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Papeles, sellos, escritorios y la tinta derramando una rivalidad que está cerca de cumplir los 100 años de malas idas y pésimas vueltas. El último capítulo del clásico más intenso del fútbol peruano no se jugó en Matute ni en el Monumental, sino en los pasillos administrativos. La denuncia de Alianza Lima contra el técnico Javier Rabanal y los futbolistas Jairo Concha y Caín Fara, tras el altercado con hinchas de Sporting Cristal, volvió a encender una rivalidad que no se apaga con el pitazo final. La sanción -cuatro fechas reducidas a una para el entrenador y dos para el mediocampista peruano- fue apenas el inicio de una seguidilla de tensiones que se conectan con otro frente abierto: las acusaciones de racismo que involucran a Universitario de Deportes en su duelo ante UTC.
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La cronología de este enfrentamiento fuera de las canchas tiene episodios que se remontan a una década atrás. En 2016, Alianza Lima ganó dos clásicos por ‘walkover’. El primero, por la mala inscripción del colombiano Juan Pablo Pino; el segundo, porque Universitario no pudo programar el partido tras no recibir garantías de seguridad de la ONAGI. Ambos terminaron con un 3-0 administrativo que dejó heridas abiertas en tienda crema.

Juan Pablo Pino jugó en Universitario de Deportes en 2017. (Foto: Twitter)
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Pino, según señaló en ese entonces el diario Depor, estuvo jugando en el Bastia francés, pero en un equipo equivalente a la quinta categoría. En Primera no lo hacía desde hace casi dos años. En la Federación Peruana de Fútbol no detectaron su situación porque cuando se introdujo su solicitud en el sistema internacional de transferencias (TMS) figuró como último club el Bastia, no se especificaba en qué nivel estaba jugando.Germán Leguía, entonces administrador, se justificó diciendo que la ADFP avaló la inscripción de Pino, que la ‘U’ no tiene culpa de nada. Sin embargo, la regla no avalaba eso.
“El jugador profesional que finaliza su carrera al vencimiento de su contrato y el jugador aficionado que cesa en su actividad permanecerán inscritos durante 30 meses en la asociación de su último club. Este plazo comienza a contar a partir del día en el que el jugador jugó su último partido oficial por el club”, decía la norma.

Así informó Deporte Total el caso Pino.
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Un año después, en 2017, los íntimos volvieron a verse beneficiados en los escritorios. Los reclamos de Alianza Atlético y Juan Aurich contra Real Garcilaso por la mala inscripción de Carlos Neumann terminaron inclinando la balanza del Torneo Apertura a favor de Alianza Lima. No fue un clásico directo, pero sí un episodio que alimentó la percepción de ventaja institucional.
En 2018, el turno fue de Universitario. El club acudió al Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) tras ser sancionado por incumplir el sistema de licencias de la Federación Peruana de Fútbol. El fallo ratificó la sanción, pero la creación de un régimen especial por parte de la FPF permitió a los cremas seguir operando en el mercado de fichajes. La polémica no tardó en instalarse.
El 2020 marcó uno de los momentos más críticos. Tras descender en el campo, Alianza Lima recurrió al TAS para mantenerse en primera división, luego de que el Tribunal de Licencias negara la rectificación de puntos en el caso Carlos Stein. La resolución terminó favoreciendo a los íntimos, que permanecieron en la máxima categoría en medio de cuestionamientos.
La tensión volvió a escalar en 2023, con una serie de reclamos cruzados. Universitario denunció actos de provocación contra Pablo Sabbag y Carlos Zambrano en el clásico, mientras que Alianza Lima acusó hostigamiento de hinchas cremas en la previa del duelo en el Monumental. Ninguno de los casos derivó en sanciones, pero el ambiente quedó cargado.

Carlos Zambrano discutiendo con Nelson Cabanillas tras falta a Piero Quispe (Foto: Leonardo Fernández / @photo.gec).
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Ese mismo año, la primera final de la Liga 1 sumó más capítulos. Universitario reclamó por gestos del arquero Ángelo Campos, mientras que Alianza Lima pidió sanción para Alex Valera por insultar a un árbitro frente a cámaras. Ambos fueron castigados con cuatro fechas, aunque en el caso de Campos se redujo a tres.
En 2024, los conflictos se trasladaron nuevamente a los despachos. Alianza Lima denunció a Jean Ferrari, entonces administrador de Universitario, por un cruce de palabras con un directivo de Atlético Grau, y a Rodrigo Ureña por gestos tras ser expulsado. El mediocampista chileno recibió seis fechas de sanción. La respuesta crema no tardó: reclamaron contra Ángelo Campos por participar en un clásico pese a estar suspendido. El arquero fue castigado con seis jornadas.
El 2025 mantuvo la tendencia. Alianza Lima denunció a Carlos Bustos por gestos en un clásico, lo que derivó en una suspensión de cuatro fechas. Universitario, por su parte, apuntó contra Kevin Quevedo por su celebración en un clásico y contra Sergio Peña por festejos en un partido ante Deportivo Garcilaso. Ninguno fue sancionado.
Y en 2026, además del caso Rabanal-Concha-Fara, el conflicto también se trasladó al vóley. Universitario se impuso 3-0 en mesa tras una mala formación de Alianza Lima, sumando otro episodio a una rivalidad que no distingue disciplinas.
Así, entre reclamos, apelaciones y sanciones, el clásico peruano se ha convertido en un litigio permanente. Uno que se juega tanto en el césped como en los escritorios, donde cada resolución alimenta una historia que parece no tener punto final.
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