Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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Durante el 2025, el gasto del sector privado sostuvo un notable dinamismo. La inversión privada creció 10,1%, su mayor ritmo desde 2012 sin considerar el rebote postpandemia; mientras que el consumo privado avanzó 3,6%, la tasa más alta desde 2018. Con este desempeño, se consolidaron como los principales motores de la economía, así como de la generación de empleo de calidad e ingresos. De cara al proceso electoral, el próximo gobierno deberá sostener este impulso y liberar el potencial de crecimiento del país.
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El avance de la inversión privada respondió, en parte, al dinamismo de la inversión minera, que habría crecido alrededor de 16%, asociado al inicio de proyectos como Tía María y Zafranal, así como la construcción de San Gabriel y ampliaciones en Shougang. A esto se sumó un fuerte avance de la inversión no minera, favorecida por un entorno de mayor confianza empresarial: las expectativas empresariales se consolidaron en el terreno optimista en 2025, dejando atrás un periodo de más de cuatro años de pesimismo que se extendió hasta mediados del 2024. Dentro de este rubro, la inversión residencial se recuperó, con un avance cercano a 3%, luego de acumular tres años consecutivos de caída.
El crecimiento del consumo privado se dio en un contexto de baja inflación y mayor dinamismo del mercado laboral: el empleo formal y los ingresos laborales reales (ajustados por la inflación) anotaron sus mayores tasas de crecimiento en más de una década. Este mayor gasto se reflejó en las importaciones de bienes de consumo, que crecieron 12,9% en 2025, principalmente impulsadas por la compra de automóviles (28,0%) y prendas de vestir (19,5%). A enero de 2026, la tendencia continuó: las importaciones de consumo aumentaron 9,5%, con un alza particularmente elevada en vehículos (61,9%). En paralelo, el crédito de consumo también se viene recuperando: luego de tres trimestres de caída, volvió a aumentar desde el segundo trimestre de 2025, y en el cuarto trimestre creció a su mayor tasa en dos años.

Durante el 2025, el gasto del sector privado sostuvo un notable dinamismo. La inversión privada creció 10,1%, su mayor ritmo desde 2012 sin considerar el rebote postpandemia.
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El gasto privado seguiría mostrando un alto dinamismo a inicios del 2026. El IPE estima que la inversión privada mantendría un crecimiento cercano a 10% en enero, consistente con indicadores adelantados como el aumento del consumo de cemento (14%) y de las importaciones de bienes capital (7%). Además, los retiros de fondos de AFP realizados desde fines del 2025, que elevan transitoriamente el ingreso disponible de los hogares a costa del ahorro para su jubilación, continuarían dinamizando los sectores vinculados al consumo al inicio del año.
Asimismo, los precios históricamente elevados del oro y el cobre, con perspectivas al alza para 2026, seguirán favoreciendo la inversión minera. En esa línea, las expectativas empresariales sobre la economía, inversión y contratación formal sumaron 19 meses consecutivos en terreno optimista hasta enero, lo que sugiere que el entorno de negocios ha internalizado parcialmente el ruido político y continuará reforzando el dinamismo de la economía en estos primeros meses de 2026.
Pese al inicio favorable, las perspectivas para el resto del año son mixtas, principalmente por la incertidumbre electoral. En años de elecciones, el segundo y tercer trimestre históricamente han registrado desaceleraciones de la inversión privada, salvo en 2021 debido al rebote de la pandemia. En este contexto, la elección de un presidente que impulse propuestas que afecten la seguridad jurídica frenará el crecimiento. A ello se suma el riesgo de que la crisis política continue deteriorando la sostenibilidad fiscal y retrasando la implementación de reformas estructurales necesarias. Además, preocupa el avance de la criminalidad y las economías ilegales. Finalmente, en el ámbito internacional, las tensiones comerciales y la desaceleración de la economía de nuestros principales socios anticiparían un impacto negativo sobre el comercio global de bienes.

Pese al inicio favorable, las perspectivas para el resto del año son mixtas, principalmente por la incertidumbre electoral.
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Sin estos obstáculos, la economía peruana debería crecer al menos 6%, muy por encima del 2,7% estimado por el IPE para 2026. A puertas de las elecciones, el reto del próximo gobierno sigue siendo reducir las fuentes de incertidumbre, promover la inversión privada y el empleo de calidad, y evitar decisiones que ya han probado ser costosas, como desconocer los contratos público-privados, intervenir en los mercados o iniciar nuevas aventuras vía empresas estatales.















