Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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Hace unas semanas, el actor Timothée Chalamet lanzó una frase que encendió el debate: dijo que no le interesaba trabajar en el ballet ni en la ópera, disciplinas que —según sugirió— suelen mantenerse vivas más por convicción que por tendencia, incluso cuando parecen no estar en el centro del interés masivo. La declaración, viral y discutida, volvió a traer la pregunta sobre el lugar que ocupan las artes clásicas en un mundo donde la inmediatez del streaming domina el entretenimiento global. Pero más allá de la polémica, surge algo evidente: la ópera sigue generando conversación. Y, sobre todo, sigue viva. Al menos en Lima, una ciudad donde esta expresión artística no solo resiste, sino que encuentra nuevas formas de sostenerse, reinventarse y convocar.
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En el fondo, se trata también de reconectar con una historia que Lima nunca ha dejado del todo atrás. Su tradición operística es, de hecho, fundacional. “La ópera en América nació en Lima”, comenta Molinari, aludiendo al estreno de ‘La púrpura de la rosa’ en 1701, con música de Tomás de Torrejón y Velasco. Desde entonces, la ciudad desarrolló una intensa actividad lírica. “Los antecedentes musicales e históricos son enormes”, subraya. En el siglo XIX, esa tradición se consolidó con temporadas formales y figuras como Rosa Merino, mientras que la escena alcanzó niveles hoy difíciles de imaginar. “Cuando se inaugura el Teatro Municipal, se montaron 36 óperas en cinco meses”, apunta.

El cantante de ópera francés Benjamin Bernheim se presentó en la temporada 2025 del Teatro Municipal.
/ Pablo Macalupu Cumpen
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Esa continuidad, sin embargo, se fue diluyendo. Durante décadas, fueron asociaciones privadas las que sostuvieron la ópera en Lima. “Se ha mantenido viva por el interés de personas y grupos que han trabajado con mucho esfuerzo y amor por la música”, reconoce. Hoy, ese impulso empieza a articularse con una política pública que busca asegurar su permanencia. Incluso —dice entre risas— polémicas recientes como las declaraciones de Timothée Chalamet “terminaron dándole promoción a la ópera sin querer”.

La soprano estadounidense Nadine Sierra se presentó en la temporada de ópera y zarzuela 2025, en el Teatro Municipal.
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La temporada 2026 se desarrollará principalmente en los teatros municipales (Teatro Municipal y Teatro Segura), recuperando su rol histórico como espacios de producción y exhibición. La programación incluye títulos del repertorio clásico como ‘Il trovatore’ de Verdi y ‘Tancredi’ de Rossini, junto a propuestas vinculadas a la historia y la identidad peruana como ‘La púrpura de la rosa’ y ‘Atahualpa’, además de montajes como ‘Cavalleria rusticana’, ‘Pagliacci’ y ‘L’elisir d’amore’ (más información en el recuadro).
ARTE QUE EVOLUCIONA
Desde el 2008, el Festival Granda de Ópera se ha convertido en uno de los pilares de la escena operística en el Perú. Nacido como una iniciativa privada para mantener viva la tradición lírica en tiempos de escasa programación institucional, el festival ha logrado consolidarse como una cita clave en la agenda cultural limeña. En los últimos diez años, bajo la presidencia de Fiorella Simeone, su apuesta ha sido clara: formar públicos y demostrar que la ópera no es un arte lejano ni elitista, sino una experiencia viva y accesible.
“Durante mucho tiempo sentimos que el interés por la ópera estaba un poco dormido”, reconoce Simeone. “Nuestro principal objetivo ha sido acercar nuevos públicos, sobre todo jóvenes”, añade. Para ello, el evento apostó en sus primeras ediciones por títulos reconocibles como ‘La traviata’, ‘Carmen’ o ‘El barbero de Sevilla’, capaces de tender un puente entre la curiosidad y la experiencia. Hoy, con un público más formado, la propuesta puede arriesgar más.
Imagen en 3d de lo que será la puesta en escena de “Aida” en el Gran Teatro Nacional, que se presentará los días 17, 20 y 22 de mayo como parte del Festival Granda 2026. Entradas en Teleticket.
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La temporada 2026 marca un punto de madurez. El festival presentará ‘Aida’, una de las grandes óperas del repertorio, en el Gran Teatro Nacional, un escenario que —según Simeone— permite finalmente desplegar toda la magnitud del espectáculo. “Es una ópera que no se presenta hace muchos años en Lima y que necesita un espacio con las condiciones técnicas adecuadas”, explica. La elección no es casual: ‘Aida’ exige grandes coros, una orquesta amplia y una puesta en escena de escala monumental, elementos que encuentran en el Gran Teatro Nacional su mejor plataforma.
Detrás de esta ambición hay también una visión artística sólida. La curaduría cuenta con el respaldo de figuras como el tenor peruano Ernesto Palacio, lo que permite convocar a artistas internacionales de primer nivel y articularlos con talento local. “Buscamos propuestas innovadoras, que desmitifiquen la idea de que la ópera es aburrida”, señala Simeone.
A pesar de los desafíos (financiamiento, competencia con otros espectáculos, coyunturas políticas) el festival ha logrado crecer. “Es casi una magia que logramos gracias al equipo y a los auspiciadores”, admite. Pero más allá del espectáculo, hay una convicción: la ópera sigue teniendo un lugar en Lima. “Es una experiencia que te atraviesa, que te hace sentir. Hay que vivirla para entenderla”, dice.
En una ciudad que vuelve a mirar su tradición lírica con ambición renovada, el Festival Granda no solo acompaña ese impulso, sino que lo potencia: apuesta por espectáculos de gran escala, forma nuevos públicos y reafirma que, lejos de ser un arte del pasado, la ópera sigue encontrando en la capital peruana un escenario para proyectarse hacia el futuro. //














