Hay historias que empiezan lejos, pero laten cerca. La de Franco Giambavicchio, por ejemplo, nace en Turín, crece en el rigor del fútbol italiano y, sin embargo, tiene un hilo invisible que lo conecta con el Perú. Su madre, de nacionalidad peruana, es la que hoy lo convierte en una de los ‘Eurocausas’ que más ilusión generan luego de que firmara su primer contrato profesional con la Juventus, uno de los clubes más grandes de Italia y del mundo. No es un detalle menor. Es, en esencia, el primer gran respaldo institucional a uno de sus talentos.
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Su recorrido no empezó en la Juventus. Antes pasó por las divisiones menores del Torino, el clásico rival, donde incluso llegó a portar la cinta de capitán. Ese detalle, aparentemente anecdótico, ayuda a entender su perfil: liderazgo precoz, personalidad para asumir responsabilidades y una lectura del juego que va más allá de lo físico.
El salto a la ‘Vecchia Signora’ marcó un punto de inflexión. En un entorno donde la competencia es feroz y el margen de error casi inexistente, Giambavicchio fue encontrando su espacio. En la categoría juvenil, empezó a sumar minutos, asistencias y, sobre todo, confianza. No tardó en convertirse en un nombre recurrente dentro del radar de los scouts y, poco a poco, en una pieza a seguir dentro del club.
Su crecimiento no pasó desapercibido. A fines del 2025, tuvo la oportunidad de entrenar con el primer equipo de la Juventus, compartiendo sesiones con futbolistas de élite. Ese tipo de experiencias no solo aceleran procesos, también moldean la mentalidad. Es el momento en el que el talento deja de ser promesa y empieza a convivir con la exigencia real.
En paralelo, su nombre comenzó a sonar en el entorno de la selección peruana. Tras una gran trabajo de captación liderado por Daniel Kellerstras, entonces cabeza de esa área que descubrió y convenció nombres como Felipe Chávez o Oliver Sonne, Franco fue convocado a microciclos juveniles y posteriormente considerado en la Sub 17, como parte de ese proyecto que busca ampliar la base de futbolistas formados en el exterior. En un contexto donde el recambio generacional es una urgencia, perfiles como el suyo adquieren un valor especial.
“Franco es un chico categoría 2009, juega de volante volante mixto o interior, puede hacerla un poco la banda también. Es una versión de (Federico) Valverde, pero bueno en otro nivel. Él tiene las raíces peruanas bastantes inculcadas porque su mamá fue la persona que siempre desde chico le inculcó eso. De hecho, según me comentó su mamá, hasta los 10 años, Franco venía todas las temporadas al Perú”, nos dice Daniel Kellerstras, el scout peruano que lo descubrió cuando estaba cono jefe del área de scouting de la FPF.
Daniel escribió hace una semana en su cuenta de X una descripción del juego de Franco: “Es interesante ver como los chicos que captamos en su momento para la FPF van creciendo y siguen una línea de carrera planificada en los equipos más importantes del mundo. Atención con Franco Giambavicchio, es un box to box que en nuestro fútbol no he visto”.
La firma de su contrato profesional con la Juventus -con vínculo que se extiende, según reportes, hasta el 2028- es más que un paso administrativo. Es la confirmación de que el club cree en su proyección. En un sistema donde solo unos pocos logran cruzar esa frontera, Giambavicchio ya dio el primer golpe sobre la mesa.
Pero toda historia necesita un siguiente capítulo. Y el suyo, inevitablemente, estará dividido entre dos caminos que pueden converger: consolidarse en Europa y decidir su futuro internacional. En ese cruce aparece una referencia inevitable: Gianluca Lapadula, otro futbolista nacido en Italia que eligió vestir la camiseta peruana y terminó convirtiéndose en símbolo.
Giambavicchio no es Lapadula. No aún. Pero comparte con él ese punto de partida, esa dualidad que puede transformarse en identidad. La diferencia es que su historia recién empieza a escribirse.
Por ahora, hay una certeza: un chico de 17 años, formado en el corazón del fútbol italiano, acaba de dar el primer gran paso de su carrera en uno de los clubes más exigentes del planeta. Y mientras en Turín empieza a abrirse camino, en el Perú su nombre comienza a pronunciarse con expectativa.
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