.
― Finalmente, tú has hecho muchos estilos de música a lo largo de tu carrera, pero siempre ha persistido esa etiqueta de la rockera. ¿Cómo te sientes ahora con esa definición?
Yo nunca me identifiqué con el rock, me identificaba con el ambiente del rock, porque allí era más probable que se me entendiera. En el momento en el que yo salí, en los años noventa, en el pop no había un lugar para alguien como yo: no me iba a vestir de una manera, no iba a hacer las cosas de una manera y las canciones que estaba haciendo eran mucho más raras. La libertad la sentía en el ambiente que se salía de las vías más tradicionales o mainstream, lo encontraba en los conciertos. Cuando salía con el acordeón, para la gente primero era una sorpresa, luego les generaba curiosidad y creo que eso no lo hubiera encontrado en otros ambientes. Pero siempre me he considerado compositora de canciones con una visión propia. Actualmente, siento que la creatividad femenina está desplegándose en todos los géneros, desde el trap, hasta el reggaetón, el pop y el rock. Está en todos los géneros y yo siento que eso es muy rompedor. La producción femenina, empezando por Rosalía, viene de un lugar en el que no sabes ni siquiera con qué te vamos a salir y eso se me hace muy bonito. En ese sentido, a lo mejor ser mujer es rock, ser una mujer creativa es rock.














