Cuatro años después de que el conservador José Antonio Kast agradeciera a “Dios, las familias y a la Patria” su pase a la segunda vuelta de las presidenciales que perdió frente al progresista Gabriel Boric, esa misma fe, a la que sumó una campaña efectista sobre delincuencia, lo convertirá este miércoles en el primer pinochetista en portar la banda presidencial.
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Así, logró convertirse en el presidente electo con mayor número de votos en la historia de la democracia chilena -gracias a ser la primera elección presidencial con voto obligatorio- y comenzó una transición inédita, con injerencias en el Parlamento, giras internacionales y críticas a la Administración saliente, que le llevó a una ruptura jamás vista en la historia de la República.
Visitó a líderes ideológicamente cercanos a él, como el ultralibertario líder de Argentina, Javier Milei, que fue la primera parada internacional de Kast como presidente electo y al que lisonjeó e, incluso, se fotografió con una motosierra, símbolo de los recortes económicos del gobierno ultraliberal argentino.
Al presidente de El Salvador, Nayib Bukele, le pidió ayuda para “mejorar el sistema penitenciario”, aunque también se reunió con el progresista presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva.
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Hijo de una próspera pareja de migrantes alemanes -su padre estuvo afiliado al partido nazi y participó en la II Guerra Mundial- y licenciado en Derecho por la Pontificia Universidad Católica, Kast fue diputado 16 años por el partido conservador Unión Demócrata Independiente (UDI), creado por la dictadura, que abandonó para postularse como independiente a las elecciones de 2017, en las que apenas obtuvo el 8% de los votos.
En 1989 defendió el sí en el referéndum sobre la continuidad en el poder del dictador Augusto Pinochet, con el que su familia siempre tuvo estrechos lazos: es hermano de Miguel Kast, el ministro y economista que fundó, junto a otros, el sistema ultraliberal en Chile, en base a los postulados de los ‘Chicago Boys’.
En varias ocasiones, ha realizado declaraciones en favor de la dictadura, criticadas con dureza por las asociaciones de víctimas, e incluso dejó entrever que es favorable a liberar a los miembros del antiguo régimen que se encuentran en cárceles del Estado condenados por torturas, asesinatos, desapariciones y otras violaciones de los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad.













