Apenas se había servido una ensalada con burrata cuando el pánico se apoderó del salón y centenares de asistentes se lanzaron bajo las mesas sin entender qué estaba ocurriendo.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Los invitados habían tenido que pasar por un arco de seguridad para acceder al salón, pero no para entrar al vestíbulo del hotel.
Durante esos primeros instantes, entre sillas volcadas y manteles levantados, la incertidumbre era total.
Sin cobertura en la sala, los mensajes de alerta a familiares y redacciones quedaban atrapados en la bandeja de salida.
Desde el suelo, se pudo ver al secretario del Tesoro, Scott Bessent, cruzar apresuradamente el pasillo principal escoltado por agentes.
El silencio, denso, solo se rompió cuando comenzó a quedar claro que el incidente estaba fuera del salón y que ya no había peligro inmediato. Entonces, los periodistas volvieron a hacer lo suyo: preguntar.
“Esto es la escena de un crimen”, advirtió un agente a varios asistentes, antes de añadir que el lugar era seguro y que podían evacuar sin riesgo.
Poco después, las autoridades comenzaron a desalojar el recinto. En el vestíbulo y los pasillos del hotel -mismo lugar donde Ronald Reagan fue tiroteado en 1981-, los reporteros informaban a sus medios entre la confusión sobre si la gala se reanudaría.
LEE TAMBIÉN: Investigación preliminar sugiere que Trump era el “probable” objetivo del tiroteo en cena de corresponsales
Trump, a resguardo en una sala, quiso continuar con el evento para no empañar la noche, pero su equipo de seguridad le convenció de abandonar el lugar.
Se dirigió a la Casa Blanca, donde, aún vestido con esmoquin, ofreció una de las ruedas de prensa más inusuales que se recuerdan.
Desde allí, el mandatario, que sobrevivió a un intento de asesinato durante la campaña de 2024, hizo un llamamiento a la unidad y a evitar la violencia.
Ante los periodistas, muchos todavía de gala, adoptó un tono inusualmente conciliador y propuso reprogramar la cena en un mes.
Mientras tanto, en el hotel, los invitados ajenos a la prensa, sin la urgencia de ponerse a trabajar, se recuperaban del susto a su manera.
Algunos se habían llevado botellas de vino de las mesas; otros posaban para fotos en el vestíbulo.
“Es una noche histórica, hay que inmortalizarla”, decía uno de ellos.













