Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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En el futuro, cuando los astronautas empiecen a construir colonias en la Luna o Marte, se alimentarán de espirulina. Considerado por muchos un “superalimento”, estas microalgas han sido propuestas por la NASA como indispensables para futuras misiones en el espacio. Y Perú tiene un clima perfecto para cultivarlas; de hecho, ya se hace, aunque aún a pequeña escala. ¿Pero qué tiene de especial este producto que lo hace tan llamativo incluso para la agencia espacial estadounidense?
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Cultivo, costa peruana y bonos de carbono
Pero la espirulina no solamente es importante por sus aportes nutricionales, sino también por la eficiencia de los recursos utilizados en su producción.
Hay quienes clasifican este producto dentro de los denominados “0 km”: alimentos o bienes producidos, elaborados y consumidos en la misma área geográfica, generalmente a menos de 100 kilómetros de distancia. Este enfoque promueve la sostenibilidad al reducir el transporte, la huella de carbono y el embalaje, además de apoyar la economía local y garantizar una mayor frescura.
A diferencia de la mayoría de productos agrícolas, que dependen de una buena tierra para crecer, la espirulina se desarrolla en sistemas controlados con agua, nutrientes y CO₂, sin necesidad de suelos fértiles y con un uso mucho más eficiente de recursos como el agua.
Según el entrevistado, la espirulina —que en realidad es una cianobacteria— se cultiva en sistemas controlados llamados biorreactores, los cuales funcionan como pequeñas piscinas o recipientes cerrados donde se colocan agua, nutrientes y CO₂ para favorecer el crecimiento de las microalgas.
Velazco explica que el proceso empieza en escalas muy pequeñas y luego se va ampliando progresivamente:
“La espirulina crece así, primero en un tubito de ensayo, luego en 1 litro, 5 litros, 10 litros, 20 litros, 300 litros, y luego 1000 litros; son diferentes métodos de producción, de escalamiento.”
También señala que la espirulina necesita condiciones específicas que son favorables en la costa peruana: “temperaturas entre 30 y 35 °C, alta radiación solar y uso eficiente del agua”.
Además, sostiene que el agua se recircula dentro del sistema, por lo que el cultivo no requiere grandes cantidades de suelo ni desperdicia tantos recursos como la agricultura tradicional.
Por todas estas razones, la costa peruana se convierte en un escenario perfecto para cultivar la microalga.
Y como si todo lo mencionado fuera poco, “cada kilo de biomasa de microalga quita de 1,8 a 2,4 kilos de carbono”. Esta capacidad de eliminar el principal gas de efecto invernadero y hacerlo, además, utilizando luz solar, ha llevado a expertos de la NASA y la ESA a proponerla como un alimento indispensable para futuras misiones espaciales.

Imagen previa al vuelo del crecimiento de espirulina en unidades de experimentación vegetal como parte de la investigación sobre espirulina en la superficie espacial. Foto: Chitose Laboratory Corporation/NASA
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“La espirulina es el alimento que consumen primero los astronautas”, dice el fundador de Livanguard. “Lo primero que se va a producir cuando el hombre llegue a Marte serán cultivos in vitro, y esas son las microalgas”, añade.
Su empresa incluso explora la posibilidad de ingresar al mercado de bonos de carbono, un sector que —asegura— ya despertó el interés de algunas compañías mineras.
Los bonos de carbono son instrumentos financieros equivalentes a una tonelada de CO₂ (o equivalente) que no se emitió o se capturó, permitiendo financiar proyectos ambientales como reforestación o energías limpias. Funcionan como un mecanismo de compensación en el que empresas pagan por sus emisiones mientras incentivan la sostenibilidad.
Barreras y nuevos mercados

Gracias a su eficiencia en el uso de agua y su capacidad para capturar CO₂, la espirulina es estudiada como una alternativa alimentaria sostenible para el futuro.
/ Unsplash
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Sin embargo, el camino para impulsar este tipo de productos en Perú no ha sido sencillo. Velazco sostiene que actualmente existen barreras regulatorias que dificultan la comercialización de espirulina pura como alimento.
“No podíamos sacar registro sanitario porque la espirulina no existe en los códex”, explica. Según comenta, “la espirulina al 100%, debido a su alto valor nutricional, es catalogada como un fármaco, y para nosotros asumir ese proceso regulatorio es impagable”.
Esta es la razón por la que muchas opciones disponibles actualmente en el mercado tienen que mezclarse con otros ingredientes para poder comercializarse dentro del marco regulatorio vigente, por ejemplo, combinadas con maca en proporciones de 50%-50%.
El emprendedor afirma que esta situación ha frenado el desarrollo de parte de la industria local, pese a que la espirulina ya se vende en el país desde hace años, muchas veces importada desde China.
“En Arequipa antes había como cinco productores de espirulina, hoy solo quedan dos. Llegó la espirulina china a precios ridículamente bajos”, comenta, advirtiendo que la calidad no es la misma.
Ante este escenario, Livanguard ha optado por diversificarse hacia distintas aplicaciones de las microalgas. La startup trabaja en alimentos para mascotas elaborados con espirulina —un mercado que ya existe en Europa y que esperan introducir próximamente en Lima—, así como en pigmentos naturales como la ficocianina, un compuesto azul extraído de esta cianobacteria que podría convertirse en alternativa a ciertos colorantes artificiales.
“Recientemente se prohibieron en Estados Unidos algunos colorantes rojos y azules por su relación con el cáncer. La ficocianina, que se extrae de la espirulina, puede convertirse en una alternativa porque no existe otra fuente natural que produzca una concentración tan alta de pigmento azul y que además sea estable”, señala Velazco.
Para el fundador de Livanguard, el potencial de las microalgas apenas empieza a explorarse. “Las microalgas y las cianobacterias son el futuro”, sostiene. Y añade que tecnologías como esta podrían convertirse en una alternativa clave frente al crecimiento poblacional, la reducción de tierras cultivables y la necesidad de producir alimentos utilizando menos recursos.
Livanguard accedió a fondos de ProInnóvate del Ministerio de la Producción, a través del programa Startup Perú Cambio Climático 2G, con un producto de alimentos para mascotas con espirulina desarrollado junto al equipo emprendedor Spiripet.
Recientemente obtuvo el segundo lugar en el Concurso de Química Verde, reconocimiento que valida su propuesta tecnológica y su potencial de impacto.














