La noche del debut de Sekou Gassama en Universitario de Deportes tuvo algo de preámbulo emocional y mucho de ceremonia colectiva. Cuando el cartel luminoso anunció su ingreso en el segundo tiempo, el Estadio Monumental se levantó como si la presentación de un jugador de metro noventa pudiera, por sí sola, alterar el rumbo de un partido que ya la ‘U’ tenía encaminado ante Cienciano, pese a un susto en los últimos minutos.
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Para quienes conocen el oficio de interpretar primeras impresiones, como Diego Penny, lo de Gassama fue más terrenal. Penny, que defendió al Burnley y vivió de primera mano la adaptación a una liga ajena, observa en él un jugador que todavía está en el proceso de encontrarse técnicamente. “Es un delantero al que le cuesta un poco con la pelota, pero su capacidad física es diferencial en el fútbol peruano; hay pocos con ese biotipo”. Su lectura subraya la ansiedad lógica del debut y pone el foco en la tarea que tendrá Javier Rabanal para dosificarlo, usarlo cuando el duelo pida aguantar de espaldas o atacar espacios amplios. “No se puede sacar una conclusión definitiva porque jugó poco. En la ‘U’ la competencia exige estar un escalón arriba”.
Ese mismo equilibrio aparece en la mirada de Luis Guadalupe, quien conoce la camiseta crema desde adentro y entiende mejor que muchos la vida del delantero que luego terminó en la zaga. Para él, el estreno de Gassama no fue ni rutilante ni discreto, sino lógico: un jugador con potencia y fortaleza natural todavía lejos de su mejor ritmo. “Le falta ritmo de competencia, pero eso llegará con partidos. Tiene condiciones para aportarle mucho a la U”, asegura. Y basta recordar dos acciones puntuales: una pelota dividida que ganó por pura corpulencia, otra que perdió por falta de timing.
La tercera mirada, la de Pedro Ortiz Bisso, añade una capa distinta: la perspectiva histórica de quien ha estudiado al club y alude a esa línea sucesoria de delanteros que la directiva ha intentado encontrar para complementar a Valera. Ortiz Bisso, autor del libro “Tricampeones”, observa a Gassama como un 9 de la vieja escuela, un pescador de área cuya misión es transformar errores ajenos en goles propios. “Salvo Herrera, los últimos delanteros que ha traído la U para competir con Valera son muy parecidos: posicionales, grandotes y torpes con el balón”. Para él, Gassama puede anotar goles, pero “no parece ser el delantero que necesita el tricampeón del fútbol peruano”.
Y tal vez esa sea la síntesis más justa del debut: un escenario donde coexisten el entusiasmo, las dudas razonables y la lectura crítica de quienes entienden que un delantero no se mide por 30 minutos, pero sí puede dejar señales en ellos.
El tiempo -y los goles, si llegan- determinarán cuánto de esa noche fue preludio y cuánto fue ilusión. Por ahora, basta con decir que el Monumental encontró una nueva figura en la que depositar esperanza.
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