Parece una bronca de segunda, pero es una bronca de primera vuelta. En la segunda estará claro a quién golpear; en la primera, impulsivamente, Renovación Popular (RP) confronta a su vecino más grande de la derecha porque, supuestamente, comparte el afán de conquistar un mismo electorado indeciso. En realidad, esto no es exacto: las fortalezas de los celestes de RP son distintas a las naranjas de Fuerza Popular (FP). Por eso, la pelea no es necesariamente la más rentable; pues se disputan bolsones de indecisos con una compleja matriz de transferencia de votos entre demasiados candidatos.
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Conclusión y proyección preliminar de la bronca: si ambos pasaran a segunda vuelta, ya podemos intuir por dónde vendrían los golpes mayores. Los celestes tienen, estadísticamente, las de ganar (según proyecciones que Ipsos ha hecho de segundas vueltas en distintos momentos), porque el antivoto de Keiko es muy grande (54% versus 4.7% de RLA). La base histórica de ese antivoto es la herencia de corrupción que provocó la caída, primero del asesor Vladimiro Montesinos y luego del propio Alberto Fujimori en el 2000. Por ahí se cebaría el ataque de RLA, que ya lanzó un puyazo el domingo pasado, en Canal N, instalándose en esa narrrativa: “Para mi, Montesinos está en la campaña asesorando a esta señora, porque a ella tampoco le da tanto el cerebro, pero creo que Montesinos sí”. Los naranjas, en cambio, como ya se adivina en el video de Keiko, apuntarán a la personalidad de RLA, buscando y hasta provocando ejemplos de agresividad, intolerancia y misoginia.
El nudo de la pelea
Los celestes tenían todas la de ganar el 17 cuando se censuró a Jerí. Keiko quedó en triste minoría. Pero el 18 se volteó el pastel con el triunfo de José María Balcázar, que dio a los fujimoristas un argumento dorado que repetirán hasta el fin de la campaña: la irresponsable censura promovida por RP llevó a un desastre. La réplica celeste a esto se puede parafrasear así: ‘tal es el odio que nos tienen que votaron por Balcázar’. Esto no se puede demostrar. Ninguna bancada pidió a sus congresistas que mostraran sus votos.

«Los celestes tenían todas la de ganar el 17 cuando se censuró a Jerí. Keiko quedó en triste minoría. Pero el 18 se volteó el pastel con el triunfo de José María Balcázar, que dio a los fujimoristas un argumento dorado que repetirán hasta el fin de la campaña: la irresponsable censura promovida por RP llevó a un desastre». (Foto: Cesar Bueno / @photo.gec)
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Lo que podemos asegurar es que FP perdió tres votos (dos de ellos, Héctor Ventura y Cruz Zeta, estaban acompañando a Keiko en una gira por el Norte; y David Jiménez se fue luego de la primera votación por un problema de salud, según mis fuentes fujimoristas). Diversos reportajes han calculado que dos o tres votos pudieron pasar a Balcázar, por razones personales o por interpretaciones alambicadas de la pica naranja. Una connotada fujimorista, Martha Chávez (candidata al senado nacional en el puesto 2), soltó esto en un post previo a la elección: “¿Tratarán ahora que los votos de FP salven al país de la inestabilidad generada por mero cálculo electoral, soberbia e irresponsabilidad? ¡Provoca pedirle a mi bancada que se mantenga al margen y que los del chiquero y sus satélites apechugen!”.
Chávez no está ni en la bancada ni en la cúpula dirigencial. Hablaba por sí sola, pero expresó lo que muchos de sus correligionarios sentían, aunque la situación les impidiera actuar en base a la pura pica. María del Carmen Alva, inscrita por su bancada de AP el 17 y promovida públicamente por RP, llamó en la víspera de la elección a la dirigencia fujimorista pidiendo su respaldo. Le dijeron que le contestarían después de reunirse. Lo hicieron en la mañana siguiente, sin Keiko, que estaba de gira. Según mi fuente, no faltó congresistas que plantearon la abstención, pero al ver la matemática del voto y lo que se jugaba, decidieron que tenían que votar a favor. Si uno o más se volteó en secreto, no podemos estar seguros. FP asegura que los votos migrados ocurrieron en APP, en AP y en Somos.
No habría razones para dudar del voto celeste, pues la bancada lideraba el proceso. Pero hubo desorden y desplanificación. No hicieron campaña por Alva llamando y negociando con bancadas. Incluso, Roberto Chiabra ha contado en Willax que Norma Yarrow le propuso ser candidato, lo que revela muchas dudas y desplanificación en el insólito miércoles 18 de febrero en el que la extrema derecha, sin querer, puso a un izquierdista en Palacio de Gobierno.
Los naranjas no dejarán de echar en cara a los celestes el desmadre del 18. Pero solo lo harán cuando los provoquen. Los celestes no están en plan oficial de provocación -me quedó claro cuando los busqué para esta crónica- y aún no salen del shock del 18. Pero no pueden controlar las emociones de su candidato líder, que, sumadas al ‘impacto Balcázar’, ha provocado disidencias en líderes empresariales y de opinión que le eran afectos. Por supuesto, ello no tiene que mover, en absoluto, a la gran masa de votos. En realidad tiene efecto en dos sentidos opuestos: pierde respaldos útiles para su campaña; y a la vez gana perfil de anti sistema.
Conversando con mis fuentes fujimoristas, queda claro que no consideran estratégico provocar la pelea, pero evaluarán cada provocación. Keiko, además, no es política de esgrima y de réplica inmediata; sino de training y persistencia. Ha puesto en duda su voto de confianza al gabinete Miralles, con lo que no se distingue tanto de RP, que hasta lanzó un comunicado amenazando con otra censura. El plazo para dar la confianza al gabinete se vence el 26 de marzo, apenas dos semanas antes de las elecciones. Es probable que el gobierno lo arrastre cerca de esa fecha; cuando la campaña descarte la utilidad electoral de un lío entre Congreso y Ejecutivo. Otros colores, además del celeste y el naranja, disputarán la visibilidad en el cuadrilátero.














