Más del 40% de los emprendimientos peruanos son liderados por mujeres, muchas de ellas desarrollando sus negocios en un entorno desafiante: con acceso limitado al empleo formal y en un mercado cada vez más digitalizado. Detrás de esa cifra hay historias reales de madres, hijas y hermanas que han decidido tomar las riendas de su destino.
En un país donde la informalidad laboral supera el 70%, el emprendimiento femenino se convierte en un motor de transformación. Está probado que las mujeres reinvierten hasta el 90% de sus ingresos en educación, salud y bienestar familiar, generan un efecto multiplicador en la economía local. Así, el emprendimiento femenino no solo responde a una necesidad económica, sino que, al fortalecerse, mejora ingresos, amplía autonomías y dinamiza comunidades.
Hace más de cuatro décadas encontré en la venta directa un modelo que ofrecía algo concreto: oportunidades reales de progreso económico para mujeres que no tenían acceso al empleo formal. Como parte del crecimiento de Belcorp en la región, hemos acompañado a más de 900 mil consultoras en América Latina en el desarrollo de sus negocios propios, impactando positivamente en sus ingresos y en sus entornos familiares y comunitarios.
En este tiempo he sido testigo de resultados significativos: mujeres que financiaron la educación de sus hijos, accedieron a viviendas propias y consolidaron emprendimientos sostenibles. Pero quizá lo más relevante no sea lo material, sino la fuerza transformadora interior que desarrollan en el proceso. Y ese crecimiento no ocurre solo, requiere de un acompañamiento que permita fortalecer la seguridad personal, contribuya a su liderazgo y refuerce la confianza en sí mismas. Sin ese soporte, muchas veces el potencial no logra desarrollarse plenamente.
Hoy la era digital suma un nuevo desafío. Si bien las generaciones más jóvenes nacieron con la tecnología integrada a su vida diaria, millones de mujeres necesitan apoyo para adoptar herramientas que potencien sus negocios y las mantengan competitivas. Es allí donde se han enfocado nuestros esfuerzos. Solo en el 2024, más de 750 mil consultoras a nivel regional accedieron a capacitación para fortalecer sus emprendimientos. El resultado es claro: quienes utilizaron el catálogo digital para promover y lograr ventas, generaron hasta 50% más ingresos que aquellas que solo venden de manera tradicional. Esta diferencia refleja cómo la tecnología, acompañada de formación y soporte adecuado, se convierte en un acelerador de oportunidades.
Por ello, apostar por el emprendimiento femenino no es solo una decisión socialmente responsable: es estratégica. Las mujeres emprenden con propósito, compromiso y visión de largo plazo. Invertir en su desarrollo genera impacto económico sostenible y fortalece a la sociedad.
Por ello, quiero reconocer a todas las peruanas que han entregado su esfuerzo y compromiso para hacer de su entorno un mejor lugar para vivir, y que transmiten con el ejemplo valores como la responsabilidad, el respeto y la determinación para emprender y salir adelante.
Aún queda mucho por hacer, pero cada mujer que accede a herramientas, capacitación y acompañamiento efectivo contribuye a la construcción de un Perú con mayores oportunidades. Porque el emprendimiento femenino no es un asunto circunstancial ni una causa de un solo día; es una fuerza transformadora que exige compromisos concretos y sostenidos en el tiempo.
Y ahí radica también una forma más profunda de entender la belleza: es la fortaleza de una mujer que descubre que puede construir su propio camino.














