Antes de ser presidente, Donald Trump ya era millonario gracias al negocio inmobiliario que heredó de su padre, pero que él convirtió en un emporio donde su nombre se transformó en su marca. Antes que político, es un empresario, y ni las obligaciones de la Casa Blanca, que son muchas y complejas, lo han desviado de su afán de seguir aumentando su patrimonio y el de su familia.
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“No creo que ahora mismo exista ninguna línea entre las decisiones de política pública y los cálculos políticos y el interés de la familia Trump”, dijo a la agencia AP Julian Zelizer, historiador presidencial de la Universidad de Princeton.
Gracias a la visión de Donald Jr. y Eric, el negocio familiar de los Trump se ha diversificado hacia las criptomonedas, los drones y fondos de inversión. Los hermanos tienen participaciones en Powerus, un fabricante de drones armados que busca contratos con el Pentágono y estados del Golfo Pérsico. Otra empresa vinculada a los Trump, como la israelí Xtend, ya han asegurado contratos millonarios con el Departamento de Defensa de EE.UU.
Días antes de su toma de posesión, en enero del 2025, la familia Trump vendió una participación de su empresa de criptomonedas, World Liberty Financial, a entidades vinculadas al gobierno emiratí por US$500 millones, operación que permitió a la firma de los Trump generar ingresos millonarios a través de inversiones seguras. Posteriormente, la administración Trump autorizó el acceso de dicho país a tecnología avanzada de chips estadounidenses.
Expresidentes fuera del negocio
En los últimos 60 años, los presidentes de Estados Unidos al asumir el cargo han tomado medidas voluntarias para desvincularse de cualquier actividad que pudiera percibirse como un conflicto de intereses.
Lyndon B. Johnson (1963-1969) y su esposa pusieron sus participaciones en emisoras de radio y televisión de Texas en un fideicomiso. Jimmy Carter (1977-1981) hizo lo mismo con su plantación de paltas. Años después, el republicano Ronald Reagan anunció que había vendido todas sus inversiones, salvo su rancho y otra vivienda.
George H.W. Bush, (1989-1993) tuvo una carrera exitosa en la industria petrolera antes de dedicarse plenamente a la política, llegando a amasar una fortuna estimada en 20 millones de dólares. Al llegar a la presidencia se desvinculó formalmente de las participaciones de sus empresas. Su hijo, George W. Bush, quien también llegó a la Casa Blanca, vendió las acciones que tenía en el negocio familiar.
Otro negocio familiar de criptomonedas, American Bitcoin, salió a bolsa en setiembre pasado, generando una ganancia, en ese momento, de 1.000 millones de dólares. Meses antes, el presidente había anunciado una nueva reserva nacional de bitcoin, lo que disparó el precio de la criptomoneda. Luego está TRUMP, la ‘meme coin’ que lleva el rostro del mandatario y que salió a la venta días antes de que prestara juramento para su segundo mandato.

El proyecto Trump Plaza Jeddah ya avanza en Arabia Saudita. (Foto: Dar Global)
/ Dar Global and the Trump Organiz
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“Es cierto que Trump firmó una declaración en enero del 2017, tras el inicio de su primer mandato, en la que transfería el control de sus activos a sus hijos. Pero el problema es que Trump sigue siendo el beneficiario financiero de estas empresas. Cuando él presenta su declaración patrimonial cada año, podemos ver que las mismas entidades que obtienen ingresos del negocio de las criptomonedas, de los hoteles, del golf o de los muchos negocios en los que participa, le reportan beneficios económicos al propio Donald Trump”, cuenta en una entrevista a la cadena NPR el periodista de “The New York Times, Eric Lipton, quien ha investigado acuciosamente las empresas de la familia Trump.
En el negocio de las criptomonedas, los Trump también se han asociado con los hijos de Steve Witkoff, un viejo amigo del presidente y que fue nombrado nada menos que enviado especial de Estados Unidos en el Medio Oriente.
Otro consejero especial es su propio yerno, Jared Kushner, quien encabezó las negociaciones para lograr cese del fuego en la franja de Gaza, y quien desde la primera administración Trump ha estado muy involucrado en Medio Oriente. De hecho, Kushner tiene una firma de inversión, Affinity Partners, cuyos accionistas son, sobre todo, jeques de las monarquías del Golfo Pérsico y su principal inversor es PIF, un fondo público de Arabia Saudí.
“En el caso del mercado de apuestas, donde los hijos forman parte de estas empresas, se ha señalado que desde el entorno del presidente están pasando información para que ciertas apuestas, que son multimillonarias, se coloquen en algunos mercados. Ya no creo que estemos hablando de conflicto de intereses, porque eso se quedó pequeño”, comenta Puerta Riera.
Así, mientras la familia Trump sigue haciéndose más millonaria, las guerras que el presidente ha emprendido están teniendo consecuencias en la economía estadounidense. Por más que los cuestionamientos morales persistan, la ley estadounidense no limita las ganancias que sigue percibiendo el presidente por sus negocios familiares.
“Es muy difícil que se logre algo con el Congreso actual. Los demócratas lo único que pueden hacer, por ahora, es llamar la atención de esta situación y documentar todo. Ahora, si los demócratas obtienen la mayoría en las legislativas de noviembre, o recuperan la presidencia en el 2028, podrían pasar leyes que eviten que otro presidente haga lo mismo. Pero para eso también debe haber una negociación interna dentro del partido, e incluso dentro de los propios republicanos”, dice Puerta Riera.













