Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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De Cumbres Borrascosas se han hecho tantas versiones, entre oficiales y adaptaciones libres, que resulta difícil contarlas todas. La esencia dramática de la novela de Emily Brontë ha inspirado desde películas y obras de teatro, hasta telenovelas en distintos países. La más reciente versión cinematográfica ha llegado hace poco a carteleras, con Margot Robbie y Jacob Elordi. Pero en el Perú, muchos años antes, ya se había intentado una adaptación local del clásico inglés.
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La penetración de la televisión peruana todavía era simbólica. Hacia abril de 1960 funcionaban unos 107 000 televisores en Lima, una cifra modesta para la capital pero suficiente para convertir cada aparato en un punto de reunión. El recordado periodista de espectáculos y crítico de televisión Alfredo Kato, conocido como “El Mirador”, nos recuerda que la producción de “Cumbres Borrascosas” reunió a Ricardo Blume y Saby Kamalich como protagonistas, junto a Silvia “China” Gálvez y Connie Bushby, bajo la producción de Daniel Camino Diez Canseco. Durante un mes y poco más, la trágica historia de los amantes Heathcliff y Catherine se integró a la rutina doméstica.
Más que una telenovela, era en realidad teatro transmitido, o “teleteatro”. Los capítulos se realizaban en vivo y no había posibilidad de repetir escenas. Si alguien olvidaba el libreto, debía improvisar; si un decorado fallaba, la función continuaba. Los libretos eran del recordado Enrique Victoria y la dirección artística, de su amigo, el primer actor Carlos Gassols. Desde la pantalla se veía a un Ricardo Blume de apenas 30 años —ya entonces un actor de gran presencia y uno de los galanes más reconocidos del medio peruano— interpretar a Heathcliff entre fondos pintados, árboles de utilería y otros recursos escénicos destinados a sostener la ilusión.

Ricardo Blume y Saby Kamalich en el papel de Heathcliff y Catherine. La foto está tomada de un reportaje sobre historia de la televisión peruana, emitido por América TV.
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El periodista e historiador de televisión Fernando Vivas recuerda en su libro «En vivo y en directo” que aquellos primeros teleteatros producidos por Daniel Camino buscaban rodear la programación de un aura cultural y de prestigio. La televisión peruana por entonces aspiraba a legitimarse como medio serio antes de volverse plenamente popular. Así apostaron por Cumbres Borrascosas, con Cathy y Heathcliff citándose “en una montaña de cartones arrugados”. Estas producciones buscaban aportar una pátina de respetabilidad cultural a la telenovela clásica.
Diez días después del estreno ocurrió un hecho que marcó al mundo. El 22 de noviembre de 1963 el presidente estadounidense John F. Kennedy fue asesinado en Dallas. Carlos Gassols recuerda ese momento en su libro de memorias Mi vida en el teatro. La adaptación se realizaba en vivo y ese día, al subir al switcher, encontró a un operador con los ojos abiertos de par en par: “Chico, ¿has visto? ¡Mataron a Kennedy!”. El magnicidio, comprensiblemente, acaparó la atención de los medios y del público, pero —según Gassols— no disminuyó el interés por Cumbres Borrascosas. La función, simplemente, tenía que continuar.

La versión más conocida de “Cumbres borrascosas” es la de 1939, con el gran Laurence Olivier en el papel de Heathcliff y Merle Oberon como Catherine. Es una historia de amor.
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De aquella adaptación no existe material de registro porque el videotape entonces estaba en pañales. Cada episodio se emitía y desaparecía. Solo Canal 2 había probado con la tecnología de registro en 1962. Existen algunas fotos perdidas. Una de las pocas huellas materiales de la producción es un aviso publicitario conservado por el señor Alfredo Kato. La imagen muestra a Heathcliff solo, apoyado en un árbol retorcido y en actitud atormentada. El texto anuncia la obra como “historia de amor y de venganza, de odio y locura”. No hay fotografías de actores ni escenas: parece más un afiche teatral que televisivo.
Por eso hoy la primera Cumbres Borrascosas hecha en el Perú es una obra fantasma. Solo sobreviven avisos de programación, notas periodísticas, recuerdos dispersos y testimonios de quienes participaron o la vieron. Durante media hora diaria de 1963, el páramo inglés existió en Lima; luego desapareció sin dejar imágenes. La historia de Heathcliff y Catherine tuvo en el país un destino curiosamente fiel a su espíritu. Fue una pasión intensa, compartida por muchos y destinada a persistir únicamente en la memoria de quienes la vivieron. //















