No tiene el lamentable récord peruano de presidentes efímeros, pero el Reino Unido ha visto pasar con demasiada frecuencia a diferentes inquilinos por el número 10 de Downing Street. Ocho primeros ministros en los últimos 20 años y seis desde hace una década, cuando el país apostó por el Brexit y decidió salir de la Unión Europea.
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“A Starmer se le juntaron una serie de problemas enormes. Trump, la guerra en Ucrania, la guerra en Irán, el bajo crecimiento económico, los efectos del Brexit. A esto se suma un personaje sin carisma y extremadamente moderado que no ha tenido las agallas para implementar casi ninguna reforma”, explica a El Comercio Javier Carbonell, director del think tank Future Policy Lab, en España.
“Había una necesidad de resultados rápidos y promesas que se hicieron, y este gobierno ha ido más lento de lo que había prometido con respecto a temas económicos”, señala también Javier Sajuria, profesor de Política Comparada y decano de Educación en la Universidad Queen Mary de Londres.
«El país espera que sigamos gobernando. Eso es lo que estoy haciendo y lo que debemos hacer como gabinete».
Un tema que pegó mucho a Starmer fue el escándalo por el nombramiento, y posterior destitución, de Peter Mandelson como embajador británico en Washington, luego que se revelaran sus vínculos con el depredador sexual Jeffrey Epstein. “Starmer fue el director de la Fiscalía Pública, una especie de fiscal nacional, y ante el escándalo de Mandelson apareció como alguien que no tenía criterio. En el tema de Gaza, al inicio fue muy proisraelí y eso afectó a los votantes de izquierda, y en las elecciones locales a los laboristas les fue peor en las circunscripciones con mayor población musulmana”, expresa Sajuria.

Nigel Farage. (Foto: EFE)
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Dentro del Partido Laborista ya empezó la guerra civil entre quienes buscan ocupar el asiento de Starmer, quien esta semana no ha dado señales de querer dimitir. Pero ya varios de los mecanismos se han activado para que se empiece a delinear su reemplazo. Por lo pronto, 86 diputados laboristas han pedido la renuncia del primer ministro, y de acuerdo con la ley se requieren 81 firmas.
Aún ningún candidato ha declarado formalmente su intención de postular en unas primarias, que podrían darse en setiembre, pero ya hay varios nombres que están alistándose para la batalla de sucesión.
Según las encuestas, el laborista con mayores opciones es el alcalde de Manchester, Andy Burnham, del sector progresista del partido, quien empezó a mover sus fichas. Al no ser legislador, no puede convertirse en primer ministro, pero ya anunció su intención de postularse a unas elecciones parciales para una circunscripción en Makerfield, lo que le allanaría el camino.
Otros rivales de peso son el exministro de Salud, Wes Greeting, quien justamente presentó su renuncia al cargo esta semana para poder acelerar el cambio; y Angela Rayner, antigua mano derecha de Starmer y muy popular entre los sindicatos.
Esta nueva crisis política se da cerca del décimo aniversario del referéndum del Brexit, que sacó al Reino Unido del paraguas de la Unión Europea, una decisión que no trajo al país los beneficios proclamados por los políticos euroescépticos, entre ellos Farage.

Manifestantes a favor del Brexit en 2016. (Getty Images).
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“Necesito recordarles de nuevo lo que Farage decía sobre el Brexit”, expresó Starmer esta semana tras el batacazo de las elecciones. “Aseguró que nos haría más ricos. Falso. Nos hizo más pobres. Dijo que reduciría la inmigración. Falso. Las cifras se han disparado. Dijo que nuestro país sería más seguro. Falso. Es más débil”. Una declaración que más parece un disparo a los pies que una crítica a su rival político.
SONDEO
PRIMER MINISTRO IMPOPULAR
69% de los británicos tiene una opinión desfavorable de Starmer, según sondeo de YouGov. Un 23% muestra una opinión a favor.
Desde que Starmer llegó al poder, hace casi dos años, prometió que trabajaría por reconstruir la relación entre Londres y Bruselas, pero los avances han sido lentos y tardíos, sobre todo luego que el primer ministro se diera cuenta que Estados Unidos ya no era el aliado confiable y que debía mirar nuevamente hacia Europa. Aunque el gobierno no ha hablado de reingresar al espacio aduanero común, sí ha señalado el interés de un mayor alineamiento normativo que permita abaratar los costos para las empresas importadoras y exportadoras.
“El Brexit y la inestabilidad política en el Reino Unido son productos de cambios sociales que se están dando: desconfianza en el sistema político, la fragmentación de los partidos, polarización, bajo crecimiento económico y, por tanto, el declive de las expectativas de la gente que han permitido el auge de la extrema derecha. Estas tendencias, que son comunes al resto de Europa y en el mundo, se expresaron con el Brexit y con las tensiones políticas que estamos viendo actualmente”, señala Carbonell.
Por ejemplo, el tema migratorio, que fue uno de los factores que impulsaron la salida de la UE, ha tenido consecuencias opuestas. “Una de las promesas del Brexit fue la reducción de la inmigración. Efectivamente, ha disminuido el porcentaje de personas que llegan de otros países de la Unión Europea, pero sí ha explotado la inmigración desde Asia y África. Y si eso lo mezclamos con un componente racista, particularmente desde Farage y sus aliados, el tema de la inmigración es lo que más molesta y ellos lo han explotado en términos políticos”, dice Sajuria.
Diez años después, un 56% de los británicos considera que fue un error votar por la salida de la UE, según una encuesta reciente de YouGov, mientras que un 61% piensa que el Brexit ha sido un fracaso.
Según datos de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER), la inversión empresarial ha descendido un 15%, mientras que las exportaciones del Reino Unido han ido a un ritmo más lento que las de otros países del G7, como Japón o Alemania. “El Brexit no provocó el estancamiento del crecimiento en Gran Bretaña, pero sin duda lo agravó», escribió Ryan Bourne, miembro del grupo Economistas por el Brexit, en un artículo de “The Times”.
La eventual salida de Starmer no va a revertir las consecuencias del Brexit ni tampoco solucionará a corto plazo las principales preocupaciones de los británicos, pero el cambio de timón quizá ayude a dar más oxígeno al laborismo, que ya sabe que el extremismo de derecha e izquierda le respiran en la nuca.













