La Corona británica enfrenta una nueva crisis tras el arresto y posterior liberación del expríncipe Andrés en su residencia de Norfolk, justo en su cumpleaños número 66. Andrés Mountbatten-Windsor, exduque de York y hermano del rey Carlos III, es investigado por sospechas de mala conducta ante la presunta filtración de informes confidenciales al fallecido financiero y criminal sexual Jeffrey Epstein, en el 2010.
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Denuncia de abuso
El hermano del rey fue despojado de sus títulos reales en octubre del año pasado, luego de que una de las víctimas de Epstein, Virginia Giuffre, alegara que había sido traficada para mantener relaciones sexuales con Andrés alrededor del 2001, cuando ella era menor de edad (tenía 17 años).
Giuffre presentó una demanda civil contra el hermano del rey en Estados Unidos en el 2021, y el caso se resolvió mediante un acuerdo extrajudicial en febrero del 2022 por una suma estimada de 12 millones de libras (unos US$14 millones en ese momento). Andrés siempre negó conocerla, aunque no supo explicar una fotografía en la que aparecen juntos.
“Quitarle los títulos y los honores fue una medida preventiva para evitar daños colaterales. La Corona ya había comenzado a tomar distancia mucho antes del arresto”, señala Mera.
“Antes de que se le retiraran los títulos, Andrés era una figura prácticamente intocable dentro de la familia real. Eso ya no existe”, añade.
Sin embargo, su trayectoria ya había estado marcada por escándalos. Paula Froelich, reportera estadounidense, cuenta que Andrew Lownie, historiador, biógrafo y autor del libro ‘El ascenso y la caída de la Casa de York’, le relató que el expríncipe Andrés tenía una obsesión con las trabajadoras sexuales e incluso trasladó esos hábitos a su residencia en el Palacio de Buckingham.
“Por supuesto que la reina sabía (de las inclinaciones de Andrés). Estaba informada”, de acuerdo con Lownie. “Pero él era su hijo predilecto y se salía con la suya en todo. Lo ocultaron. Hasta ahora”, narró la periodista.

El entonces príncipe Andrés, Virginia Giuffre cuando era menor de edad y Ghislaine Maxwell posando para una foto. (AFP).
/ HANDOUT
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Mala conducta en cargo público
Andrés Mountbatten Windsor ha enfrentado años de escrutinio por la estrecha relación que mantuvo con Epstein.
En una entrevista en el 2019 con la BBC, señaló que la última vez que vio a Epstein fue en diciembre del 2010, supuestamente para comunicarle que su amistad había terminado. Sin embargo, en vísperas de Navidad de ese mismo año, presuntamente envió un informe confidencial sobre oportunidades de inversión en la reconstrucción de la provincia de Helmand, en Afganistán, bajo supervisión en ese momento de las fuerzas armadas británicas y financiadas con dinero del gobierno del Reino Unido.
En aquel momento Andrés se desempeñaba como enviado comercial del gobierno británico, un cargo que combinaba la función de embajador y la de promotor comercial. La idea era usar su título real para ayudar a la comunidad empresarial británica, y viajó por el mundo en representación del gobierno.
Según explicó ‘The New York Times’, en el sistema británico se incurre en el delito de mala conducta en cargo público cuando un funcionario incumple de manera deliberada sus deberes o actúa de forma indebida, abusando de la confianza depositada en él. Se trata de una figura jurídica muy antigua que no está codificada en una ley específica, sino que proviene del derecho consuetudinario, desarrollado a lo largo de siglos mediante precedentes judiciales.
Hasta ahora, ningún proceso había puesto a prueba si un miembro de la familia real podía ser considerado funcionario público bajo esta figura. El delito contempla una pena máxima de cadena perpetua.
Postura del rey

FILE – Britain’s Prince Andrew, left, and Britain’s King Charles III leave after the Requiem Mass service for the Duchess of Kent at Westminster Cathedral in London, Tuesday, Sept. 16, 2025. (AP Photo/Joanna Chan, File)
/ Joanna Chan
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Carlos III expresó oficialmente sentirse “preocupado” por la noticia del arresto de su hermano.
“Lo que sigue ahora es el proceso completo, justo y adecuado mediante el cual este asunto será investigado de la manera apropiada y por las autoridades competentes”, indicó el monarca.
“En esto, como he dicho antes, cuentan con todo nuestro apoyo y cooperación, plenos y sinceros. Permítanme dejarlo claro: ‘la ley debe seguir su curso’”, añadió el rey.
Al respecto, el historiador de la PUCP comenta a este Diario: “La reacción del rey no es frialdad; es una estrategia de protección institucional. La Corona debe preservar la línea directa de sucesión y la estabilidad del sistema”.
Y recuerda que, en el Reino Unido, la justicia se administra en nombre del rey. Esto significa que, si el expríncipe Andrés es procesado, lo será en nombre de su hermano.
“Por eso la Casa Real tiene que deslindarse claramente de cualquier conducta que pueda comprometer a la institución”, añade el experto en la realeza europea.
Mera considera que “los libros de historia recordarán a Andrés como el hijo favorito de la reina que terminó protagonizando la mayor caída de un miembro de la Casa de Windsor en la era contemporánea”.

La reina Isabel II (centro) saluda desde el balcón del Palacio de Buckingham, flanqueada por sus hijos, Carlos (izq.) y Andrés, el 15 de junio de 2013. (Foto de CARL COURT / AFP).
/ CARL COURT
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Los archivos de Epstein implican también a otros miembros de la élite británica. Peter Mandelson, veterano operador político británico que se desempeñó como embajador en Estados Unidos, habría cometido “mala conducta en un cargo público” al compartir documentos gubernamentales confidenciales con Epstein.
Sarah Ferguson, exesposa de Mountbatten Windsor y antigua duquesa de York, mantuvo una larga correspondencia personal con el convicto mucho después de que el financiero, ya caído en desgracia, fuera condenado por solicitar servicios de prostitución en 2008.
Otras figuras prominentes de la escena política han renunciado a sus cargos o enfrentan investigaciones tras las nuevas revelaciones sobre sus vínculos con Jeffrey Epstein, entre ellas Kathy Ruemmler, exabogada de la Casa Blanca durante el gobierno de Obama; George Mitchell, exsenador de Estados Unidos; Jack Lang, exministro de Cultura de Francia; Larry Summers, expresidente de la Universidad de Harvard; Miroslav Lajčák, expresidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas; y Thorbjørn Jagland, exprimer ministro de Noruega.














