En Lima, ir al trabajo toma cada vez más tiempo. En los últimos 15 años, el tiempo de traslado hacia el centro de trabajo pasó de 1 hora con 7 minutos a 1 hora con 43 minutos. Más aún, en 13 distritos, que representan un cuarto de la población de Lima y Callao, el tiempo de traslado supera las 2 horas.
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Estos tres efectos responden a dos fallas estructurales. La primera es contar con un transporte público atomizado, informal y con baja cobertura efectiva. Aunque el Metropolitano y las líneas 1 y 2 del Metro transportan grandes volúmenes de pasajeros, en conjunto cubren apenas 12% de los viajes en transporte público. El resto se realiza en un sistema fragmentado que opera con aproximadamente 27,000 unidades habilitadas y depende en buena medida de combis informales de baja capacidad, sin integración tarifaria y con escasa regulación.
La segunda falla está en una gestión del tránsito fragmentada y sin capacidad real de coordinación ni fiscalización. La congestión en Lima no se explica por el número de vehículos. De hecho, otras ciudades tienen más autos por habitante y, aun así, menos tráfico [Gráfico 2]. El problema está en vías mal diseñadas, semáforos deficientes y en la señalización que no sigue criterios técnicos homogéneos. [Gráfico 3]
Un factor transversal que ayuda a explicar ambas fallas es la debilidad de la gobernanza del sistema de movilidad. Para reducir los tiempos de traslado y sus costos económicos y sociales, proponemos cuatro medidas:
1. Priorizar la inversión en transporte según su impacto sobre el acceso al empleo. Los proyectos de movilidad deberían evaluarse por cuánto reducen el tiempo de viaje hacia los centros de trabajo y por cuántas personas logran acceder a ellos dentro de umbrales razonables de tiempo.
2. Priorizar intervenciones de bajo costo y alto impacto en la gestión del tránsito. Intervenciones de bajo costo y alto impacto, como la optimización de la semaforización, pueden generar mejoras inmediatas. En esa línea, el proyecto de modernización de 488 intersecciones semafóricas, que cuenta con financiamiento del Banco Mundial, tendría un retorno social superior al 100%.
Lima no puede seguir tolerando que llegar al trabajo tome tanto tiempo, pues las consecuencias terminan impactando fuertemente al mercado laboral y al bienestar de las personas.














