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Hay aspectos de nuestra biología que asumimos como inevitables. Por ejemplo, que si perdemos un brazo o una pierna, no volverán a crecer.
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El segundo estudio aborda la regeneración desde otra perspectiva, pero llega a una conclusión complementaria. Dado que los renacuajos de rana viven en ambientes con menor disponibilidad de oxígeno que los mamíferos terrestres, los investigadores analizaron el papel de este factor en la regeneración.
Al comparar las extremidades en desarrollo de ambas especies, encontraron que los niveles de oxígeno actúan como un auténtico interruptor biológico. En condiciones de bajo oxígeno (hipoxia), se activa el factor HIF1A, lo que favorece la proliferación y migración celular y facilita la expresión de genes asociados a la regeneración.
Por el contrario, en condiciones normales de oxígeno, características de los mamíferos, estos procesos quedan bloqueados. Además, el oxígeno también influye en la estructura del ADN mediante cambios epigenéticos que determinan si los genes regenerativos están activos o silenciados.
En este contexto experimental, basado en extremidades embrionarias in vitro, los autores muestran que es posible activar respuestas tempranas asociadas a la regeneración en tejidos de mamífero, más que inducir una regeneración completa.
Ambos trabajos apuntan en la misma dirección: los mamíferos podrían no carecer completamente de los programas regenerativos. Más bien estos no se estarían activando en las condiciones habituales en las que viven, un entorno biológico que favorece la cicatrización frente a la regeneración.
El cambio conceptual que sugieren estos resultados es importante. La regeneración no sería una capacidad completamente ausente en los mamíferos, sino un estado dinámico que depende de factores como la rigidez del tejido, la composición de la matriz extracelular, la disponibilidad de oxígeno y la regulación epigenética.
No obstante, conviene ser cautos. En estos estudios no se ha logrado la regeneración completa de extremidades en mamíferos. Los trabajos se centran en modelos experimentales –como la regeneración de la punta del dedo o de tejidos cultivados en laboratorio– y analizan principalmente las fases iniciales del proceso.

Si el entorno tisular puede modificarse de forma controlada, podrían abrirse nuevas vías en medicina regenerativa, como mejorar la cicatrización evitando la fibrosis.
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Aun con estas limitaciones, las implicaciones son relevantes. Si el entorno tisular puede modificarse de forma controlada, podrían abrirse nuevas vías en medicina regenerativa, como mejorar la cicatrización evitando la fibrosis, favorecer la regeneración ósea o tratar enfermedades asociadas a alteraciones en la reparación de tejidos, como ocurre en la diabetes.
En definitiva, el problema quizá no sea que los mamíferos no podamos regenerar, sino que aún no sabemos cómo crear las condiciones para hacerlo. Como recordaba el médico y ensayista Lewis Thomas, “somos profundamente ignorantes sobre la naturaleza”. Tal vez estemos empezando a entender que algunas de nuestras aparentes limitaciones biológicas no son tan definitivas como creíamos.
*Francisco José Esteban Ruiz es profesor titular de Biología Celular, Universidad de Jaén. Oscar H. Ocaña Terraza es profesor contratado Doctor en el Departamento de Biología Experimental de la Universidad de Jaén, España.
*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia creative commons. Haz clic aquí para leer la versión original.














