Hay partidos que no admiten excusas, ni contextos, ni procesos en construcción. Partidos que no esperan. El clásico del sábado 4 de abril es uno de ellos. Para Universitario de Deportes y para su técnico, Javier Rabanal, no se trata solo de tres puntos: es una evaluación en tiempo real de un proyecto que, hasta hoy, no termina de convencer.
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El contraste con etapas anteriores es inevitable. Con Jorge Fossati y Fabián Bustos, el mensaje era claro y el equipo lo ejecutaba sin titubeos. Había una comunión que se traducía en resultados. Hoy, en cambio, el hincha observa un equipo previsible, sin sorpresa, sin esa voracidad que lo llevó al tricampeonato.
Y en ese contexto aparece el clásico. Un partido que, por naturaleza, amplifica todo: virtudes y defectos. La ‘U’ llega con una fortaleza evidente —ha ganado todos sus partidos en el Monumental—, pero también con una deuda preocupante: no ha ganado de visita en todo el año. Empates ante Cusco FC, Sporting Cristal y Comerciantes Unidos, y la derrota ante Los Chankas (3-1) explican por qué hoy corre desde atrás.
El duelo ante Alianza no solo pondrá frente a frente a dos candidatos. Será, sobre todo, un examen de carácter. Porque ganar no solo significaría recortar la distancia en la tabla. Sería, además, una señal de que el equipo empieza a creer en lo que hace. De que el mensaje, por fin, llegó.
Rabanal, además, tendrá nuevas cartas. Sekou Gassama vuelve como alternativa ofensiva, aunque su temporada ha estado marcada por lesiones y cuestionamientos. Sin embargo, en el amistoso que disputó la ‘U’ el último sábado ante LDU a puertas cerradas, Gassama ingresó en el segundo tiempo y pudo marcar el 2-1 definitivo. Un gol que no suma en las estadísticas oficiales, pero que alimenta en el aspecto moral del plantel.

(Universitario)
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Por otro lado, Bryan Reyna, fichaje de emergencia, aparecía como una incógnita: no juega desde noviembre de 2025 y aún no está claro dónde encajará. Puede ser extremo, interior o segundo delantero. Puede ser solución o simplemente otra duda. Aunque ante LDU sumó minutos como volante/extremo por derecha.
En paralelo, la responsabilidad también alcanza a Álvaro Barco, cuestionado por un mercado de pases que no ha resuelto las necesidades del equipo, especialmente en ataque. La promesa de un delantero de jerarquía terminó diluyéndose en apuestas que, hasta ahora, no han respondido.
Así, el clásico se convierte en una bisagra. Porque el calendario no da tregua: en pocos días, la ‘U’ debutará en la Copa Libertadores ante Deportes Tolima en Colombia. Llegar a ese partido con dudas sería un riesgo innecesario. Llegar con una victoria ante el clásico rival, en cambio, podría cambiar el ánimo, el relato y, sobre todo, la percepción.
En el fútbol, los procesos existen. Pero también existen los tiempos. Y en un club como Universitario, los tiempos son más cortos. Más exigentes. Más urgentes. Rabanal lo sabe. El plantel lo siente. El hincha lo exige.
El sábado no definirá un campeonato. Pero puede definir algo igual de importante: la continuidad de una idea. Porque si la ‘U’ no gana, la pregunta dejará de ser futbolística y pasará a ser estructural. Y en ese escenario, el nombre del técnico volverá a estar en el centro del debate.
El clásico, entonces, no es solo un partido. Es una frontera. Y Rabanal está obligado a cruzarla.
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