La escena ya es un meme y se compone de Álvaro Barco y Franco Velazco lamentándose segundos después de un centro horrible de Andy Polo. La imagen, sin querer, resume el sentir del hincha de Universitario, que en su partido más determinante de Copa (donde estaba obligado a ganarle a Coquimbo), debió padecer la titularidad por 59 minutos de Sekou Gassama y con ello, la decisión de regalarle más de la mitad del partido al rival que terminó llevándose un 0-2 en el Monumental.
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Desde su llegada a Universitario como director deportivo, en julio del 2025, Álvaro Barco trazó el que iba a ser un discurso que auguraba un mejor futuro: no desarmar lo que funcionaba. “El plantel está completo”, dijo en julio, alineándose con Jorge Fossati y descartando fichajes salvo una condición específica: “solo si se libera un cupo de extranjero”. Ese punto de partida —continuidad antes que intervención— marcaría todo lo que vino después hasta llegar al tricampeonato.
Sin embargo, esa misma intervención inicial incluía un matiz que con el tiempo sería relevante: la necesidad de “encontrar un jugador en la ofensiva”. Más que necesidad, una urgencia por los antecedentes más recientes como la decepcionante campaña de Diego Churín.
En septiembre, cuando el foco giró hacia el 2026, Barco evitó nombres propios y reforzó la idea de planificación gradual. No hubo promesas grandilocuentes de fichajes, ni anuncios de “golpes de mercado”. Más bien lo contrario: prudencia estratégica, en un contexto donde incluso —según explicó— la propia Liga 1 condicionaba la proyección de refuerzos (faltaba definir el cupo de extranjeros).
Esa prudencia también se tradujo en evasivas frente a expectativas mediáticas. Ante versiones sobre posibles fichajes como André Carrillo, el discurso fue no comprometerse públicamente.
El cierre del 2025 refuerza ese perfil. En declaraciones recogidas por El Comercio, Barco habló de planificación y de no sobrerreaccionar al éxito: “Cuando uno logra un campeonato cree que todo está bien”. Traducido al mercado: no comprar por euforia. Otra vez, coherencia con el punto de partida.

Universitario ganó el Torneo Apertura y Clausura, por lo que no necesitó jugar finales para coronarse como campeones.
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Pero el 2026 abre un nuevo frente: la ejecución. Ya no se trata de promesas, sino de nombres. Y ahí aparece Sekou Gassama, uno de los fichajes más representativos de su gestión. Sobre él, Barco sí se expone: “Es un jugador distinto… estoy seguro de que marcará muchos goles”. Aquí cambia el tono: de la prudencia estructural al aval individual.
Ese cambio es clave: Barco no prometió grandes fichajes en abstracto, pero sí elevó expectativas sobre incorporaciones específicas. Es una diferencia sustancial. Su gestión no se puede evaluar por lo que no prometió —estrellas mediáticas— sino por lo que sí garantizó: rendimiento de perfiles elegidos.
Eso sí, en una entrevista a este Diario en septiembre del 2025, cuando ya se miraba con mayor atención el 2026, Barco tiró quizá la frase que más lo condena: “No voy a descansar y no voy a fallar en traer a un ‘Lolo Fernández’”.
En esa misma entrevista marcó distancia con su opinión sobre Diego Churín, el extranjero que tampoco cumplió con su rol de goleador: “Diego se consideró que era un valor importante dentro del equipo. Tú puedes ganar partidos, pero si quieres ganar campeonatos tienes que mantener una coherencia dentro del camarín. Y él suma”.
En paralelo, el discurso institucional se mantuvo alineado con la idea de proyecto. “Valdrá la pena esperarlo, es un jugador muy físico, es un diferente, el día que juegue Valera junto con Gassama vamos tener mil alternativas para poder llegar al gol, dijo”. La promesa nunca se cumplió.
Otro elemento que cruza sus declaraciones es el contexto. Barco no habló de fichajes en el vacío: insistió en limitaciones externas, desde reglamentos hasta el ecosistema del fútbol peruano. Incluso llegó a describir el torneo como un “cadáver”, en referencia a la estructura de la Liga 1. Esa narrativa redistribuye responsabilidades: no todo depende del área deportiva.
Entonces, ¿cumplió? Si se hace fact checking estricto, Barco no incumplió promesas rimbombantes porque, en rigor, no las hizo. No ofreció “bombas”, no garantizó nombres top, no habló de revoluciones. Su discurso fue consistente en evitar ese terreno. En ese sentido, hay coherencia.
El punto crítico está en otro lado: en la traducción de su diagnóstico (“falta un atacante”) en rendimiento real, y en la brecha entre la expectativa generada por elogios individuales —como el caso Gassama— y la producción efectiva del equipo. Ahí es donde su gestión sí entra en zona evaluable.
Barco construyó un relato de control, prudencia y contexto adverso; evitó promesas difíciles de sostener; y trasladó la presión hacia el rendimiento de fichajes específicos. No vendió humo. Pero en el fútbol, a veces, no prometer tampoco alcanza: el juicio final siempre lo dicta la cancha. Y ante Coquimbo, la duda sobre Gassama se convirtió en certeza: no es un fichaje para el vigente tricampeón del fútbol peruano.
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