La guerra en Ucrania está a punto de cumplir cuatro años sin que se haya encontrado mecanismos eficaces para frenar la ofensiva rusa. Incluso la promesa de Donald Trump de poner fin al conflicto, formulada durante su campaña presidencial en Estados Unidos, no se concretó en su primer año de regreso a la Casa Blanca. No obstante, el mandatario republicano habría fijado ahora un ultimátum a Kiev y Moscú: alcanzar un acuerdo que ponga fin a la guerra antes de junio.
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La administración Trump está presionando a Moscú y Kiev a poner fin a la guerra mediando recientemente dos conversaciones entre ambas partes en Abu Dabi. Sin embargo, el único resultado concreto ha sido el intercambio de prisioneros. Por el momento, no han logrado alcanzar un compromiso sobre el espinoso tema del territorio, pues Rusia ocupa cerca de un 20% de Ucrania y uno de sus pedidos es obtener el control total de la región oriental del Donbás.
En las rondas de negociaciones tampoco se llegó a un acuerdo respecto a la otra diferencia fundamental en el conflicto: la gestión de la central nuclear de Zaporiyia, ocupada por Moscú desde el año 2022. “Los temas complicados se mantienen complicados. Ucrania confirmó una vez más sus posiciones sobre el tema del Donbás. En nuestra opinión, ‘estamos donde estamos’ es el más justo y fiable modelo para un alto el fuego hoy”, señaló el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky.
Ahora, la presión estadounidense fue explicada por el propio Zelensky, quien aseguró que Washington busca cerrar el conflicto en el corto plazo y ha intensificado los contactos diplomáticos con ese objetivo.
El presidente ucraniano afirmó que Estados Unidos quiere que la guerra termine “de aquí al inicio del verano boreal” [hasta junio] y reveló que la Casa Blanca propuso albergar una nueva ronda de conversaciones entre delegaciones de Ucrania y Rusia en territorio estadounidense en los próximos días.
El pasado viernes, Moscú y Kiev confirmaron que el martes 17 y miércoles 18 se llevarán a cabo una nueva ronda de negociaciones en Ginebra, Suiza, con Washington como mediador. Las conversaciones se producen en un contexto de combates continuos a lo largo de la línea del frente, de unos 1.250 kilómetros, de incesantes bombardeos rusos sobre zonas civiles de Ucrania y la red eléctrica del país, y de ataques ucranianos con drones de largo alcance casi a diario contra activos vinculados a Rusia.
Trump y las señales de desgaste
Para el internacionalista Francisco Belaunde Matossian, el supuesto plazo que Washington se estaría imponiendo para encaminar el fin de la guerra debe leerse con cautela. “Eso es lo que dice Zelensky. No ha habido una declaración oficial de Estados Unidos en ese sentido”, subraya, al relativizar el alcance real del anuncio del presidente ucraniano.
Belaunde considera, además, que incluso si ese horizonte temporal existiera, resulta poco realista pensar en un acuerdo de paz en tan pocos meses. “Es muy complicado que se pueda firmar una paz. Para Ucrania es prácticamente inaceptable reconocer la pérdida de su propio territorio, y del otro lado Rusia mantiene exigencias que Kiev no puede aceptar”, explica a El Comercio.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibió al presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, en su residencia de Mar-a-Lago en Palm Beach, Florida, el 28 de diciembre de 2025. (Foto de Jim WATSON / AFP).
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En ese contexto, Belaunde interpreta la presión por acelerar una salida más como un cálculo político interno en Estados Unidos que como el resultado de avances concretos en la negociación. “Mucho de esto tiene que ver con la política interna estadounidense, en especial con las elecciones legislativas de noviembre”, afirma.
El especialista recuerda que Trump prometió durante la campaña terminar la guerra en 24 horas, incluso antes de asumir la presidencia, una promesa que quedó lejos de cumplirse. “Ese incumplimiento afecta su credibilidad y su imagen como supuesto mediador de paz”, apunta, en momentos en que la popularidad del mandatario muestra señales de desgaste.
Sin embargo, Belaunde advierte que el costo político de Ucrania para Trump no es hoy determinante. “La pérdida de apoyo tiene más que ver con la economía, el aumento de precios, el activismo militar y las políticas migratorias internas. El tema ucraniano suma, pero no es el factor principal”, concluye.
Los antecedentes tampoco juegan a favor del optimismo. Desde su regreso a la Casa Blanca, Trump ha mantenido varios contactos y reuniones con Vladimir Putin con el objetivo declarado de explorar una salida al conflicto, pero ninguno de esos acercamientos se ha traducido en avances concretos. Hasta ahora, los canales abiertos entre Washington y Moscú no han logrado modificar las posiciones de fondo del Kremlin ni acercar un acuerdo duradero.
Belaunde sostiene que uno de los principales obstáculos para una salida rápida al conflicto es la lectura que hace el Kremlin del paso del tiempo. “Putin cree que puede ganar la guerra”, afirma, una convicción que reduce de manera drástica los incentivos de Moscú para aceptar un acuerdo en el corto plazo.
Según el analista, Rusia cuenta con ventajas estructurales frente a Ucrania, como una mayor disponibilidad de recursos y una mayor capacidad de movilización, aunque los avances en el terreno han sido lentos y costosos. Ese desgaste, advierte, comienza a sentirse en la economía rusa.














