Frente a la Sierra Nevada de Santa Marta, el punto más alto del Caribe colombiano, el río Magdalena se encuentra con el mar. En esa extensión se encuentra una ciénaga de apenas un metro de profundidad, donde palafitos se levantan entre historias de masacres y una cultura que resiste. Ese paisaje es el que atraviesa el nuevo álbum de Carlos Vives, “El último disco”. Desde allí, nos adelanta el artista, parte su nueva colaboración con Juan Luis Guerra.
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Ese impulso atraviesa “El último disco”, un proyecto que saldrá en los próximos meses y que funciona como una declaración de principios. Vives no propone una fecha de lanzamiento clásica, sino que apuesta por la espera próxima. También propone volver a una forma de hacer música que parece en retirada: grabar en vivo, con la banda reunida, capturando la energía del momento. “A la antigua pues”, resalta.
El álbum recorre géneros como el rock, el bolero y el folclore, pero siempre anclado en el Caribe. “La música que extrañas está aquí, por última vez”, plantea como concepto. En tiempos donde —según dice— ya no se dedican canciones ni se sostienen miradas, el disco busca restituir ese vínculo emocional. Además del tema con Guerra, el repertorio gira en torno al amor en sus múltiples formas: como padre, hijo, ciudadano y narrador de su propio territorio.
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“Ya dejé de ser un crítico y vivir amargado por no hacer nada ante tanta violencia. De estar así por las cosas malas que ocurrían en mi tierra, por eso pasé a formar un equipo de trabajo que conoce a las comunidades, trabajamos allá para rescatar la cultura y ganarle un poco a toda la inhumanidad a veces que pasan allí. Y este nuevo álbum no va a ser indiferente a esa situación”, enfatiza.

En sus inicios, Carlos Vives se formó entre Santa Marta y Bogotá, donde combinó la actuación en televisión con sus primeras exploraciones musicales antes de consolidar su vínculo con el vallenato. (Foto: Sony Music)
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Cuando le preguntaron a Gabriel García Márquez cómo definir Cien años de soledad, respondió que no era más que un vallenato de 450 páginas. La frase no es solo una ocurrencia: condensa una tradición donde la música y la narración oral funcionan como archivo. Ese mismo universo —el de los juglares que recorren pueblos contando historias— es el que marcó a Vives, algo que no olvida hasta hoy.
“A mí me pasó algo similar, tanto a Gabo como a mí los juglares nos hicieron lo que somos. Llegaron a mi casa un día, sabiendo que era cada de médicos, y con unos versos nos informaron que el primer trasplante de corazón en el mundo se había hecho en Sudáfrica, por un tal Christiaan Barnard. Ellos eran campesino y pescadores, y mis padres con ni siquiera sabían de eso. Ahí me enamoré del vallenato”, nos cuenta el cantante.

“El último disco” propone un regreso a la grabación tradicional, con la banda reunida en estudio, y recorre géneros como el bolero, el rock y el folclore desde una mirada contemporánea. (Foto: Sony Music)
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El título “El último disco” nace de esa misma lógica. No es un cierre, sino una provocación. Vives lo explica como una forma de contrastar la industria actual con los procesos de antes: escribir, ensayar, arreglar y grabar todos juntos en estudio. El proyecto recupera incluso el imaginario físico del álbum: lado A, lado B, arte gráfico, formatos como el vinilo o el cassette.
“Yo seguí la filosofía del vallenato preindustria, el de los juglares, el de tocar desde casa, el del tipo ciego que está con guitarra y canta sobre el aspecto de la gente que está ahí. Me arriesgué y hoy sé que me arrepiento de haber tomado este camino diferente”, concluye.
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