José María Balcázar logró lo que quería. Pasó a segundo plano, le sacaron las luces de encima, varios conflictos sociales se patearon para adelante, los congresistas y todos estamos ocupados en la campaña. Las elecciones son la salvación para un gobierno de transición precario que, para remate, depende de una mayoría congresal pedigüeña, indisciplinada e impredecible. Lo ideal es no necesitar el voto de esta gente, pero, ¿cómo lograr la investidura del gabinete de Luis Arroyo que manda el Art. 130 de la Constitución? ¿cómo llegar vivo al 28 de julio? Me refiero a la vida política del presidente. La biológica fue puesta en duda por rumores malignos que ‘lo hospitalizaron’ sin siquiera verificar su registro de actividades palaciegas. El lunes 23 Balcázar confirmó su vitalidad con una pequeñita triatlón: se puso guantes box, pateó un balón y jugó ajedrez en una entrevista en vivo con Franco Vidal, el alcalde streamer de Ate.
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Sin embargo, Balcázar igual sacó a Miralles, quien se resistió a renunciar (lo hizo explícito en su carta de despedida); y le impidió dar una conferencia de prensa que ella concibió para irse con la frente en alto. En sus pocas declaraciones de los días siguientes, el presidente fue escueto, casi despectivo con la mujer que puso voz a un gobierno enclenque, que lo hizo aterrizar cuando se puso a soñar con Hernando de Soto y que le hizo una rápida inducción en la economía nacional. Fue notorio que no solo habían pedido la cabeza de Miralles los interesados en defender el bolsón sindical y los avales estatales para los préstamos de Petroperú; sino que José María le había perdido la confianza. Además, hay otro factor que pasó por la cabeza de Balcázar y sí es destacable: quería ganar tiempo. No solo él, todos ganamos 30 días para que las elecciones no sean importunadas por una tensión en el hemiciclo.
“Balcázar confirmó su vitalidad con una pequeñita triatlón: se puso guantes box, pateó un balón y jugó ajedrez en una entrevista en vivo con Franco Vidal, el alcalde streamer de Ate”.
Después, mejor
Me he comunicado tanto con el despacho presidencial, con la PCM y con el Congreso; y puedo decirles que, hasta el cierre de estas líneas, no hay fecha oficial para que Arroyo vaya a exponer y obtenga el voto de confianza. Pero les puedo asegurar que la idea compartida por el gobierno y el presidente del Congreso, Fernando Rospigliosi, es patear la exposición de Arroyo ante el pleno después de las elecciones del domingo 12 de abril. Así lo conversaron, según mis fuentes, el 18 de marzo cuando, recién juramentado, el primer ministro visitó a Rospigliosi. Coincidieron en hacerlo luego del 12, pero no les pareció prudente anunciarlo.
Como el primer ministro juramentó el 17 de marzo, los 30 días del plazo constitucional, se cumplen el jueves 16. El miércoles 15 sería un día extremo pero razonable oara el voto de confianza, pues el lunes y martes, los varios congresistas que viajaron a sus regiones para votar (y para cuidar sus votos, los que postulan a reelección); estarán concentrados en seguir el conteo de las listas con peleas mesa a mesa. ¿Y por qué no antes de las elecciones? Según mis fuentes palaciegas (tanto del despacho presidencial como de la PCM), el Ejecutivo no considera prudente distraernos antes del domingo 12. Piensen que con tres bancadas cuyos candidatos están entre los de mayor intención de voto y otras bancadas que sueñan con repuntar para saltar la valla; cualquier trance en el hemiciclo enervaría la neutralidad del Ejecutivo. Los congresistas, además, incluyendo al presidente del Congreso, Fernando Rospigliosi, estarán concentrados en sus propias campañas.

Luis Enrique Arroyo Sánchez asumió la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM), tras jurar al cargo ante el presidente de la república, José María Balcázar, en una ceremonia realizada en Palacio de Gobierno.(Foto: Andina)
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Una fuente me dijo que ve difícil que el gobierno pueda cumplir con una tradición previa al voto de confianza: tener una ronda de conversación con las bancadas si el deadline se considera el día 16. Sin embargo, hablé con una fuente de la presidencia del Congreso que me dijo que es posible que se interprete el plazo de 30 días como manda la normativa de procedimientos administrativas cuando no está expresamente dicho si se trata de días calendarios o hábiles (es decir, descontando fines de semana y feriados). Es cierto que la Constitución dice expresamente “30 días” y se podría argüir que la carta magna está por encima de esas interpretaciones dilatorias; pero si el Congreso impone ese criterio, ¿quién se lo va a rebatir y para qué? En ese caso, descontando sábados, domingos y los feriados de semana santa, el plazo se extendería hasta el martes 28 de abril. Algún día dentro de las dos semanas previas a ese deadline pudiera ser una buena fecha para la exposición de un primer ministro ante un Congreso que, en la figura de Fernando Rospigliosi, no quiere sobresaltos. Ya lo demostró cuando intentó dar largas a la censura de José Jerí.
Luego del 12 de abril quienes pasen a segunda vuelta y quienes los acompañen brincando la valla, tendrán algo que decir. Es muy probable que no quieran ser instigadores de crisis políticas, para no inaugurarse como irresponsables. Por su parte, Balcázar ya dio señales de estar vivo y flexible. Como hizo en la parte pugilística de su triatlón, ya sabe pararse con los codos pegados a las costillas, para evitar golpes arteros, y los guantes pegados a la cara, para no ver algunas cosas desagradables que pasan alrededor.
Arroyo, por su lado, es menos controversial que Miralles. Los MEF, como lo fue ella hasta un día antes de ascender a la PCM, tienen la reputación de tener agendas propias y bloquear demandas con impacto fiscal. Arroyo, que viene del mundo militar, no ha dado ni una señal de demandar la inconstitucionalidad de alguna ley, como la dio Miralles apoyada por el ex PCM, Ernesto Álvarez durante la gestión de José Jerí. Recuerden que Balcázar no solo ha removido a Miralles sino a Gerardo López, el MEF que ella escogió y que había sido su viceministro de Economía. Tampoco se fue muy lejos, pues ascendió lo reemplazó Rodolfo Acuña que ocupaba el otro viceministerio, el de Hacienda, antes de que Miralles fuese ministra.
Aunque ya sabemos que el Congreso impredecible puede deshacerlo todo, las señales y los ajustes básicos para obtener el sí del Congreso parecen ya estar hechos por Balcázar. El domingo 12, se los apuesto, el octogenario, como un ciudadano más que no postula, se emocionará con el flash electoral y el conteo rápido. Balcázar sonreirá maliciosamente cuando vea que no saltan la valla algunos de los aliados que le han estado pidiendo el oro y el moro; mientras él se va acercando al plazo que le permita ser consignado como primer presidente, después de tres defenestrados al hilo, que acabe su mandato en el plazo debido.














