Edison Flores habla, explica, respalda. En la semana sin fútbol local de la Liga 1 por la fecha FIFA, el ‘Orejas’ eligió los micrófonos para contar lo que dentro del campo aún no logra decir con la pelota. Se sentó en programas de streaming, dejó reflexiones sobre la interna de Universitario de Deportes y, sobre todo, defendió la idea de su técnico.
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Sin embargo, la pregunta persiste, se repite, incomoda: ¿dónde está el jugador que definía partidos, el que aparecía cuando el equipo lo necesitaba? El que construyó su reputación a punta de goles decisivos hoy vive un momento ingrato que puede explicarse en cinco razones.
Flores dejó de ser ese futbolista que rompía la lógica de los partidos. Su último gol oficial con la camiseta crema fue el 23 de mayo del 2025. Han pasado diez meses desde aquella celebración. Demasiado tiempo para un jugador cuya identidad está ligada al gol.
En ese mismo periodo, su aporte ofensivo se ha reducido a tres asistencias: una en la Libertadores ante River Plate y dos en la Liga 1 frente a Garcilaso y Comerciantes Unidos. Números discretos para un segundo delantero que, por función, debe convivir con el gol. El problema no es solo estadístico, sino simbólico: Universitario perdió a su jugador de momentos, al que aparecía en las finales invisibles.
El calendario no perdona, pero el cuerpo tampoco negocia. Desde mediados del 2025 hasta el arranque del 2026, Flores estuvo 51 días fuera de competencia por lesiones musculares, distensión de muslo y contracturas. Se perdió al menos seis partidos y, lo más importante, perdió ritmo.
En lo que va del 2026, apenas suma 77 minutos en cuatro partidos de Liga 1. Muy poco para un jugador que necesita continuidad para recuperar confianza. El ‘Orejas’ no ha podido encadenar partidos, y en el fútbol moderno eso es casi una condena. La falta de ritmo se traduce en decisiones tardías, movimientos imprecisos y una versión lejana a la que el hincha reconoce.
Flores lo dijo sin rodeos. En el podcast “Hazme el Aguante” habló de sus problemas personales, de un momento difícil en su matrimonio y del rol clave de su madre, Alicia Peralta, para sostenerlo. La exposición mediática, la presión y la vida personal impactan en el rendimiento.
Javier Rabanal lo resumió con una frase que explica mucho: “El futbolista no funciona si no funciona la persona”. En el caso de Flores, ese equilibrio parece haber sido alterado. El ‘Orejas’ no es solo un jugador que atraviesa una sequía, es un ser humano que ha tenido que ordenar su vida fuera del campo para intentar recuperar su mejor versión dentro de él.

Javier Rabanal genera más expectativa en las conferencias post partido con sus conclusiones que en sus planteamientos iniciales. (Foto: Universitario)
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El estilo de Rabanal también juega. El técnico español no es paternalista, no construye desde la cercanía emocional como lo hacían sus antecesores. Su relación con el plantel es más distante, más europea, más fría.
Flores, uno de los capitanes del equipo, representa ese grupo de líderes que se formaron con otra lógica. Aun así, ha optado por respaldar públicamente al entrenador.
“A mi parecer, los jugadores lo han ido entendiendo con el tiempo. Rabanal es un entrenador muy bueno a mi parecer, tiene buenas ideas para el equipo. Me gusta su estilo e idea; siempre me ha gustado ese estilo de juego. Obviamente, yo te puedo decir eso, pero también tienes que ver a todo un plantel que pueda compenetrarse con esa idea. En esa parte, creo que se ha ido entendiendo poco a poco con la comunicación, la charla que él tiene y con todo lo que trata de poder darnos las herramientas para poder sacar adelante al equipo porque él quiere ganar”, dijo Flores en el streaming “Con Calle y Cancha” de GV Play.
Esa distancia, sin ser conflicto, puede explicar parte de su irregularidad. Un jugador de jerarquía también necesita sentirse importante en el discurso del técnico. Y en este Universitario, el protagonismo parece haber cambiado de manos.
El último golpe es deportivo. Flores ya no es titular. El sistema 3-5-2 que mantiene Rabanal tiene matices distintos a los de Fossati o Bustos, y en esa evolución el ‘Orejas’ perdió espacio.

Edison Flores jugó 60 minutos y anotó un gol. No anotaba desde hace 8 meses, fue ante Cristal en el Apertura 2025. (Foto: Universitario de Deportes)
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Hoy, Lisandro Alzugaray ocupa su lugar y suma dos goles en el 2026. Es más vertical, más agresivo en los metros finales, más acorde a lo que el técnico busca en este momento. Flores, en cambio, ha quedado relegado a un rol secundario, sin continuidad ni protagonismo.
El propio jugador lo entiende. “Todos los entrenadores que tuvimos tienen un estilo de juego definido. Cada uno tiene sus diferencias. Al final esto es fútbol y el estilo de juego que siempre uno quiere hacer es el del Barcelona de hace años. Ese le encantaba a todos. Entonces, a mí me gusta y me gustaba en ese tiempo porque era un equipo impresionante. La idea del profe Rabanal se asemeja a esa idea”, dijo Flores sobre el modelo de Rabanal, comparándolo incluso con el Barcelona de antaño. Pero una cosa es entender la idea y otra ejecutarla en el campo.
El caso de Edison Flores no es el de un futbolista que olvidó jugar, sino el de uno que atraviesa una tormenta perfecta: falta de gol, lesiones, temas personales, cambio de rol y adaptación a una nueva idea de juego.
Universitario, que pelea por el tetracampeonato, necesita recuperar a su hombre de los goles importantes. Y Flores, que ha construido su carrera sobre esos momentos, necesita reencontrarse consigo mismo.
Porque en el fútbol, como en la vida, no hay mejor argumento que volver a ser. Y ese camino, hoy más que nunca, depende solo de él.
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